El tiempo del encuentro en Saltimbanquis

Gurisada y teatro

Edición
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Por G.G.d.R.

La Sala Saltimbanquis volvió a llenarse de risas, familias y escenas compartidas con el inicio de una nueva edición del ciclo Gurisada y Teatro, que transita su sexta temporada en Paraná como una propuesta pensada para las infancias.

El fin de semana inaugural reunió público en ambas jornadas y marcó el regreso de un ciclo que, año tras año, insiste en sostener el encuentro entre niñas, niños y teatro en vivo.

El comienzo no aparece como un hecho aislado, sino como la continuidad de una práctica que se repite y se ajusta con cada edición. “Estamos muy contentos con este comienzo, lo vivimos con mucha emoción”, expresa a ANÁLISIS José Vicentín, director teatral y responsable de la sala.

“Nos encontramos con la sala llena, de niños, de niñas, de familias, compartiendo una experiencia teatral que es viva, cercana y colectiva”, describe.

En tiempos donde gran parte del entretenimiento se consume de manera individual y mediado por pantallas, la escena en vivo recupera otra densidad. “Encontrar en la sala el respirar la misma historia, reír juntos y dejarnos sorprender adquiere un valor enorme”, destaca.

Para Saltimbanquis, el ciclo es una forma de sostener una idea de teatro. “Significa reafirmar una convicción: que las infancias merecen acceder a propuestas de calidad y encontrarse tempranamente con el teatro”, considera Vicentín.

La apertura estuvo a cargo de Montoto y Magoya, un espectáculo con más de dos décadas de recorrido que nació en el ámbito escolar, ligado a campañas de salud bucal, y que con el tiempo encontró en el teatro su forma más estable de circulación.

“Nos sentimos parte de Saltimbanquis, integramos el colectivo artístico y muchas de nuestras actividades las desarrollamos en ese espacio”, expresa Verónica Sphan.

En el teatro independiente, la sala no es solo un espacio físico: es pertenencia, red, comunidad. Abrir el ciclo también implica ese entramado.

Montoto y Magoya salvando sonrisas tiene una historia de más de 20 años”, menciona Sphan. La obra circula por escuelas, plazas, centros de salud y salas, adaptándose a distintos contextos. “El teatro tiene esa magia que permite abordar distintas temáticas de manera entretenida y contundente”, dice.

En tanto, Leandro Bogado, quien interpreta a Montoto, vuelve sobre el vínculo con el público infantil, al que define como un termómetro permanente. “Es un público muy sincero, todo lo que suceda con su atención y sus emociones va a ser siempre transparente”, señala.

Esa transparencia sostiene también la búsqueda artística. “Pese a tanta tecnología y tanta inteligencia artificial, el teatro sigue siendo posibilitador de asombro”, considera.

En ese marco, la sala aparece como un espacio de sostén cotidiano. “Es nuestra trinchera, la posibilidad de resistir con una sonrisa”, comenta Bogado.

El ciclo

El ciclo cumple seis ediciones y se realiza en junio, un mes de menor circulación para el teatro infantil. La decisión responde a una necesidad concreta: sostener la continuidad del trabajo y ampliar los públicos.

“Elegimos hacerlo a la gorra, porque somos conscientes del momento que vivimos”, remarca Vicentín. La modalidad permite el acceso libre y sostiene el proyecto en un contexto económico complejo.

Ese esquema se apoya además en acompañamientos institucionales. Este año, el ciclo cuenta con el apoyo del Consejo Provincial del Teatro Independiente (Contier), clave para la llegada de grupos y la programación de funciones.

Construir públicos no se reduce a sumar espectadores: implica tiempo, repetición y regreso. “El público infantil es un público necesario para el teatro, porque ahí están los nuevos públicos”, sostiene Sphan.

 

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