“Gustavo Rivas me jodió muchísimo la vida, es un ser carente de alma”, afirmó Joaquín Otero, víctima de los abusos del abogado

En declaraciones realizadas al programa A Quien Corresponda (Radio De la Plaza) Otero describió que “después de todo lo que costó, recibir el cachetazo de este Tribunal, que empezó de una manera que me emocionó pero que luego en la parte de la resolución fue darme cuenta que caímos de vuelta en lo mismo, otra vez en un sufrimiento que no merecíamos”. “Esperaba algo totalmente distinto, y estoy muy triste por lo que está pasando”, acotó.

Sobre lo vivido, afirmó: “Gustavo Rivas me jodió muchísimo la vida. Estaba entrando en la adolescencia cuando tuve la mala suerte de cruzarme en su vida” y también contó que “hubo varios factores” por los cuales decidió denunciar: “Cuando me encontré con la nota de la Revista ANALISIS, fue el disparador para que muchas víctimas podamos buscar justicia especialmente por nuestra dignidad; pero también fue muy importante el tema de mis hijos y de tantos chicos que pueden estar pasando por abusos en este momento. Rivas no es el único y fueron varias cosas que me motivaron a viajar a Nogoyá a hacer la denuncia, a arriesgarme lo que me arriesgué, a pasar todo lo que pasé, a revivir todo lo que reviví; haber perdido por este tema amigos, y siempre buscando justicia, tener un poco de paz con lo que me pasó en la adolescencia”. En ese marco, admitió: “Nunca esperé que un Tribunal diera tan mal ejemplo”.

Respecto de esa pérdida de amigos, analizó que “es muy difícil entender lo que pasó; lo único que busqué fue mi dignidad y tener un poco de paz con este tema. Mi vida ha seguido adelante, estas son cosas que se llevan en la vida pero siempre están dentro de uno, y en busca de eso fui con la verdad pero no todo el mundo lo entiende”.

Advirtió que “la sociedad de Gualeguaychú es muy especial, y está esa vergüenza absurda, la cual nos llevó a tener que ir (al juicio) como protegidos, como si yo me tuviera que proteger de algo o tuviera que tener vergüenza, pero si la sociedad y los medios hubieran estado presentes en el juicio oral y hubieran escuchado lo que este monstruo hizo con los chicos, sería diferente”. “Somos menos del uno por ciento los que estamos representados en el juicio, son miles de criaturas a las cuales Gustavo Rivas les arruinó parte de su vida, les marcó su vida, y que hoy serían personas distintas a lo que son; hubiésemos sido distintos si Gustavo Rivas no se hubiera cruzado en nuestras vidas”, reflexionó.

Cuestionó que “el hecho de haber ido como protegidos y que la sociedad no haya podido tener acceso a las barbaridades y atrocidades que hizo Gustavo Rivas, benefició a este Tribunal” y se preguntó: “Que no hayan tomado lo que hizo como un maltrato a los derechos humanos, que más humano que la inocencia de un niño”. “Me duele muchísimo lo que ha hecho este Tribunal. Al ver que era presidido por una mujer que tiene una sensibilidad especial que el hombre no tiene, yo me sentí hasta más tranquilo, y ahora todo defrauda, es un mal ejemplo para la sociedad”.

“Pensé en mis hijos, pensé en la cantidad de chicos que son abusados hoy y que esto podría servir para que esos abusadores que están en Gualeguaychú, en cualquier parte de Entre Ríos o del país se frenen, den paso hacia atrás después de esto y sepan lo que puede pasar. Pero el resultado fue totalmente distinto y creo que en una segunda instancia la Justicia de Entre Ríos puede dar un paso adelante y remendar lo que ha hecho este Tribunal, que ha sido vergonzoso”, refirió.

Recuerdos del dolor

Rememoró que la primera vez que fue a la casa de Rivas “tenía entre 13 y 14 años”. “Estaba en primero o segundo año de la secundaria e íbamos los fines de semana, viernes o sábados antes de salir a bailar, y lo hicimos hasta los 16 años aproximadamente”, recordó.

En ese marco, admitió que pudo tomar “real conciencia” de que lo sucedido eran abusos “pasados los 20, 21 años cuando me fui de Gualeguaychú; cuando empecé a ser un adulto y terminé de darme cuenta de todo lo que había pasado cuando tuve mi primer hijo, que esas imágenes volvían, que volvía lo que había pasado”. “Hoy mi hijo más grande tiene apenas dos años menos de los que yo tenía en ese momento y para mí sería inimaginable que mi hijo vea y viva lo que yo viví con este tipo”, sentenció.

