Juliana Ascúa, con mirada desde la contradicción, el humor y el deseo
Por Gabriela Gómez del Río
Juliana Ascúa nació en Paraná. Es directora, actriz y guionista de la serie audiovisual Lara, un proyecto que, según cuenta, nació de sus propias incomodidades y de las tensiones de ese momento.
Aunque desde hace años su trabajo se mueve entre distintos países y escenas de producción, ese desplazamiento no implicó ruptura sino continuidad en tránsito. En ese movimiento, Ascúa vuelve sobre Lara, la serie que inició hace casi una década y que ahora estrena su segunda temporada el 28 de abril. La obra reaparece con otras preguntas, otra lectura de su origen y otra relación con aquello que la impulsó.
“La primera temporada de Lara la hice hace como ocho o nueve años. Nació de las propias contradicciones que yo veía o de las disyuntivas que estaba teniendo en ese momento”, comenta la directora Juliana Ascúa a ANÁLISIS.
En su punto inicial, la serie no se presentaba como un proyecto definido, sino como una búsqueda atravesada por una sensibilidad feminista todavía en formación. “Era un feminismo más latente, más en ebullición”, explica.
En su lectura, ese feminismo aparecía como incomodidad. Una zona de preguntas más que de respuestas, donde las tensiones personales y políticas se mezclaban sin resolver del todo sus bordes. En ese sentido, insiste en que la contradicción no es un problema a corregir, sino el punto de partida.
El origen de la serie tampoco fue lineal. Ascúa cuenta que el primer impulso no fue de exposición sino de duda. “Era en principio un piloto que no me gustó para nada. Dije que no lo iba a mostrar”, recuerda. Sin embargo, el material se reconfiguró en la edición, donde encontró otra forma posible de circulación. “En la edición dije, bueno, voy a hacer estos cuatro capitulitos”.
A partir de ahí, Lara comenzó a circular por espacios que no estaban del todo previstos: festivales, plataformas digitales y proyecciones internacionales. “Tuvo recorrido en Amazon Prime de Estados Unidos”, expresa. Ese desplazamiento también modificó su vínculo con la obra. “A veces uno no confía nada en eso que está haciendo, y está bueno sacarlo a la luz”, reflexiona.
En ese sentido, señala que el material ya no le pertenece del todo a quien lo crea. “Uno hace una cosa y después ese hijo hace su propio recorrido”, dice.
(Más información en la edición gráfica de la revista ANALISIS, edición 116, del día 23 de abril de 2026)






