Massa: “Vamos a convocar a un acuerdo a la oposición, los empresarios y los trabajadores”

Sergio Massa recibe a Infobae en su despacho de la Cámara de Diputados. En la post pandemia y con un viernes agonizando, hay poco movimiento en el Congreso. Massa fuma unos cigarritos color marrón y habla por celular con una sonrisa entre labios. Preguntaba sobre la reunión con inversores de Wall Street que Juan Manzur lideró en New York. “Sirvió”, comentó lacónico antes de ponerse el saco y caminar hasta un salón estilo barroco que usa como escenario de todas las negociaciones políticas que tiene a cargo.

La entrevista exclusiva se extendió por dos horas. Y Massa exhibió su capacidad de esgrimista: contestó con escasas dudas, y en la primera oportunidad, avanzó filoso por los flancos para marcar su espacio en la pedana. Sorprendió con el anuncio de un eventual acuerdo con la oposición, y ratificó que “la Argentina tiene la voluntad política de pagar la deuda externa”.

— ¿El gobierno está evaluando una convocatoria a la oposición para firmar un acuerdo institucional después de los comicios de noviembre?

— Terminada la elección vamos a convocar desde el gobierno a un acuerdo con la oposición, con los empresarios y con los trabajadores articulando el Congreso y el Consejo Económico y Social. Lo hablé con el Presidente, no es que se me ocurre a mí. Y el Presidente tiene la decisión de hacerlo. Lo hablé con la Vicepresidenta. Germinó a partir de una idea que, en su momento, Máximo planteó por el tema de la deuda. Máximo dijo que había que juntar a los dirigentes más jóvenes para fijar una posición común de cara al tema deuda frente al Fondo. Y vamos a ir a un acuerdo, vamos a convocar a un acuerdo sobre 10 políticas.

— ¿Cuáles son?

— Sobre el tema endeudamiento. ¿Básicamente para qué? De acá en adelante este país sólo toma deuda para infraestructuras intergeneracionales, para políticas sociales intergeneracionales, para políticas educativas y de investigación científica y tecnológica intergeneracionales. Es decir, para cosas que no impacten en una cuestión presente. Y para prohibir que se tome deuda para pagar gasto corriente. Eso nos va a hacer más ordenados como país.

— ¿Y además de la deuda externa y la negociación con el Fondo Monetario Internacional?

— También vamos a plantear un acuerdo sobre leyes de crecimiento y desarrollo económico, agroindustria, hidrocarburos y minería, y el tema hidrógeno y litio como dos asuntos centrales y estratégicos para el futuro de la Argentina.

— ¿La Justicia?

— En el tema del Poder Judicial, creo que se trata de un poder independiente y en todo caso tiene que surgir más de una propuesta de la oposición que del gobierno para que no caigamos en esa idea de que el gobierno quiere meter mano en la Justicia para tratar de acomodarla a sus intereses de momento o a sus preocupaciones.

— ¿Qué otros asuntos clave tendrán en cuenta al momento de proponer el acuerdo institucional?

—Diría el desarrollo económico, la educación, y las cuestiones vinculadas a tres políticas de lucha contra la pobreza a 10 años. Y la generación de empleo. En ese sentido hay un primer pilar que es esta ley que estamos impulsando para transformar los planes sociales en empleo genuino. Porque de la emergencia que representa el plan, hay que ir a lo permanente que representa el trabajo.

— ¿La convocatoria a la oposición, a los empresarios y a los trabajadores depende del resultado electoral de noviembre?

— Voy a ser claro: sin importar el resultado, ganemos o perdamos, después de la elección vamos a convocar a un acuerdo a la oposición, a los empresarios y los trabajadores para el diseño de 10 políticas de Estado para la Argentina.

— ¿Cómo se inició esta decisión política de convocar a un acuerdo institucional?

— Voy con el Presidente, con la Vicepresidenta, con el presidente del bloque del Frente de Todos en esta Cámara, con muchos gobernadores. Todos de acuerdo y convencidos. Y el Presidente se lo contó a los empresarios en el almuerzo que tuvimos esta semana.

— ¿Y la convocatoria será después de las elecciones? Ni un día después...

—Exacto. Después de la elección. ¿Por qué? Porque en definitiva la crisis del 2017/2019 sobre todo, más la pandemia, te lleva a cinco años sin crecer. O más. Algunos inclusive dicen que más. Y eso te puede condenar una generación.

— ¿Cómo cree que reaccionará la oposición política?

— Lo que digo es “no dejes para mañana lo que podés hacer hoy”. Pero además nosotros lo tenemos que hacer, ganemos o perdamos, por una razón mucho más profunda...

— ¿Cuál es?

— Hay una cuestión casi generacional. Somos la generación de los hijos de la Democracia, y me refiero a Máximo Kirchner, Eduardo “Wado” De Pedro, Horacio Rodríguez Larreta, Martin Lousteau. Somos una generación que tiene una convivencia y un diálogo más allá de lo que aparece en la discusión política, que tiene coincidencias respecto a qué hacer con la educación, con el litio, con la minería.

— ¿Está planteando que las coincidencias se dan por pertenencia a una generación más allá de las ideologías de cada uno?

