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En Paraná, JAF confirmó que su oficio sigue intacto

JAF brindó una ceremonia de blues y rock en el Teatro 3 de Febrero.

En una noche atravesada por la mística del blues y el pulso íntimo del rock, JAF se presentó este sábado en el Teatro 3 de Febrero de Paraná y ofreció un show que combinó potencia, cercanía y emoción, en el marco de una gira nacional que tuvo como paso previo Mendoza, según contó.

Con la voz intacta que lo consagró en los 80, el recital abrió con “Salida de Emergencia”, marcando desde el inicio un clima eléctrico que rápidamente encontró continuidad con “El doctor” y “Desconectado”. Sin pausas, el guitarrista sostuvo un set sólido, apoyado en una banda conformada por Hugo Mence, en el bajo; Ricardo Alonso, en la batería; y su hija Virginia Ferreyra, en guitarra y voz, que acompañó con precisión cada matiz de la noche.

Uno de los momentos más celebrados llegó cuando, tras presentar a sus músicos, encendió definitivamente la platea con “Mis zapatos de blues”. El público respondió moviéndose en las butacas y coreando las estrofas, en una comunión que fue creciendo tema a tema.

También hubo espacio para los clásicos más emotivos: “Todo mi amor” y “Maravillosa esta noche” fueron coreadas de principio a fin por el público, en un clima de complicidad que recordó los años 90.

En una pausa entre canciones, el músico se permitió un momento de reflexión que aportó una dimensión más íntima al recital. “A medida que pasa el tiempo, mi tiempo terreno, voy observando hacia atrás las cosas que han pasado y me han marcado en lo social”, compartió. Y evocó una anécdota de comienzos de los 90: “En el ‘90-‘91 las damas me tiraban cosas… un día algo me pega en la pierna y era un autito, ahí entendí que mis fanáticos ya venían con sus hijos y que mis shows tenían que ser familiares”, expresó Juan Antonio.

La historia no solo despertó sonrisas, sino que reforzó una idea que atravesó toda la noche, el paso del tiempo y la permanencia del vínculo con su público. “Me siento súper honrado cuando vienen los chicos, de poder entregar una posta”, afirmó, en una frase que condensó el sentido generacional que tomó el encuentro.

Ese espíritu se materializó también en un gesto concreto, en pleno show, JAF se acercó a uno de los palcos para saludar a Sofía, una niña de apenas un año y medio que asistía junto a su mamá. “Es una reunión familiar”, dijo, antes de regalarle una púa, en una escena cargada de simbolismo.

JAF y su full band, en Paraná. 

El repertorio también incluyó un guiño a su presente discográfico. De su último trabajo, Nocivo, interpretó “Llegar al sol”, en una versión especial que sumó coros de su hija, Virginia Ferreyra.

Ya sobre el final, al comenzar a despedirse, el músico dejó un deseo que conectó con la memoria rockera de la región, y expresó que le gustaría que vuelva el Motoencuentro de Diamante y poder tocar nuevamente allí.

El cierre tuvo un fuerte tono simbólico, JAF le cedió el micrófono a su hija, quien recibió el aplauso de la concurrencia, coronando una noche atravesada por la idea de legado.

Luego del show, el músico se despidió en el hall del Teatro, donde firmó autógrafos y se sacó fotos con el público, reforzando esa cercanía que lo caracteriza y agradeciendo la presencia de los asistentes.

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