El cura Tovar dijo que Puíggari miente en la causa Ilarraz

Tovar es, desde 2010, uno de los más fervorosos impulsores de la investigación judicial de los abusos en el Seminario, y el apartamiento de Ilarraz como sacerdote, a quien no duda en calificar de pedófilo. Ha declarado como testigo en la causa “Ilarraz Justo José s/Promoción a la corrupción agravada”, que tramita la jueza Susana María Paola Firpo, y ahora está dispuesto a declarar en la investigación diocesana a otro cura acusado de pedofilia, Marcelino Moya.

Pero esa postura que ha sostenido a pesar de los embates que ha soportado le ha dejado el cuerpo roto, quebrado: hizo terapia, acudió a los antidepresivos y desde hace tres meses no tiene diálogo con el obispo Puíggari. La última declaración pública que hizo el obispo, el 2 del actual a través de la radio de la curia FM Corazón, fue la gota que rebasó el vaso para Tovar. A su juicio, buena parte de lo que dijo Puíggari entonces está atravesado por la mentira.

“El martes voy a elevar una nota a Puíggari notificándole de esta situación, que no puedo prestarle obediencia porque creo que está mintiendo en la causa Ilarraz. Un cura sin obispo, es un cura a la deriva, y como no quiero perjudicar a mi comunidad, si cree que tengo que dar un paso al costado, lo daré. Pero pido que esa resolución sobre mi situación la tome la Santa Sede. De Puíggari sólo espero que me notifique si puedo seguir o no en la parroquia hasta que se expida la Santa Sede. Si no puedo seguir, me iré a Santa Fe. Y ahí esperaré la decisión del Papa. En conciencia, hice todo lo que tenía que hacer. Hablé donde tenía que hablar, y no fui escuchado. Ahora me cansé. Tengo una conciencia. Sé que pierdo mucho con esto, y puedo perder mi comunidad. Pero no voy a perder mi sacerdocio. No quiero ir a otra diócesis. El domingo es el día de la fiesta patronal en San Benito, y tal vez sea ese el momento de despedirme de mi comunidad. No voy a poner en riesgo la comunidad porque el pastor está en desacuerdo con el obispo”, dijo Tovar.

En esa línea, aseguró: “Lo más aconsejable sería que yo me retire. Si yo procedí mal, que el Papa me juzgue. Mi permanencia acá en San Benito va a depender de Puiggari. Pero mi proceder ante el obispo, lo juzgará el Papa”.

Luego recordó cuando supo, de boca de una víctima, lo que había hecho Ilarraz con esos adolescentes que cursaban la secundaria como pupilos en el Seminario. “No bien terminé de escucharlo, fui a hablar con (el exarzobispo, Mario) Maulión. Pero Maulión me dice que nunca había sabido nada de Ilarraz. Que ni (Estanislao) Karlic ni Puíggari le habían informado nada”, recordó Tovar.

Habla de las últimas tres cabezas de la Iglesia de Paraná: Karlic gobernó entre 1983 y 2003; lo sucedió Maulión, que estuvo hasta 2010, cuando presentó la renuncia. En marzo de 2011 asumió el actual arzobispo, Juan Alberto Puiggari, antes obispo de Mar del Plata. Previamente, Puiggari había sido obispo auxiliar de Karlic, y antes de eso, entre 1992 y 1997, rector del Seminario de Paraná. De modo que llegó a ser superior directo de Ilarraz.

En 2010, Tovar tuvo una segunda reunión con Maulión para abordar el tema Ilarraz, y entonces el exarzobispo se decidió interesar un poco más del tema. Mientras, Tovar y otros dos sacerdotes, José Dumoulin, hoy destinado en Villaguay, y José Carlos Wendler, alejado actualmente del sacerdocio, decidieron investigar silenciosamente el tema.

En eso, ocurre una reunión del decanato III –uno de los nueve en los que se divide geográficamente la diócesis–, y en ese ámbito el cura Leandro Bonnin, vicario de la parroquia Nuestra Señora de la Piedad, informa de un caso de abuso que lo había tocado de cerca, y así fue como el tema Ilarraz cobra fuerza a partir del testimonio de varios sacerdotes.

“Entonces, Bonnin propuso la idea de hacer una carta a Maulión, pidiéndole que lo denuncie a Ilarraz en la Justicia, y eso fue lo que se hizo”, narró Tovar.

El primer encuentro de ese grupo de curas del decanato III – incluye las parroquias Nuestra Señora de Luján, Santa Ana, San José Obrero, San Francisco de Borja, San Benito Abad, Santa Ana (de Aldea María Luisa), Inmaculada Concepción (de Villa Urquiza), Santa Lucía, Jesús Maestro y Señor de la Humanidad (de Oro Verde), Nuestra Señora de Pompeya y Santo Domingo Savio– ocurrió el 15 de septiembre de 2010; el segundo, cuando deciden redactar la carta, el 23 de ese mes.

