Shakespeare con acento de río
Por G. G. d. R.
Con sedes en Paraná y Santa Fe, el Encuentro Shakespeare del Litoral reafirma una identidad propia: hacer del clásico una práctica viva en escuelas, barrios y espacios comunitarios. Hay algo que se altera cuando William Shakespeare cambia de geografía. Cuando deja de ser un nombre asociado a la solemnidad académica y empieza a encarnarse en otros cuerpos, otras voces, otros climas. En el litoral argentino, ese desplazamiento es una práctica sostenida desde 2022.
El Encuentro Shakespeare del Litoral transita su quinta edición con una identidad cada vez más nítida. No se trata de montar obras ni de reproducir un canon, sino de provocar un cruce. “Cuando Shakespeare se cruza con el litoral se renueva”, afirma a ANÁLISIS Pedro Peterson, a cargo de la producción general y adelantando lo que funciona casi como una hipótesis de trabajo.
Peterson habla de frescura, incluso de “humedad”. No como recurso poético, sino como condición concreta: la del río, el clima y la cultura filtrándose en los textos. En ese contacto, la lengua se altera, la respiración cambia y el sentido se desplaza. Lo escrito hace más de cuatro siglos se vuelve permeable, disponible para nuevas capas de lectura.
El encuentro no busca custodiar un Shakespeare intacto, sino someterlo a movimiento. A la tradición —cargada de símbolos, interpretaciones y legitimaciones— se le superpone el litoral, con su densidad cultural, sus ritmos y su modo de apropiarse de lo universal. “Hay una relectura muy particular, una renovación muy interesante”, sintetiza Peterson.
Desde aquella primera edición en 2022, el crecimiento no se explica sólo en términos cuantitativos. Más funciones, más sedes, más público: todo eso existe, pero no alcanza para definir el proceso. Lo que se consolidó es una lógica de ocupación del territorio. Salir de los circuitos previsibles no responde tanto a una estrategia de expansión como a una toma de posición.
“Queremos acercar a Shakespeare a todos los rincones posibles, empezando por nuestra región”, expresa. En ese recorrido, escuelas, bibliotecas populares y espacios comunitarios dejan de ser receptores para convertirse en parte constitutiva del dispositivo. Allí, donde el acceso cultural suele ser más restringido, el encuentro adquiere una densidad política particular.
El proceso, sin embargo, está lejos de ser armónico. “No todo es color de rosas”, admite Peterson. Hay tensiones, resistencias, limitaciones materiales. Pero es precisamente en ese terreno donde se producen los desplazamientos más significativos. Cuando el teatro irrumpe en espacios donde no forma parte de la experiencia cotidiana, la escena se redefine.
“Muchas veces lo viven como si fuera la primera y quizás la única vez”, comenta. Y agrega: “Nos encontramos con muchas reacciones, la mayoría de asombro”.
El territorio como escena
En esa línea se inscribe uno de los núcleos más potentes de esta edición: Jóvenes Shakespeare, una sección que pone en escena a estudiantes que, en muchos casos, transitan su primera experiencia actoral. El recorrido involucra lectura, apropiación, reescritura, ensayo y puesta.
“Implica un trabajo enorme, y el resultado es impresionante”, dice Peterson. Pero lo relevante no se agota en el resultado. El proceso articula dimensiones pedagógicas, colectivas y afectivas, una experiencia muy intensa.
El componente educativo aparece como una estructura transversal. Cada intervención busca sostenerse en el tiempo: materiales didácticos, instancias de trabajo previo y posterior, acompañamiento docente.
“El vínculo que se genera es muy fuerte”, remarca el productor. Y esa intensidad encuentra un terreno fértil en la adolescencia, etapa atravesada por la búsqueda y la apertura. En ese contexto, el teatro habilita preguntas, tensiona certezas, ensaya otras formas de lectura del mundo.
Ahí es donde Shakespeare es una excusa para pensar el presente. Las relecturas que emergen del encuentro no esquivan los conflictos contemporáneos: lo social, lo político, los vínculos, las disputas de poder.
“Vivimos en una época donde lo social está en tensión, donde predomina el individualismo”, reconoce Peterson. En ese marco, los textos del autor inglés funcionan como una matriz de interrogación. Los conflictos que los atraviesan —ambición, traición, deseo, poder— no pierden vigencia y se reconfiguran.
Parte del encuentro consiste en desmontar prejuicios persistentes: la idea de un Shakespeare inaccesible, reservado a especialistas, encerrado en un pedestal. “Queremos que el público se encuentre con algo cercano, que la experiencia no esté mediada por la solemnidad, sino por la identificación”.
(Más información en la edición gráfica de la revista ANALISIS, edición 116, del día 23 de abril de 2026)






