Juan Pablo Cerini
El presidente Javier Milei repite desde hace meses una frase desagradable: "La gente no odia lo suficiente a los periodistas". Más allá del rechazo a esas formas, la expresión me dejó pensando en otra dirección. Al ver la reacción o más bien la indiferencia de gran parte de la dirigencia y de la sociedad ante los intentos de ordenar las cuentas públicas, la conclusión es casi inevitable: la gente no odia lo suficiente al déficit fiscal.
Y esto es especialmente relevante en Entre Ríos, donde la Legislatura empieza a discutir una reforma de las jubilaciones. La Caja de Jubilaciones está en el corazón del déficit fiscal provincial. Es el debate más urgente y más postergado, el que define si Entre Ríos tiene futuro.
Por momentos me pregunto si está bien esperar que los más jóvenes sean protagonistas en la discusión sobre las jubilaciones. Pienso que son los principales interesados. Los paupérrimos ingresos de los jubilados actuales, las edades de retiro y los regímenes especiales merecen ser revisados a la luz de la equidad intergeneracional, que es el pilar de la sostenibilidad. Es decir, que las próximas generaciones puedan estar al menos al menos igual o en lo posible mejor que las actuales en lo que respecta a los aportes y beneficios de la seguridad social.
Si no nos involucramos todos en esta discusión —fundamentalmente los jóvenes—, el colapso está cantado.
Desde finales de 2023, el gobierno nacional y el gobierno provincial comparten el objetivo de eliminar el déficit fiscal. Pero parece que, como sociedad, no lo valoramos. O peor, lo valoramos cuando la intención de ajustar es teórica, pero nos oponemos cuando el recorte afecta los derechos, privilegios o ingresos de nuestro propio sector.
A todos nos encantaría revertir el déficit aumentando los ingresos. Sería el equivalente a que una empresa deje de perder plata porque apareció, sorpresivamente, un cliente que le compra su producto más rentable sin aumentar un solo costo. Eso no pasa nunca.
La forma tradicional de dejar de perder plata en un emprendimiento es ser más eficientes. Nos encanta la palabra, pero qué difícil es aplicarla. Implica privarse de algo. Implica elegir qué cosas ya no.
Pero el problema de la Caja de Jubilaciones no es de ineficiencia administrativa, sino estructural: la relación matemática entre los activos que aportan y los pasivos que cobran está quebrada. No hay administración eficiente que la salve, en un escenario donde la expectativa de vida aumenta y la base de empleo privado que aporta está estancada. Por eso, la meta de erradicar el déficit de la provincia es una mentira si omitimos el sinceramiento del sistema previsional. El déficit de la Caja Jubilatoria es el principal lastre de Entre Ríos.
Necesitamos diseñar un sistema que prevea, incluso en un escenario pesimista de recaudación para los próximos años, la sostenibilidad en el largo plazo. Si ese norte no está fijado desde el comienzo, el enorme desgaste social que significa discutir algo tan sensible habrá sido en vano. Si fallamos, en unos años volveremos a estar exactamente en el mismo lugar, porque las tendencias demográficas que hoy jaquean a la Caja —vivimos más años y la base de aportantes privados no crece— solo se van a profundizar.
La discusión es tan trascendente que resulta inevitable darla. La reforma que se empieza a debatir en las Cámaras, no puede ser un parche para que el déficit deje de agrandarse; tiene que permitirnos consensuar una solución definitiva. O al menos ser el inicio de un proceso de modificaciones periódicas que le de adaptabilidad al sistema. ¿Odiamos lo suficiente el hecho de gastar más de lo que nos entra como para bancarnos una conversación social madura que nos ponga en un lugar sostenible? De la respuesta a esa pregunta depende el futuro de Entre Ríos.
(*) Es abogado e integrante del Directorio de El Hinojo SA.