Esa carta se dirigió al obispo, y al consejo presbiteral, por lo que fue analizada en una reunión del cuerpo colegiado. “Yo integraba el consejo presbiteral. Defendimos la carta en el consejo presbiteral. En esa reunión de consejo presbiteral, todos hicieron oídos sordos. Maulión se agarraba la cabeza, nos leyó un informe de lo que se había hecho, y nos dijo que (el obispo de Concepción, Tucumán, José María) Rossi sabía de la condición de Ilarraz. Rossi también está involucrado en esto. Y un sacerdote, que no voy a nombrar porque ya no tiene la lucidez para defenderse, me dijo, haciendo el gesto de Pilatos: ‘Mirá pibe, eso ya no es problema nuestro, que se arregle Rossi en Tucumán’. Algunos de esos sacerdotes que hicieron oídos sordos, ahora están conduciendo el Sínodo de la Iglesia de Paraná”, disparó Tovar.

Tovar defiende la difusión en los medios de la causa Ilarraz, y en eso disiente con Puíggari, que cuestiona la “mediatización” de la causa penal. “Si no hubiera salido en los medios, esto no se hubiera sabido, e Ilarraz hubiera seguido siendo cura”, apuntó, y entonces recordó aquel encuentro de septiembre de 2012 en el Centro Mariápolis El Salvador, en el Brete, cuando Karlic y Puiggari citaron a todo el clero para hablar del caso Ilarraz.

“Esa reunión fue vergonzosa. El padre Ignacio Patat (vocero de la curia), lo único que dijo fue que cueste lo que cueste, lo que había que defender era sillón del supremo, o sea la figura del obispo. Y el padre Fabián Castro pedía por favor que se hiciera una estrategia para que los medios no manejaran la agenda del caso. No se habló de las víctimas, sobre cómo acompañarlos, cómo apoyar a la Justicia para que se esclarezca el caso. Fuimos pocos los disidentes en esa reunión. Karlic reconoció que no le había contado nada a Maulión, y que le había dejado esa misión a Puiçiggari. Y él dijo que le había dejado una ‘carpetita’ a Maulión, con la recomendación que debía verla. Pero nada más”.

Aquel encuentro en Mariápolis tuvo lugar el 13 de septiembre de 2012, y debía ser secreto. Pero al otro día dr reveló detalles de ese encuentro. Y buena parte del clero paranaense culpó por la filtración a Tovar, y lo que ocurrió fue lo previsible: lo aislaron, lo apartaron del consejo presbiteral, pidieron para él un juicio diocesano, y lo silenciaron.

Quien había aportado los datos de aquel encuentro había sido el sacerdote Mario Taborda. “Todo esto, por haber defendido la verdad en esa reunión. Tuve que renunciar como decano, como miembro del consejo presbiteral y el padre Luis Anaya, que me había pedido que dé clases en la UCA (Universidad Católica), me llamó para decirme que no estaba bien lo que hacía con el caso Ilarraz, y no me convocó más para dar clases”, señaló Tovar.

Antes, había tenido un entredicho con el canciller de la diócesis, Hernán Quijano, quien lo apartó de una reunión, y le dijo, sin vueltas: “Terminala con el caso Ilarraz. En este caso, Puíggari no tiene nada que ver. Acá el único responsable es Karlic”.

Después de citar todos esos nombres, Tovar se centra en Puíggari, y en lo que él entiende como un falso testimonio del obispo en la Justicia.

Puíggari, según Tovar, niega haber dicho en Mariápolis que sabían de la existencia de entre “13 a 15” víctimas. Pero Tovar aseguró que dijo eso, y no otra cosa. No es la única falta a la verdad del titular de la Iglesia de Paraná que le endilga: también incurriría en un yerro, dice Tovar, cuando revela el momento en que tomó conocimiento de los abusos de Ilarraz.

Una de las víctimas asegura que se lo dijo entre 1992 y 1993. Y que Puíggari cuando dice que se enteró por intermedio de un bedel, cae en una contradicción. Puíggari, según Tovar, dice que se enteró por intermedio del seminarista Pedro Barzán, en 1995. “Pero Barzán no era seminarista ese año. Se ordenó sacerdote en diciembre de 1994. En 1995 Barzán no era superior de esa víctima que se lo contó, sino Omar Bedacarratz”, reveló.

Y recuerda otro hecho: la visita del secretario privado del obispo, el sacerdote Mario Gervasoni, a una víctima a su trabajo para “increparlo” por la denuncia hecha en la Justicia. “Se lo hice saber al obispo. Me dijo que era verdad, pero que Gervasoni lo había hecho por cuenta de él. Le dije que era su secretario privado, que no puede hacer eso”, contó Tovar.

Todo eso que ahora revela Tovar, ya se lo hizo saber en forma personal a Puiggari, y la tensión entre ambos fue creciendo de tal modo que ya no hay diálogo posible.

Ahora, dice, está en un punto sin retorno, aislado, sin que nadie atienda sus dichos, y negado por buena parte del clero. “No lo reconozco a Puíggari como mi obispo. Y no puedo seguir en la parroquia sin autoridad. Y no lo reconozco porque entiendo que miente”, reafirmó Tovar en declaraciones a El Diario.

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