Por Jorge Daneri, especial para ANÁLISIS DIGITAL
El radicalismo no puede ignorar que por alianzas recientes y parecidas, con (Domingo) Cavallo o presentar a un economista peronista de candidato a Presidente, ahora olvidar la historia, no interpretar, no comprender lecciones que deberían estar aprendidas.
El mejor regalo ideológico al oficialismo es sellar una alianza con la derecha. Unen es, o fue una esperanza, de allí podía salir un proyecto de centro izquierda posible, debía ser un amplio camino con una diversidad interesante y cercana a la Unión Sudamericana, a la tercera internacional socialista o incluso a la social democracia con matices de Verdes.
La realidad política más patética se está librando en estas horas, un retroceso al mejor estilo de influencias del Norte desde alguna Embajada que como el gobierno, ve enemigos y amigos, y no respeta las identidades y construcciones propias y menos de proyectos en marcha de unidades nacionales latinoamericanas, que no son propiedad de los K ni de Chaves, mucho menos.
El radicalismo no puede volver a equivocar. No es ya una cuestión partidaria, es una necesidad nacional, refundar el espíritu de Unen y más allá de las lamentables decisiones de (Elisa) Carrió y algunos presidenciables radicales que no le llegan ni a los talones a Raúl Alfonsín o Arturo Illia.
En estas horas se debería escuchar más al socialismo en su diversidad, a los sectores que Fernando Pino Solanas representa, a la propia Margarita Stolbizer.
La política y su sustentabilidad democrática se garantiza con partidos que conformen juventudes políticas con ideologías, con sueños posibles, con alianzas o coaliciones comprensibles, no con proceso maquiavélicos que nos llevan a la desaparición lamentable de un Partido que si algo le ha dejado a la República, son sus valores vitales.
Elisa Carrió está convencida que, como Nelson Mandela y Lula, la única manera de llegar al poder es con una alianza con la Derecha. Fue una discusión enorme que destruyó la construcción política del ARI y la Coalición Cívica en Entre Ríos.
El problema que Mauricio Macri no es ni uno ni el otro. Es su antítesis. El otro problema, es que no tenemos un nuevo Raúl Alfonsín. Reconocerlo implica una alianza de una fortaleza enorme en la diversidad y la coherencia de sus identidades ideológicas. Si la Alianza Frepaso UCR fracasó, ahora una Alianza con la Derecha sería el mejor regalo para los que desde el oficialismo y su diversidad de relatos atractivos y otros silenciados en los negocios y la corrupción, están vaciando la política de contenidos y debate. Y no se puede caer en semejante trampa y sellar por años la destrucción ideológica de la Argentina, lo que sí, sería un gigantesco vacío.
Juan Carlos Lucio Godoy tiene algunas razones, Rodolfo Parente -un hombre del Radicalismo que la Provincia necesita y tanto- otras. Es relevante que Entre Ríos no sea la cuna de una vergüenza para la historia del viejo Partido y sus hombres coherentes.
Si Rubén Ghiggi, Carlos Perete, Sergio Montiel, Luis Agustin Brasesco, Arturo Ilia y Raúl Alfonsín advirtieran la proximidad de este debate absurdo y más aún en semejante contexto global, ni el debate en sí existiría, porque darlo es ya una enorme contradicción, es como decíamos en aquella juventud radical, es ser parte de “la contradicción fundamental”.
El radicalismo puede ser constructor de alianzas diversas, pero no puede ser parte del Régimen, lucha que fue su razón de existir y la mística de sus honorables logros.
Si la Convención de la UCR aprueba esta alianza, la Argentina ingresa a un escenario donde la oposición se desdibuja de tal manera, que como Susana Viau enseña en su último libro, será, con esa decisión, funcional para que el oficialismo pase definitivamente la frontera hacia un “autoritarismo competitivo” y así la Democracia Argentina ingrese a los peores escenarios, como los que hoy vive, tan lamentablemente, Venezuela.