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A las nutricionistas de los comedores escolares, ¡salud!

Daniel Tirso Fiorotto

Las nutricionistas del estado provincial observaron que no es saludable tanta harina y tantos fritos en la alimentación de los niños, y sus consejos fueron malinterpretados. Como fueron puestas en un lugar incómodo por el debate que generaron unas tortas fritas, aquí saludamos su compromiso.

Con el conocimiento de la especialidad y la sensibilidad por la salud de la gurisada, además del estudio del estado nutricional de la población, propusieron mejores alimentos en las escuelas. Es decir: que los fondos, siempre insuficientes, vayan a las comidas más aconsejables. Excelente, por donde se mire. El pueblo, agradecido por su labor. 

Si la mitad de los niños de la Argentina sufre problemas de salud por sobrepeso y obesidad; si en el mundo se han cuadruplicado las tasas de sobrepeso, en solo treinta años, entonces las familias, las escuelas, los comedores, los estados, tenemos la obligación de llevar al extremo las medidas de prevención y cuidado. Para la salud, todos los días son patrios.

Los 25 de Mayo, los argentinos, y en especial los entrerrianos, acostumbramos comernos unos locros de la madre, y unas tortas fritas, como en los días de lluvia. Locro al mediodía, o en la cena, tortas fritas en la merienda. Qué delicia, y qué motivos de encuentro y festejo. Sin dudas, todo muy clásico y folklórico, de acá. Claro, ¿qué hacer en las escuelas? Siempre debe prevalecer el equilibrio y la moderación. Como decía Atahualpa Yupanqui y repetía Miguel Ángel Martínez, al pueblo hay que darle lo que merece, o sea: lo mejor. Y más cuando de la niñez se trata.

Dadas las costumbres, muchos pidieron tortas fritas al por mayor también en las escuelas para el 25. Vaya dilema. Hay como un juego en eso, y sabemos que la salud no es un juego.

Doble aplauso

Las nutricionistas han aclarado que no están en contra de la torta frita, no hacen del asunto un principio innegociable, pero se sostuvieron en sus trece, dado que no está permitida la elaboración de comidas fritas. (Circular número 5). Y con la certeza de que las escuelas pueden ofrecer alimentos más sanos, y desalentar las comidas que, si bien no hacen daño al toque, tienen sustitutos mejores. De eso se trata. He ahí el valor extraordinario de trabajadoras del estado, he ahí el estado cumpliendo un rol plausible. 

Las nutricionistas quieren bajar el consumo de fritos y facturas. Tienen sobrados argumentos. Les pedimos sugerencias, y las hacen. Alimentos de calidad, siempre, no a veces. Y con austeridad, claro, porque cualquiera sabe que, si no se cuida la moneda, los presupuestos se hacen incontrolables. Doble aplauso, pues, para las nutricionistas. No es un error pedir austeridad en todos los órdenes.Cumplieron con todo, pero debieron enfrentar acusaciones de vecinos quizá poco informados. El tema llegó a las pujas políticas, y fue aprovechado entonces, como es común, contra los adversarios de aquí y de allá, sin estudiar con mayor detenimiento el origen del consejo. 

Por supuesto: repartir la torta frita en la escuela, para que compartan docentes y estudiantes, es muy loable. No tanto para quienes conocen la problemática: en el sobrepeso, como en el alcohol, mejor no tentarnos. Pero hay un margen de discrecionalidad, y por eso debe comprenderse que las opciones son posibles. 

Si las nutricionistas optan por una de ellas, como serían los bizcochuelos al horno y hechos por los cocineros propios, es decir, caseros, no se están cagando en la patria: están cuidando la salud de la niñez. ¿Cómo llamaremos a quienes cuidan la salud de la niñez? Patriotas. Vale insistir: una torta frita no hace daño, pero tampoco está mal que, desde el estado, se promuevan otros aportes nutricionales, y que las profesionales no den el brazo a torcer ante el primer vientito, si sabemos que siempre hay excusas para salirnos de la línea. El 25 de Mayo, el 20 de Junio, el 9 de Julio, el Día del Maestro... Hay 400 excepciones posibles. 

