Leonardo Morales hoy vive un momento inolvidable con Belgrano de Córdoba.
El común denominador de los futbolistas que llegan a la elite es más o menos el mismo. Inferiores en un club, generalmente de barrio o bien de la ciudad en la que nació. Algún entrenador o detector de talentos que lo vio pasados los 10 años y se lo llevó a uno de las instituciones importantes del país. Inferiores en esa institución, Reserva y después de unos partidos mechar minutos en el primer equipo hasta lograr afianzarse en el puesto.
Detalles más, detalles menos, la historia es más o menos similar para el 99,9% de los futbolistas que lograr llegar a Primera División en el fútbol argentino.
Pero como sucede en cualquier aspecto de la vida, siempre hay excepciones, esas que se encargan de confirmar la regla, pero por sobre todas las cosas echar por tierra aquellos mandamientos que parecen implícitos en todas las historias.
Una de esas es la de un entrerriano, más precisamente nacido en la costera localidad de Villa Urquiza y que tuvo una carrera completamente diferente a la de la inmensa mayoría de los jugadores en el país.
Un largo recorrido a la gloria
Leonardo Morales es jugador, y pieza clave, en Belgrano de Córdoba que dirige Ricardo Ruso Zielinski. Leo nunca hizo inferiores en un club, de hecho arrancó a jugar de grande al fútbol de manera federada y tuvo una trayectoria increíble.
La historia cuenta que, en el verano de 2010, Morales jugaba un torneo libre en la ciudad de Cerrito y allí lo vio Omar Yiyo Werner, histórico entrenador de los equipos de María Grande. Por aquel entonces Morales trabaja de albañil desde temprano y además ese verano se desempeñaba como guardavidas en las playas de la balnearia ciudad entrerriana.
En ese torneo Leo, que generalmente se desempeñaba como delantero, decidió retroceder algunos metros y ubicarse como mediocampista derecho. En esa posición es que lo vio Werner, quien contó que rápidamente le pusieron el apodo de Pupi, porque su estilo de jugar y correr era similar al de Javier Zanetti, histórico jugador de la selección argentina de fútbol.
De ese torneo libre, el jugador pegó el salto a la Liga de Fútbol de Paraná Campaña. Fue Deportivo Tabossi la entidad que lo cobijó como jugador. Encima como un toque de la suerte, en 2011 el Depor se consagró campeón de la competitiva LFPC.
Yiyo Werner lo vio y enseguida se sorprendió en ese Torneo Nocturno, sobre todo por el despliegue. Terminó el partido, el DT por ese entonces del Rojo de Tabossi fue a la cantina y se topó con Morales, charlaron un rato y el entrenador lo invitó a practicar con el conjunto de la Capital Provincial del Camionero. Habrán pasado dos meses de aquella charla, cuando un día, mientras el plantel llevaba adelante la pretemporada, apareció Leo en una motito con la que recorrió los 80 kilómetros que separan Tabossi de Villa Urquiza.
El Pupi, como lo había apodado el DT, llegó y pidió permiso para entrenar. Se cambió y salió a la cancha, a los segundos ya estaba encabezando la fila de la entrada en calor. Según narra el técnico, jugó dos o tres partidos en Sub 20 y de un momento a otro ya estaba en el equipo de Primera División. Debutó en el equipo mayor y nunca más dejó el puesto.
Pasado y presente
Desde aquel debut en el Rojo de Tabossi a la actualidad, la historia de Leo sigue siendo de esas extrañas porque pegó el salto a Belgrano, donde jugó Liga Paranaense y Torneo Federal B. En 2015 pasó a Atlético Paraná para jugar en la Primera B Nacional. Enseguida nomás, a fuerza de buenos rendimientos se lo llevó Patronato para jugar en la elite del fútbol argentino.
En el Santo estuvo una temporada y no jugó un solo minuto, de hecho, jamás integró el banco de los suplentes y decidió bajar de categoría para defender los colores de Santamarina de Tandil. En el Aurinegro tandilense jugó varios partidos y al tiempo recibió la propuesta de Gimnasia y Esgrima La Plata.
Es que en 2018 llegó al Tripero el entrenador que le había dado la oportunidad, y posterior continuidad, en Atlético Paraná: Hernán Darío Ortíz.
Aquí arranca otra parte de las destacadas en su vida. Es que El Indio, como se lo conoce en el ambiente futbolero, fue quien le dio minutos en el Decano en la B Nacional. Por aquel entonces el titular era Martín Galli, pero la llegada del nuevo DT cambió un poco la fisonomía de equipo y con ellos variaron algunos nombres por ejemplo el ingreso de Leonardo Morales en lugar de la Garza Galli. El de Villa Urquiza entró y no salió más del equipo. Claro que el rendimiento de Morales quedó en la memoria de Ortíz quien ni bien arribó al Lobo pidió por sus servicios.
Al poco tiempo El Indio dejó el cargo perseguido por los malos resultados y llegó ni más ni menos que Diego Armando Maradona. Otra señal que el entrerriano es de esos jugadores tocados por una varita mágica.
De allí hasta la actualidad la historia de Leo Morales es muy conocida. Tras varios años en el Tripero se mudó a Córdoba y hoy es titular indiscutido en la alineación del Ruso Zielinski y en casi todos los encuentros aparece como uno de los destacados del elenco cordobés.
No caben dudas que le historia de este entrerriano, que arrancó en un torneo nocturno con 19 años y que hoy es tapa de los principales diarios de tirada nacional, es una de esas increíbles que regala el deporte más convocante en la Argentina y que todavía genera de estas historias que son dignas de ser contadas.






