Al mal tiempo, Carnaval del País. Anoche 20 mil personas vivieron la magia de la celebración de la alegría.
La octava noche del Carnaval del País volvió a confirmar que en Gualeguaychú el arte no se suspende por amenaza de lluvia. Más de 20 mil personas colmaron el Corsódromo “José Luis Gestro” para vivir la segunda jornada del fin de semana largo, en una escena que combinó tensión climática, fervor popular y un espectáculo que, como cada verano, transforma la pasarela en el mayor teatro a cielo abierto de la Argentina.
La particularidad estuvo en la previa. Desde temprano, las miradas se dirigían al cielo. Los pronósticos no eran alentadores y la posibilidad de precipitaciones sobrevolaba la ciudad. Sin embargo, lejos de retraer al público, esa incertidumbre pareció intensificar el ritual. En las tribunas, en los accesos, en los alrededores del Corsódromo, los corazones latían junto al carnaval, pero los ojos pedían tregua al clima. Fue una espera cargada de ansiedad y deseo, casi un acto colectivo de fe y, finalmente, la noche respondió a favor de la celebración de la alegría.
A pesar de las amenazas meteorológicas, la octava jornada se desarrolló con normalidad y el público acompañó con un agradecimiento visible. Cada comparsa fue recibida con ovaciones sostenidas, como si el aplauso tuviera también algo de celebración por haber conjurado la lluvia. La escena fue potente: luces que rasgaban la oscuridad, plumas que vibraban bajo el cielo finalmente benigno y una pasarela convertida en un universo paralelo donde dialogan música, danza, escenografía, diseño y dramaturgia popular.
La Fiesta Nacional Carnaval del País, que desde esta edición ostenta oficialmente ese rango, sigue consolidándose como un fenómeno cultural de enorme magnitud. En esta octava noche -de once previstas- volvió a desplegarse la maquinaria creativa de cuatro comparsas que no sólo compiten por la copa 2026, sino que sostienen un nivel artístico que trasciende el resultado final.
La apertura estuvo a cargo de O’Bahía, del Club de Pescadores, con su propuesta “El pescador, el genio y las mil y una noches”. Desde el primer acorde, la comparsa dirigida por Adrián Butteri reafirmó la evolución narrativa que viene mostrando esta temporada. La historia se percibe más compacta, los cuadros mejor articulados y el uso del espacio más consciente. O’Bahía construye un relato que enlaza lo local con lo universal, apoyándose en una estética de impronta oriental donde el color y el brillo se integran con una batucada que sostiene el pulso dramático. En esta octava noche, su desfile fue envolvente, sin dispersión, demostrando que el crecimiento técnico no siempre implica sumar elementos, sino ordenarlos con mayor precisión.
En segundo lugar, desfiló Papelitos, del Club Juventud Unida, con “Vivos”. Si algo distingue a esta comparsa es su capacidad de transmitir energía contemporánea sin perder raíz carnavalera. Bajo la dirección de Juane Villagra, Papelitos volvió a exhibir una coreografía dinámica, con bloques mejor ensamblados y una lectura orgánica de la pasarela. La propuesta gana en coherencia noche tras noche: la música dialoga con el cuerpo de baile, el vestuario potencia la identidad visual y la narrativa encuentra un equilibrio entre intensidad y sensibilidad. “Vivos” no es sólo un concepto; es una declaración estética que conecta con el público desde la emoción directa.
El tercer turno fue para Ará Yeví, del Club Tiro Federal, que presentó “La resistencia”. La comparsa dirigida por Guillermo Carabajal aporta una densidad simbólica singular al campeonato. Su fortaleza reside en la conjunción de contenido y técnica. La sincronización coreográfica ha alcanzado un nivel notable; la iluminación y el uso del color refuerzan el mensaje sin necesidad de subrayados explícitos. En la octava noche, Ará Yeví mostró una versión afinada y profunda, donde cada cuadro parecía dialogar con el anterior en una progresión coherente. La resistencia que propone no es estridente: es firme, estética y cuidadosamente construida; y por eso está anotada desde la primera noche como una de las grandes candidatas.
