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Del ejemplo de la Selección al mal ejemplo de la AFA: la Iglesia tiene “en capilla” a Claudio “Chiqui” Tapia

Claudio "Chiqui" Tapia.

Sergio Rubin

Los valores del equipo que dirige Lionel Scaloni deberían ser imitados por la sociedad en general y la dirigencia en particular. Sin embargo, la Asociación del Fútbol Argentino parece estar muy lejos del espíritu de los campeones del mundo.La obtención del campeonato mundial de fútbol en Qatar no sólo produjo una enorme alegría entre la gran mayoría de argentinos apasionados por el fútbol, sino que también el título motivó el legítimo orgullo por la forma en que sus artífices lo obtuvieron: con un excelente trabajo de equipo que posibilitó armonizar a sobresalientes jugadores, sumándose al gran amor por la camiseta, de la mano de un técnico en el que pocos creían, Lionel Scaloni.

Tras la elevación de la copa, los valores que el equipo puso en práctica fue destacado por no pocos de sus compatriotas como un ejemplo que la sociedad en general y su dirigencia en particular deberían imitar. Por lo pronto, porque si algo resulta evidente es que la Argentina cuenta -como contó a lo largo de su historia- con grandes individualidades, pero donde no se logra articularlas de tal modo que coadyuven a sacar al país adelante.

Las autoridades de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA), con Claudio “Chiqui” Tapia a la cabeza, se consideraron parte del éxito, aunque no está claro cuánto aportaron. En cambio, sí lo está que en estos años tuvieron un desempeño más que cuestionable que contrastó con las actitudes de la Selección. Incluso llegando a lastimar a campeones como Ángel Di María, de un equipo -Rosario Central- al que le inventó un campeonato.

En rigor, las críticas a autoridades de la AFA no son novedosas. Basta mencionar a quien la presidió durante 35 años: Julio Grondona. La actual conducción comenzó a gestarse tras un tremendo papelón en una elección en 2015 para determinar si la presidiría Luis Segura o Marcelo Tinelli que terminó empatada 38 a 38 cuando los votantes eran 75 y nunca se pudo saber de dónde surgió el voto restante.

El escándalo dio paso a una comisión normalizadora y le abrió el camino hacia la presidencia a Tapia, por entonces yerno de Hugo Moyano y al frente del club Barracas Central -que estaba en la B y en su gestión ascendió a la A-, ligado al gremio de Camioneros. Para ello se valió de la agrupación Ascenso Unido que él mismo había creado, obteniendo 40 votos a favor y tres en blanco en 2017.

Con el tiempo, la cercanía de Tapia al kirchnerismo comenzó a cristalizarse. A fines del año pasado, suscribió un convenio con el gobernador bonaerense, Axel Kicillof, para gestionar el Estadio Único de La Plata y tenerlo como sede de la Selección. Pero lo curioso es que hace un mes cambió el domicilio legal y administrativo de la AFA, pasando de la Ciudad a la provincia de Buenos Aires.

El traspaso de la histórica sede de la calle Viamonte a su predio de Ezeiza implica quedar bajo la jurisdicción del Poder Judicial y la Inspección General de Justicia de la Provincia que llegado el caso podrían ser más amigables. Pero el presidente de la IGJ porteña, Daniel Vítolo, contradijo a Tapia -quien afirmó que ya no estaban bajo su órbita- porque aún no hicieron la modificación.

Los sospechosos arbitrajes que benefician a Barracas Central -aunque no es el único vinculado a Tapia que es beneficiado- junto a una serie de decisiones sobre los partidos empezaron a generar críticas hacia la conducción de la AFA. Las fuertes réplicas en las redes de su tesorero y hombre fuerte de la institución, Pablo Toviggino, potenciaron las polémicas.

Pero la reciente invención del campeonato otorgado a Rosario Central por ser el equipo que más puntos sumó en el año potenció las críticas a Tapia. El hecho de que los jugadores de Estudiantes le dieran la espalda al equipo rosarino en el pasillo de homenaje y las consiguientes sanciones a ellos y al presidente del club, Juan Verón, dispuestas por la AFA, completaron el sainete.

En paralelo, saltó a los primeros planos una investigación judicial a una financiera por lavado de dinero y evasión fiscal, que se la vincula con Tapia. La empresa -de vertiginoso crecimiento en los últimos años- habría asistido económicamente a clubes en apuros como San Lorenzo y sponsoreó a otros como Banfield. Su dueño, Ariel Vallejo, suele decir: “Somos la billetera del fútbol”.

A su vez, el condimento político de todo este entramado fue creciendo. El Gobierno anunció esta semana que denunciará a la financiera también por lavado y evasión, mientras que Patricia Bullrich dijo que desde el Senado investigará “la transparencia” de la AFA y Javier Milei canceló su viaje a Miami para el sorteo del Mundial para no cruzarse con Tapia.

La AFA está enfrentada a la Iglesia católica por un proyecto de ley que tenía la media sanción de la Cámara de Diputados y que acaba de caer en el Senado por su falta de tratamiento, que regulaba las apuestas online. La mayor piedra de la discordia era el artículo que prohibía la publicidad de esta modalidad de juego en el ámbito deportivo.

En un plenario de comisiones en la cámara alta el mes pasado, representantes de la AFA dijeron que esa prohibición pondría en riesgo el financiamiento de los clubes y, por extensión, sus tareas sociales en beneficio de muchos jóvenes, mientras que el delegado eclesiástico le retrucó que no debían terminar favoreciendo la ludopatía.

Aunque el malestar de la Iglesia no es solo con la institución futbolística, sino también con los legisladores que dejaron caer el proyecto, el clero afirma que “el fin no justifica los medios” y señala que la AFA debe tener en cuenta el caso de la Fórmula Uno, donde se prohibía la publicidad de cigarrillos.

En las parroquias y escuelas católicas están muy preocupados por cómo se están expandiendo las apuestas online entre los menores, que provocan que se desnaturalice el deporte, entren en una carrera por ganar y demanden dinero. Lo más grave: que cada vez más menores caigan en la adicción al juego.

Pero también en la Iglesia hay preocupación por una plataforma de videojuegos en línea que está arrasando entre los menores de 6 y 16 años llamada Roblox, en la que no solo se puede jugar, sino también crear juegos y socializar, y que incluye compras a través de una moneda virtual: Robux.

En una última apelación a los senadores, la Pastoral Social les pedía días pasados “con la firmeza que nos reclama la gravedad de las consecuencias que ya estamos padeciendo socialmente, que traten este proyecto de ley con urgencia, por el bien de nuestros jóvenes y de sus familias”.

Pese a la disposición que le expresaron a los obispos muchos senadores, el proyecto ni siquiera llegó a ser debatido en el recinto, evidenciando una falta de sensibilidad frente a un problema acuciante que lleva a suponer que privilegiaron los intereses económicos en perjuicio de los chicos.

El “Chiqui” Tapia debe estar contento. Pero debería ser consciente de que con las apuestas online no sólo está poniendo en riesgo a muchos menores, sino causando otro daño más al fútbol, al reducirlo a un mero negocio y dejarlo virtualmente a merced de la influencia de las apuestas.

Todo tan lejos del espíritu de la selección campeona.

 

(*): publicado hoy en TN.  

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