Vidas y obras

La muerte de Fray Mocho

Edición
1169

En 1903, a los 45 años, falleció Fray Mocho, el entrerriano que escribió sobre criminología, que trabajó en diferentes medios periodísticos, que creó diálogos y descripciones poéticas que hicieron perdurar sus textos hasta el día de hoy.

 

Por Ferny Kosiak

Hay dos cosas que me llaman la atención de la foto del sepelio de Fray Mocho en el cementerio de Recoleta: la cantidad de hombres y eso, que son todos hombres (salvo una mujer con rodete en primer plano).

Fray Mocho falleció el sábado 23 de agosto de 1903 a las 19:20, acompañado por su hermano, el doctor Fernando Álvarez, su esposa y amigos que vieron como no alcanzaba el oxígeno con que asistían la falta respiratoria ocasionada por su bronconeumonía. En los días previos le habían inyectado cafeína y, con su humor característico de siempre, le había dicho a su compañera:

—Mirá, hija, hay que jugarle risa a la vida. Trae una baraja y hacé un solitario. ¡A ver!

A tres días de cumplir 45 años, murió el hombre que había nacido el 26 de agosto de 1858 en Gualeguaychú bajo el nombre de José Zefe­rino Álvarez Escalada, quien años más tarde cambiaría su se­gundo nombre por Ceferino y luego por Sixto para confundir a críticos e historiadores que le cambiaron el segundo nombre con asiduidad. Finalmente, en la década de 1890, optó por llamarse Fray Mocho, a secas, después de haber utilizado en sus textos otros seudónimos como Fa­bio Carrizo y Nemesio Machuca: mocho era un sobrenombre puesto por un maestro en la niñez, fray era una evocación a la publicación Fray Gerundio, que dirigió en 1882.

En su adolescencia estudió en el Colegio Nacional de Concepción del Uruguay y en la Escuela Normal de Paraná, donde fue becado por el ministro Onésimo Leguizamón. Sin embargo, no se recibió, fue expulsado por incitar la inasistencia colectiva a una cla­se, motivada por el desagrado hacia un profesor.

Desde 1879 vivió en Buenos Aires, donde trabajó como pe­riodista en diferentes medios. Por mencionar algunos: El Nacional, La Pampa, La Patria Argentina, La Razón y en revistas como la ya mencionada Fray Gerundio, El Ateneo y La Colmena Artística.

Su faceta literaria comenzó en 1882, cuando publicó el libro de cuentos Esmeraldas - Cuentos mundanos; el color de la gema del título ya ponía en evidencia el humor de Fray Mocho: eran cuentos verdes. En 1887 aparecióVida de los ladrones célebres de Buenos Aires y sus formas de robar, una especie de manual para policías de la Oficina de Pesquisas, espacio fundado por él; si bien no se considera este libro una obra literaria, fue el primer trabajo publicado sobre criminología en el país, ciencia social naciente y aún basada en el paradigma lombrosiano: las características físicas de una persona definían qué tipo de delincuente era o sería. Diez años más tarde publicó dos libros:Memorias de un vigilante y su célebreUn viaje al país de los matreros – Cine­matógrafo criollo.En 1898 cofundóCaras y Caretas, la legendaria revista que, más allá de sus cierres y reaperturas a lo largo de estos casi 130 años, sigue apareciendo hasta nuestros días. Ese mismo año también publicó En el mar austral.Tras su muerte, sus textos fueron recopilados en Cuentos de Fray Mocho (1906), Cuadros de la ciudad (1906) y Salero criollo (1920).

Desde hace años vengo dictando, en diferentes ciudades de la provincia, una capacitación sobre literatura entrerriana donde, obviamente, nos detenemos en Fray Mocho y en su obra cumbre: Un viaje al país de los matreros. Varias veces, docentes me contaron que se trataba de un libro que habían trabajado en sus aulas porque a los gurises les resultaba cercana la lengua en que está escrita y porque su historia es divertida. En una oportunidad, una profesora de Gualeguaychú, me contó que uno de sus alumnos había establecido una comparación entre las islas del río Paraná, en las que se esconden los matreros, con los montes a kilómetros de la ciudad, donde aún se esconden los que escapan de la ley. Esa realidad que Fray Mocho bien supo convertir en literatura a fines del siglo XIX, sigue presente en nuestra geografía,algo que a lo largo de las décadas que nos separan desde el momento de su publicación lo ha convertido en un clásico, reeditado en numerosas ocasiones, inclusive con anexos con actividades escolares para facilitar el acceso didáctico en las aulas.

 

(Más información en la edición gráfica de la revista ANALISIS, edición 116, del día 23 de abril de 2026)

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