Una postal clásica del centro de Paraná empieza a despedirse. La heladería San Remo, con más de 45 años de historia en la ciudad, anunció el cierre de su local histórico, empujada por una combinación de caída del consumo y dificultades económicas que se arrastran desde hace años.
La decisión, según explicaron desde el propio comercio, no fue repentina ni aislada, sino el resultado de un proceso prolongado de deterioro en la actividad. La pandemia, lejos de ser el punto de quiebre, aparece en el relato como un momento de alivio transitorio dentro de una tendencia que luego volvió a profundizarse.
En diálogo Radio Plaza, Lina Striger, una de las responsables del negocio explicó el contexto que llevó al cierre: “Desde antes de pandemia la cosa venía más o menos mal… después de pandemia se frenó todo. La situación económica no prospera y la gente, si no tiene plata, no puede comprar un helado, por más que quiera”. La frase sintetiza una realidad que atraviesa a buena parte del sector gastronómico y comercial.
Una historia de más de cuatro décadas
San Remo abrió sus puertas en septiembre de 1979 en la misma esquina donde funcionó hasta hoy. El emprendimiento fue iniciado por el padre de la actual titular, en sus comienzos con helado traído desde Santa Fe, hasta que con el tiempo lograron incorporar maquinaria propia y consolidar la producción local.
A lo largo de los años, el negocio atravesó distintas etapas de crecimiento, reformas y momentos de alta demanda, consolidándose como un punto de referencia en la ciudad. Incluso en contextos adversos, la expectativa siempre fue sostener la actividad y proyectar su continuidad.
“Todo lo bueno y lo malo que ha tenido San Remo ha sido gracias al trabajo de la familia y de los empleados”, señaló la responsable, destacando el carácter familiar del emprendimiento y el compromiso del equipo de trabajo.
El impacto de la crisis en el consumo
El cierre también expone un fenómeno más amplio: la retracción del consumo en rubros considerados no esenciales. En ese escenario, productos como el helado quedan directamente atados al ingreso disponible de las familias.
“La gente, si no tiene plata, no puede comprar un helado”, insistió, marcando con crudeza el límite que impone la coyuntura económica. A pesar de intentos por sostener el negocio con distintas estrategias, la falta de recuperación terminó inclinando la balanza hacia una decisión definitiva.
El local contaba con tres empleados, y si bien la fábrica continuará funcionando, el cierre del punto de venta implica un cambio significativo en la estructura del emprendimiento.
Una decisión inesperada y dolorosa
Desde la conducción del negocio reconocieron que nunca imaginaron tener que cerrar las puertas del local. La idea, incluso, era proyectar una continuidad a futuro, ya sea a través de la familia o de los propios trabajadores.
“No, realmente no pensamos que íbamos a tener que cerrar”, admitió, y explicó que se evaluaban alternativas como el traspaso de la gestión. Sin embargo, la persistencia de las dificultades económicas dejó sin margen esas posibilidades.
La decisión, remarcan, fue tomada como una medida “lo más sana posible” dentro de un contexto adverso.
Tristeza y reconfiguración
El cierre deja una carga emocional evidente. No solo por la pérdida de un espacio comercial, sino por lo que representa en la memoria colectiva de la ciudad.
“Es tristeza, por lo que significó San Remo en la ciudad… pero también es un baño de realidad”, expresó. En esa tensión entre lo simbólico y lo económico se resume el impacto de una decisión que excede lo empresarial.
Con la fábrica aún en funcionamiento, el desafío ahora será reconfigurar el proyecto para intentar sostener la actividad en otro formato. En un contexto incierto, la historia de San Remo se reescribe, ya no desde su histórica esquina, sino desde la necesidad de adaptarse a un escenario económico que sigue condicionando al comercio local.






