Una orquesta joven que empieza a trazar su camino
Por G. G. d. R.
En Paraná, la música sinfónica empieza a insinuar otro recorrido posible para las juventudes. En su primer año de funcionamiento, la Orquesta Sinfónica Juvenil Entrerriana es el resultado de un proceso que venía tomando forma. “La orquesta nace como iniciativa independiente, que ideamos junto a un grupo de docentes y estudiantes de música”, expresa a ANÁLISIS su director, Juan Sebastián Barbero. Se trata de una trama previa hecha de festivales, jornadas y seminarios que fueron armando, de a poco, un espacio común.
Desde el inicio hubo una intención definida, construir un ámbito “artístico, formativo y profesionalizante”. Y Barbero lo desglosa: “Artístico porque el fin principal es el trabajo profundo sobre la música orquestal; formativo porque se orienta al crecimiento de cada integrante; y profesionalizante porque buscamos potenciar el oficio del músico de orquesta”. La palabra oficio implica tiempo, insistencia, una práctica que no se resuelve en lo inmediato.
Ese arranque encontró, además, un respaldo que ayudó a ordenar la etapa inicial. La selección en el programa FEICAC —dependiente de la Secretaría de Cultura de la Municipalidad de Paraná— permitió planificar con mayor precisión los primeros meses.
Hoy, la dinámica combina un ensayo semanal —los jueves por la noche, en la Escuela de Música, Danza y Teatro— con encuentros mensuales de trabajo intensivo. En esos espacios se suman dos referentes con trayectoria: Adriany Gómez y Raúl Vallejos. “Son grandísimos maestros, comparten su experiencia y guían al equipo de talleristas”, señala Barbero.
Ese equipo es el que sostiene la práctica cotidiana. La organización por familias instrumentales se apoya en nombres concretos: Emanuel Ramos y Agustín Chamorro en violines; Guillermina Osella y Samuel Segovia en violas; Gabriela Peirano en cello; Guillermo Trobbianni en contrabajo; Samuel Herrera en corno; Agostina Chiambrado en trompeta; Cristian Santomil en trombón; Federico Sgarbanti en percusión, y Anaís Gómez Trossel en fagot y oboe. “Hay mucho compromiso, mucha dedicación”, resume el director.
Tocar en conjunto
Más allá de la estructura, hay una idea, la del encuentro. “La práctica orquestal brinda un espacio donde jóvenes pueden compartir entre pares su camino formativo”, plantea Barbero. En ese cruce, lo individual se desplaza y “cobra una dimensión social, grupal y armónica”. No es solamente tocar en conjunto; es aprender a escuchar, a sostener un pulso común, a ubicarse dentro de algo más amplio.
(Más información en la edición gráfica de la revista ANALISIS, edición 116, del día 23 de abril de 2026)






