Vidas y obras

La continuidad interrumpida del premio Fray Mocho

Edición
1171

En los 58 años que transcurrieron desde la creación del premio literario Fray Mocho, el certamen pasó por cambios en las convocatorias, censuras a los llamados, hasta llegar a una legalización llevada adelante por un grupo de autores que lucharon por un ideal: que en Entre Ríos cualquiera pueda jubilarse como escritor.

Por Ferny Kosiak

Hace dos meses hablamos en esta columna sobre quién fue Fray Mocho y rescatamos la hipótesis de por qué le pusieron su nombre autoral al mayor certamen literario de Entre Ríos. Dijimos que, si bien él escribió cuentos y novelas, en estos textos y en los periodísticos podían encontrarse los rasgos del ensayo, la construcción perfecta de diálogos casi teatrales y el lirismo de la poesía. Quizás esa haya sido la razón para que un certamen que premia la escritura en los géneros literarios de teatro, poesía, cuento, novela y ensayo se llame así. Quizás, también, por lo que sintetizó Luis Alberto Ruiz: Fray Mocho fue seguramente el primer caso de escritor entrerriano para quien la literatura fue una vocación profesional.

La historia de este concurso tiene dos partes muy diferenciadas: los inicios, con una serie de problemas que iban desde lo formal hasta la censura; y la institucionalización, que se dará casi veinte años después. Veamos.

 

Los inicios

El Premio Fray Mocho fue creado por la Dirección de Cultura de Entre Ríos, siendo director el señor Rodolfo Coll, mediante Resolución Nº 26 del 13 de junio, día del escritor, de 1967.

En 1968 se convocó el género ensayo con el tema: “Entre Ríos, sus aportes de avanzada a la grandeza nacional”. Se declaró desierto. En 1969 recién tendríamos nuestro primer galardonado: Ramón Luis Torres, en cuento. Ya con el primer libro publicado comienza un desfasaje de las fechas entre la convocatoria al premio y su posterior edición. La explicación es sencilla: en los primeros años se convocaba durante el año en curso, pero a partir de 1974 se comenzó a hacerlo a año vencido. A fines de ese año se conocía al ganador y durante el año siguiente se editaba el libro. En algunos casos veremos que las obras nunca se publicaron o que se tardó años en hacerlo. Recién con la creación de la Editorial de Entre Ríos, en 1986, se normalizará (y no siempre) esta situación, pero siempre teniendo en cuenta esta salvedad con respecto a los años. En 1970 el género fue teatro y por única vez se premiaron obras de uno y tres actos, que ganaron Héctor Meirama y Emma Barrandéguy, respectivamente. En 1971, también por única vez, se premió en poesía la categoría de tema libre, que ganó María Luisa Cresta de Leguizamón, y un premio adjunto denominado “Al tema entrerriano”, otorgado a José María Díaz.

En 1973 la convocatoria “abreviada” fue en dos géneros: cuento, con tema libre, y ensayo con el tema (mucho más específico que el de la convocatoria desierta de 1968) “Manual de la literatura en prosa de Entre Ríos”, que ganaron Julio Pedrazzoli y Héctor Izaguirre con una obra homónima al tema. En un claro y enciclopédico posteo de Facebook que realizó Juan Manuel Alfaro, él cuenta que: En este caso y después de tres años del premio, los originales fueron retirados por sus autores. Algunas de sus partes se publicaron en diarios y revistas e integraron la Enciclopedia de Entre Ríos, publicada por Arozena Editores, bajo la dirección precisamente del profesor Julio Pedrazzoli.

En cuento la ganadora fue María Luisa Delfino (quien en los noventa tendría su célebre programaTe escucho) con Entre Baires-Ríos. Tanto este libro, como la novela ganadora en 1972,Las migajas de nuestramesa de Elba Raquel de los Santos, no fueron impresos hasta 1987, siendo los primeros Fray Mocho que publicó la Editorial de Entre Ríos. En una noticia publicada en La Voz del Interior de Córdoba el 10 de abril de 1987, el subsecretario de Cultura y Prensa de Entre Ríos, Mario Alarcón Muñiz, informó que la publicación de esos dos libros fue postergada por la dictadura militar, pero nosotros hemos encarado este acto de reparación, no solo a las respectivas autoras sino, a través de ellas, a todas las creadoras de nuestra tierra que sufrieron con intensidad ese periodo oscuro de nuestra historia reciente.

En 1974, Jorge Enrique Martí gana en poesía. En 1975, no se presenta ninguna novela. Entre 1976 y 1978 el llamado fue suspendido: la dictadura no premiaba el pensamiento creativo. Sin embargo, en mayo de 1978 se dan a conocer los ganadores del Premio Selección de Obras Éditas, un certamen provincial pensado desde una idea en las que resuena el relato de Manuel Puig cuando tuvo que abandonar el país tras recibir amenazas de la Triple A: Si algún funcionario de la municipalidad o el gobierno objetaba un libro, podía ser requisado por subversión, pornografía o lo que fuere y si el curso de la censura era favorable cuatro personas podían ir a la cárcel: el autor, el editor, el imprentero y el dueño de la librería donde el libro había sido vendido. Premiar obras éditas presuponía todo un sistema de filtrado ideológico cómodo para la cultura de ese momento del país.

 

(Más información en la edición gráfica de la revista ANALISIS, edición 1171, del día 11 de junio de 2026)

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