Las madres, los padres, agradecidos con las nutricionistas, de corazón. Y les rogamos que sigan así, que no negocien la salud de los niños. Hemos visto en el jardín de nuestros nietos un cartel en la pared de la fachada con el menú del día. Un lujo. Así como podemos protestar cuando no se atiende un asunto importante, corresponde agradecer cuando sí se lo atiende. 

Días previos al 25 supimos de madres que protestaron porque los niños recibían tostadas con palta. Quizá las nutricionistas deban ser acompañadas por una mejor difusión, porque las familias cargamos con hábitos que la ciencia trata de reorientar, y por ahí se requiere información más precisa. Las tostadas con palta se pagan caro, hay que decirlo, y están muy aconsejadas. Con algunas variantes, las bruschettas. 

Para que las niñas y los niños encuentren un clima educativo adecuado se requiere una alimentación sana. Las nutricionistas estudian para eso, y aplican sus saberes con un plus de esfuerzo y creatividad y solidaridad, porque cualquiera sabe que los sueldos no son generosos, la burocracia es madre, los recursos son escasos. 

Más frutas, más verduras

Entonces entre las mujeres y los hombres de la nutrición y la cocina hacen verdaderos malabares en favor de nuestros hijos, nietos, vecinos, en favor de toda la gurisada entrerriana. Ojalá esos conocimientos fueran transmitidos a las familias, y viceversa, es decir: que hubiera más interconexión. Lo mejor sería, claro, que toda la niñez comiera en casa, en familia; y hay que decirlo porque hemos naturalizado que cientos de miles de niños deban alimentarse en la escuela. Pero los desafíos que nos impone la nutrición de la niñez son inmensos, y sería una pena que el tema entrara en tironeos menores. 

Por supuesto, el servicio del estado requiere siempre un control estricto porque el dinero que va para alimentar a los niños debe ser cuidado como un tesoro, y por distintos vicios sabemos que eso no siempre se cumple. Las nutricionistas no fueron comprendidas por funcionarios ni por sindicalistas. Los Montesco y los Capuleto se pusieron de acuerdo para desmerecer su tarea, y lo hicieron vivando a la patria. Imaginamos su desaliento. Debiéramos premiar a estas trabajadoras y estos trabajadores del estado, valorar sus aportes, sus esfuerzos, reunirlos para darles un reconocimiento explícito, acompañarlos ante las diatribas injustas, pedirles disculpas en algún caso, y escuchar de ellas y ellos otras sugerencias que sin dudas deben tener en carpeta, para el día que les presten atención.

Más frutas, más verduras, menos fritos en las escuelas. Que los escasos recursos mejoren, y que sean usados siempre con la salud como prioridad. De pie, entonces, para saludar a las patriotas de los bizcochuelos para el 25 de Mayo. Nutricionistas: ustedes cumplieron su función. Entre todos los participantes del debate entendemos que el equilibrio y la firmeza estuvo en ustedes. Debían optar, y optaron por algo muy razonable. A ustedes debemos acudir para mejorar nuestros hábitos alimenticios, y hoy tenemos más confianza. Eso no tiene precio.

Vendrá muy bien, en el futuro, su palabra para estar más atentos a la alimentación saludable que hará grande a la patria grande.

Hablemos, pues, de la comida; la comida en casa, en la escuela, en los hospitales; los ingredientes, la preparación, el control, los costos, el lugar donde nos sentamos a la mesa, el trabajo, los ingresos; los presupuestos, los alimentos sanos y cercanos, la huerta propia, la salud de la niñez. Hablemos sin tabúes, en este territorio con condiciones inapreciables, precisamente, para los alimentos.

(*) Periodista. Nota publicada en UNO.

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