Entre Ríos puede complementar el nuevo esquema con un programa de shock de empleo.
José Alberto Jozami
La reciente reforma laboral introduce herramientas modernas y un nuevo esquema de cese laboral. Es un avance relevante en materia normativa. Sin embargo, su diseño no necesariamente resuelve el principal obstáculo que enfrentan las microempresas y los trabajadores independientes que desean dar el paso hacia su primer empleado formal.
Ahí es donde aparece una oportunidad provincial.
El empleo de impacto masivo en provincias como la nuestra no depende solo de las grandes empresas. Depende, sobre todo, del microemprendedor que decide incorporar su primer trabajador.
En el comerciante que trabaja solo. En el taller familiar que nunca tomó personal. En el cuentapropista que no formaliza. En el fletero que no incorpora un ayudante. En el emprendimiento que todavía no existe porque el riesgo es demasiado alto.
El temor no es el salario mensual. Es el costo de salida. Es el “¿y si no funciona?”.
Entre Ríos podría implementar un programa simple y focalizado: cubrir el 2,5% correspondiente al Fondo de Cese Laboral para el primer empleado de microempresas o nuevos emprendimientos formales.
No para todos. No sin límites. No indefinidamente.
Un programa experimental de 1.000 empleos, con cupo cerrado y una ventana de inscripción de seis meses. Solo quienes incorporen su primer trabajador dentro de ese período accederán al beneficio. Quien no lo haga en ese plazo, queda fuera.
Esa limitación temporal es el corazón del shock. La ventana acotada obliga a decidir ahora.
El programa podría iniciarse, por ejemplo, el 1° de julio, ordenando el primer semestre fiscal y lanzando la medida en una etapa más estable del año.
No implicaría aumentar el presupuesto. La provincia ya destina recursos a programas de empleo y apoyo productivo de bajo impacto. Redireccionar parte de esas partidas hacia un mecanismo medible y auditable permitiría generar 1.000 empleos formales reales.
No se trata de crear una nueva estructura ni de expandir el Estado. Es un programa propio, quirúrgico y focalizado, con costos estimables y efecto visible. Una experiencia piloto acotada, evaluable y reversible, que permite actuar como laboratorio provincial complementario a la reforma nacional, sin generar dependencia permanente ni compromisos fiscales indefinidos.
Cada nuevo empleo tributa, dinamiza consumo y amplía la base económica. Parte del esfuerzo inicial retorna por vía fiscal y por la reducción de informalidad.
Si funciona, puede ampliarse. Si no funciona, se cierra.
La reforma abrió un nuevo escenario. La posibilidad de transformarlo en una experiencia piloto concreta depende ahora de una decisión provincial.
(*) José Alberto Jozami es expresidente de la Corporación para el Desarrollo de Paraná (Codepa).






