Murga del Paraná

Una forma de decir que busca hacerse lugar

Edición
1169

En una de las salas donde funciona el taller, las voces no salen todas iguales. Se prueban, se buscan, se corrigen sobre la marcha. Hay risas, dudas, cuerpos que todavía no saben bien dónde pararse. Y, sin embargo, algo empieza a sonar en conjunto.

En Paraná, la murga no es una novedad, pero sí un territorio que vuelve a ponerse en movimiento. Desde ahí parte el trabajo que impulsa Jorge “Coca” Vidal al frente de la Murga del Paraná, un proyecto que combina formación, práctica colectiva y la intención de sostener una tradición que ya tiene raíces en la ciudad.

“En realidad, la murga del Uruguay ya existe en Paraná. Yo lo único que trato de hacer es darle un nuevo impulso para que el género no se pierda”, afirma Vidal a ANÁLISIS. La propuesta se articula a través de un taller abierto impulsado por la Municipalidad, en el que se busca sostener y expandir esa práctica en la capital provincial.

Vidal es exintegrante de la murga uruguaya Falta y Resto, experiencia que aparece como parte de su recorrido en el género. Desde ese lugar, señala: “Es seguir con el legado que dejaron mis antecesores y aportar con mi granito de arena a que el género siga floreciendo”.

La idea vuelve, casi como una necesidad de dejarla clara. “Sí, se puede hablar de una murga paranaense, porque el género del estilo uruguayo ya existe acá en Paraná”. Más que una definición, es una toma de posición, lo que hay no parte de cero, se apoya en algo que ya circula desde hace algunos años.

El taller funciona, en ese sentido, como un lugar de reunión y de prueba. Se desarrolla con encuentros semanales, los jueves por la tarde, en el Centro Cultural Juan L. Ortiz, un espacio que desde hace años concentra buena parte de la actividad cultural de la ciudad. “Todavía estamos en construcción. Estamos trabajando para eso”, explica “Coca”. Y el propio coordinador reconoce que “en ese proceso aparecen las ganas, la energía y la buena onda de la gente”, algo que sostiene en gran medida el clima de trabajo.

Si hay un rasgo que atraviesa a la murga, es su vínculo con lo cotidiano, con la forma de decir. “La murga fue siempre una herramienta de crítica del pueblo, del barrio”, comenta Vidal. Y esa dimensión también forma parte del taller.

“Tratamos de explicarle a la gente cómo escribir y cómo pararse frente a eso, frente a la crítica, frente a lo que tenga que ver con el quehacer de cada día de las personas o del barrio, o de lo que quieran tratar en ese momento”, asegura. La escritura aparece, así como parte del aprendizaje, no solo cantar, también decir con intención lo que se quiere decir.

En la práctica hay coro, teatralidad, gestualidad, pero también hay mirada. La murga no se arma solo desde lo musical, sino desde una forma de interpretar lo que pasa alrededor.

 

(Más información en la edición gráfica de la revista ANALISIS, edición 116, del día 23 de abril de 2026)

Edición Impresa

Edición Impresa