Dura odisea de Fernando Carrera

Por Guillermo Alfieri

Nueva Pompeya es un barrio porteño, célebre porque lo menciona Homero Manzi en el tango Sur. El 25 de enero de 2005 fue escenario de trágico suceso. Un comercio fue asaltado a mano armada. La versión policial indicó que el maleante emprendió la fuga a bordo de automóvil Peugeot, disparando balazos a sus perseguidores. En ese trámite perdió el control del vehículo y atropelló a peatones. Provocó tres muertos, dos de ellos menores, y cuatro lesionados. El sujeto estaba mal herido. Se secuestraron elementos de prueba, pistola y casquillos.

Fernando Ariel Carrera sobrevivió, pese a los ocho impactos incrustados en su cuerpo. Su prontuario tenía hojas en blanco. Cuando pudo dio su versión. Andaba por Pompeya, en su coche, porque correteaba artículos para gomerías. Personas vestidas de civil en vehículos sin identificación especial, le hicieron señales intimidatorias. Pensó que querían atracarlo y trató de distanciarse. No tenía arma alguna. Un tiro le pegó en la mandíbula y se desvaneció. En ese caos, la tragedia. El arma y los casquillos hallados en su auto fueron “plantados”. No hubo testigo imparcial que lo reconociera como el asaltante y tirador competente.

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En 2007 lo condenaron a 30 años de prisión, por ser autor de: robo agravado por empleo de arma de guerra y homicidio culposo por manejo imprudente de automotor y cantidad de víctimas, en concurso real. La sentencia mereció amplia difusión en medios de comunicación masiva. La decisión judicial se sumó a la social. Fernando Ariel Carrera no merecía otra cosa que el largo encierro. A Fernando Ariel Carrera le quedaba su propia certeza de inocencia, el afecto de su familia, la apelación que presentarían sus abogados y la actitud de Ricardo Piñeyro para atacar la patraña, sin conocer a Fernando Carrera y con el afán de contrarrestar la mentira orquestada.

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Piñeyro es un piloto de aviación, realizador de audiovisuales y actor con incursiones en cine y teatro. Su figura trascendió por polemizar con informes oficiales y empresariales acerca de motivos de accidentes aéreos de gran envergadura. En el caso de Nueva Pompeya hizo lo debido: leyó el expediente judicial de cabo a rabo, entrevistó con frecuencia a Fernando Carrera en el penal que lo alojaron, ubicó a testigos, recurrió a especialistas en balística y de otras ramas científicas y técnicas. Filmó lugares, con computadora reconstruyó el hecho. Su documental El Rati Horror Show, colocó el tema sobre el tapete. Varias secuencias de la acusación quedaron demolidas; en otras quedó sembrada la duda. Creo que fuimos muchos los espectadores convencidos de la inocencia de Fernando Carrera. La Cámara Federal de Casación había confirmado la sentencia, pero en 2012 la Corte Suprema de Justicia dispuso que se tuvieran en cuenta cuestiones planteadas por la defensa. En las idas y vueltas, los 30 años de condena se redujeron a 15. El nuevo recurso tuvo luz verde, en 2013, con Fernando Carrera en libertad provisional. Debió dejar su casa, en el conurbano bonaerense, por amenazas contra su vida. En un paradero lejano y secreto trabajó en una gomería.

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El 25 de octubre de 2016, la Corte Suprema de Justicia de la Nación acordó el definitivo fallo de 27 puntos, que se encuentra en Internet, “(…) para encontrar la verdad objetiva y cumplir con el deber constitucional de afianzar la justicia, único camino que permitirá revertir la percepción de frustración social, que habitualmente episodios de esta naturaleza ocasionan en la comunidad (…) Por ello se hace lugar a la queja, se deja sin efecto la sentencia apelada y se absuelve a Fernando Ariel Carrera de los delitos por los que fuera acusado (…)”.

Trascendió que el doctor Horacio Rosatti emitió el primer voto, al que adhirieron los doctores Ricardo Lorenzetti, Juan Carlos Maqueda y Carlos Rosenkrantz, este último con una breve diferencia. La disidencia estuvo a cargo de la doctora Elena de Nolasco, basada en el concepto de que la Corte no debe reemplazar la función de magistrados de instancias inferiores en este tipo de causas. En cambio, para la mayoría la gravedad institucional de lo tratado justificó la intervención decisiva del alto cuerpo.

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No está clausurada la posibilidad de que Fernando Ariel Carrera inicie acciones para que le sean reparados los daños sufridos, a lo largo de once años tremendos para él, su esposa y sus tres hijos. Desde ese día de verano de 2005, en que fue confundido y en lugar de admitir el error se diseñó la mentira, hasta el absurdo. Tanto, que le adjudicaron huir al volante de un auto y, a la vez, disparar con su arma hacia atrás, mientras su cuerpo recibía balazos. Lo que se espera es que se juzgue la responsabilidad policial en la muerte de tres personas y las heridas padecidas por otras cuatro, ajenas al infernal episodio. También es factible, que algunos camaristas afronten la denuncia por prevaricato. Sería de estricta justicia que la patraña no quede impune.

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