El cierre fue para Marí Marí, del Club Central Entrerriano, con “Genios”. La comparsa rojinegra confirmó su oficio y su ambición artística. La propuesta equilibra tiempos y climas con inteligencia escénica. Las carrozas se integran con el cuerpo de baile sin imponerse, el vestuario mantiene una armonía cromática refinada y la coreografía alterna momentos de explosión con instancias de sutileza. Marí Marí apuesta a una estética donde el detalle es central, donde cada sección tiene función narrativa. En esta octava noche, su paso por la pasarela fue recibido con una ovación que reconoció tanto la belleza visual como la consistencia conceptual.
La paridad es uno de los rasgos más destacados de esta edición 2026. Ninguna comparsa ha logrado despegarse de manera definitiva. Cada una brilla en dimensiones distintas: O’Bahía en la claridad narrativa; Papelitos en la energía contemporánea; Ará Yeví en la solidez simbólica; Marí Marí en la precisión estética. Esa diversidad convierte al campeonato en un territorio abierto, donde cada noche puede inclinar la balanza.
Con más de 20 mil asistentes, la octava jornada reafirmó además el impacto cultural y turístico del Carnaval del País. El Corsódromo volvió a transformarse en un espacio de encuentro donde convergen tradición y espectáculo, identidad local y proyección nacional. El público no sólo observa: participa, canta, aplaude, se emociona. El carnaval es, ante todo, una experiencia colectiva.
Ahora, la mirada se dirige hacia la novena noche, programada para este lunes 16 de febrero a partir de las 21:30. Será el cierre del fin de semana largo y una instancia decisiva en la recta final del campeonato. Tras el desfile, la fiesta continuará con el After Billboard de Carnaval, que tendrá como protagonistas a “Los Tuka Tuka”, encargados de poner el broche musical a tres días de intensidad ininterrumpida. La fórmula ya se ha consolidado: el espectáculo no termina cuando la última comparsa abandona la pasarela; se prolonga en clave festiva, con música en vivo, cantina abierta y una atmósfera que invita a seguir celebrando.
En cuanto a los valores de acceso para la novena noche, la entrada general para no residentes tendrá un valor de 40.000 pesos. Los residentes del Departamento Gualeguaychú contarán con un beneficio especial y podrán adquirir su ingreso a 20.000 pesos. Además, ese lunes podrán acceder a cualquier ubicación VIP con un descuento de 15 mil pesos por ubicación, comprando el espacio para cuatro personas. La boletería permanecerá abierta desde las 9 de la mañana hasta el final del espectáculo, y también es posible adquirir tickets a través de la plataforma digital habilitada.
Pero el calendario no se detiene. Tras el cierre del feriado de Carnaval, la próxima cita será el viernes 20 de febrero, cuando el Corsódromo se transforme en escenario de la tradicional Fiesta de la Elección de la Reina. Esa noche se coronará a la soberana del Carnaval 2026, en una ceremonia que conjuga elegancia, emoción y continuidad histórica. Valentina Giménez, por Papelitos; Manuela Scorzelli, por Ará Yeví; Mary Ann Morrison, por Marí Marí; y Angie Félix, por O’Bahía, buscarán convertirse en la sucesora de Felicita Fouce, Reina 2025 del Carnaval del País.
Así, la octava noche dejó una certeza: ni la amenaza de lluvia puede opacar la fuerza de una comunidad que hace del carnaval su expresión más luminosa. Bajo un cielo que finalmente concedió tregua, más de 20 mil personas celebraron no sólo un espectáculo, sino una forma de entender el arte como construcción colectiva. El equipo de Prensa del Carnaval integrado Juan Gabriel Núñez Martínez y Laura Lopardo Fava, bajo la coordinación y dirección de por Diego Hilt Quiroz son un plus para la organización de la fiesta y el fortalecimiento de la imagen ciudad de Gualeguaychú. Ellos realizan una labor sin estridencias, pero sólida y contundente. Resuelven innumerables inconvenientes de una compleja cobertura periodística y lo hacen fortaleciendo el colectivo que implica el Carnaval. Así, mientras la ciudad se prepara para el cierre del feriado, el Corsódromo aguarda -otra vez- el instante en que las luces se enciendan y la pasarela vuelva a convertirse en territorio de magia.