Contó que “lo peor que viví fue ver imágenes muy perturbadoras de Rivas con menores de edad, delante nuestro haciendo exhibicionismo, manoseos y otras cosas peores que prefiero no decirlas”.

Por otra parte, sostuvo que Rivas no intentó comunicarse a lo largo de los años “porque creo que sabía que lo mío era totalmente indeclinable, pero sí con amigos míos”.

En ese contexto, denunció que “Rivas intentó presionar a los testigos todo el tiempo, fue un escándalo, pero el hecho de estar todos protegidos generó que este Tribunal tenga cierta impunidad. Rivas debería haber quedado preso porque hizo barbaridades que la gente no sabe por esa protección que le fue servil al Tribunal y a Rivas. La sociedad no sabe cómo fue este juicio”.

Dijo asimismo que lo vivido con Rivas “influyó muchísimo en mi decisión de irme en 1999 o 2000, y nunca pensé en volver. Vuelvo a ver familias y amigos pero es un lugar al que no podría volver. Una vez que me fui no volví nunca más y lo de Rivas influyó mucho porque la adolescencia te marca para siempre”.

En tanto, contó que “la nota de la Revista ANALISIS fue un disparador no solo para mí; jamás había podido hablar este tema con nadie, ni siquiera con mi pareja, lo hice en ese momento y tardé unos días más hasta que denuncié. La nota fue el puntapié para todo, ayudó a muchas víctimas a que podamos buscar dignidad, a decir la verdad, que lo podamos hablar con nuestras parejas y familias”.

Sobre la figura de Rivas, Otero aseguró que “fue bastante shockeante y dolió un poco que el que esperaba ver a un Rivas de edad avanzada, disminuido en su forma de pensar o expresarse, se equivocó. Vi el mismo Rivas que conocí cuando era adolescente, con el mismo poder, que también es algo que le corresponde al trabajo de este Tribunal. El mismo Rivas dijo: Si intentaban doblegarme, no lo consiguieron y obviamente es difícil doblegar a un monstruo que abusó de miles de chicos, es un ser carente de alma; pero vi al mismo tipo con el mismo poder de hace 20 o 30 años atrás, y en eso bastante tiene que ver la Justicia”.

“No sé si con el nivel de monstruosidad de lo que ha hecho Rivas, pero seguramente hay miles de Rivas dando vueltas, por eso también era importante tener un fallo justo para las víctimas”, advirtió.

“Alguna vez hace muchísimos años intentó contactarse conmigo vía una red social, pero fue un saludo y nada más, pero no fue lo mismo con mi grupo de amigos que quedaron en Gualeguaychú, no tenía vínculos de amigos pero sí de hablarse o saludarse. Conmigo jamás porque nunca tuve la más mínima intención de tener un vínculo con esta persona”, reseñó.

En tal sentido, consideró que “el no sentirse víctimas es debido al qué dirán; pero además, la mayoría lo tomó lamentablemente como que era normal, que estaba bien que un tipo de esa edad abusara de chicos. Lo veían normal, no porque sean malas personas, sino que son formas de ver la vida, piensan como la sociedad de Gualeguaychú”.

Remarcó que “lo de Rivas pasaba a media cuadra de la Jefatura de Policía, con dos policías parados en la puerta, pasaba a una cuadra de Tribunales. Pasaba ahí durante muchísimos años. Cualquier persona mayor de 30 años, sabe quién es Gustavo Rivas, este Tribunal sabe quién es Gustavo Rivas, todos saben quién es Gustavo Rivas”.

El mensaje

Consultado por cuál es el mensaje para otras víctimas, Otero dijo que “siempre hay que buscar la verdad y tener dignidad. Les daría siempre un mensaje esperanzador, de buscar ayuda, de hablar; pero el problema es cuando son niños, que no pueden hablar y tardan mucho tiempo en poder hablar sobre un tema así”.

“El tema es la Justicia, es ver qué hace por los chicos que hoy están pasando por esto y lo que ha hecho ha sido un espanto. Dice que si tenés 70 años, podés hacer lo que quieras y el mensaje es horrible. Nos acariciaron el lomo en el comienzo del fallo diciendo que está todo absolutamente probado, pero después absolverlo porque en teoría teníamos un tiempo para denunciarlo, y que los tiempos de uno no cuentan. Fue lamentable”, concluyó.

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