— Esta generación hija de la democracia. Que básicamente lo que trae es la convivencia en los cargos, en las funciones, en la universidad, en el Parlamento, en la pelea, digamos, en la pelea política y en la cosa cotidiana, que construyó un diálogo que es mucho mayor del que se conoce.

— ¿Cuándo se entere por Infobae que el gobierno propone un acuerdo institucional, que hará la oposición política?

— Sé que hoy te digo que vamos a llamar al diálogo y mañana la oposición está obligada a decir no vamos a ir a ningún diálogo porque hay una cuestión que tiene que ver con la elección. Y si pasa eso, juro que los entiendo. Y probablemente en lugar de ellos, nosotros actuaríamos de la misma manera hasta el 14 de noviembre. Pero el 15 habrá un país que está esperando que nos pongamos de acuerdo para resolver los problemas. Y eso es lo más importante.

— Lo que plantea el gobierno está más cerca a lo que fue la transición democrática española, un Pacto de La Moncloa, o un pacto coyuntural como el Pacto de Olivos. ¿Dónde lo ubicaría?

— Creo que hay que ir a Moncloa. Y definir en qué nos podemos poner de acuerdo.

— ¿Y son 10 puntos?

— Eso también puede ser relativo. Si la oposición dice queremos tratar de llegar a un acuerdo sobre 20 puntos, y los empresarios vienen y dicen tenemos tres más, serán 23.

— ¿Y los gremios también?

— Y si los gremios vienen y te dicen nosotros tenemos siete. Serán 30. Y por ahí armamos una lista de 30 y hay 15 en los que no nos ponemos de acuerdo, y serán parte de la discusión en el 2023 de qué propone uno y otro para resolverlos. Pero hay 15 que no van a ser más parte de la discusión.

— ¿La oposición es solamente Juntos por el Cambio o incluye referentes por izquierda y derecha?

— El Presidente me planteó que quiere que el Parlamento tenga un rol y que trabajemos sobre la base de la representación parlamentaria junto al Consejo Económico y Social. Ahora, lo que no podés hacer es sentarte sin un papel antes.

— ¿Ya hay un borrador de acuerdo?

— En ese tema prefiero ser respetuoso del cuándo, el cómo y de qué manera el Presidente plantee este asunto institucional. Ahora, vuelvo a lo de antes: el 15 noviembre, después de votar, la sociedad espera que le arreglemos los problemas. Por lo menos algunos. Y además tenemos que tener la solidaridad de que el éxito de algún acuerdo lo capitalicen todos, gobierno, oposición, empresarios y trabajadores. Pero también la humildad de que los costos sean repartidos solidariamente entre gobierno, oposición, empresarios y trabajadores. Ese tiene que ser el punto de partida.

— Y si usted estuviera del lado de la oposición ¿no vería esto como un abrazo de oso en este contexto en que se va hacia 2023, hacia una elección presidencial?

— No, porque en diciembre ya va a estar jugada la elección. Pongámosle un plazo. Si tienen esa preocupación pongámosle un plazo. Pongámosle que lo trabajamos entre enero y junio y que a partir de junio empieza cada uno con su libertad... Pero demos un año de certidumbre política, económica y social a los argentinos. Démosle un poquito de paz.

— ¿Los empresarios y los gremios ya saben de la propuesta de un acuerdo institucional?

— Lo voy hablando, como lo va hablando el Presidente, como lo va hablando Cristina, como lo va hablando Máximo.

— Entre los acuerdos que van a proponer a la oposición está la negociación con el Fondo Monetario Internacional. ¿A esta altura del año, cómo describiría la negociación con el Fondo?

— Argentina va a ir a un acuerdo con el Fondo, pero con el mejor acuerdo para la Argentina. Y el mejor acuerdo para la Argentina es un acuerdo que le dé plazo, que le dé buena tasa y que le dé la posibilidad de tener capacidad de pago.

— ¿Y el FMI qué dice?

—Eso llevado a la discusión con el Fondo supone entender que, al igual que pasó con los bonistas privados, la Argentina necesita plazos para ponerse de pie después del súper endeudamiento con fuga de capitales del gobierno de Macri. Para Alberto Fernández sería más fácil firmar rápido, conseguir el plazo de gracia, sacárselo de encima de su gobierno y que el que venga se arregle. Y sin embargo, el Presidente y el Frente de Todos lo que está planteando es una mirada responsable de largo plazo.

— ¿Qué países se están oponiendo a este método de negociación de la Argentina con el FMI?

— No veo países oponiéndose, veo países que tiene una mirada más estricta o más atada a cuestiones de mecánica estatutaria del Fondo, y hay otros países que están entendiendo el documento del G20 presentado a pedido de Argentina y con el apoyo de India para que nos den la posibilidad de incluir en la mesa de negociación a otras cuestiones. Recordemos que la Argentina es deudor financiero pero es acreedor ambiental.

— Sí, es cierto.

— Entonces, hay países que tienen una situación de desarrollo y de mejor performance de crédito porque soslayaron las cuestiones del cuidado del medio ambiente. Y hoy en esta era, el mercado, pero sobre todo la sociedad, nos exige a los países, a los gobernantes y a la comunidad toda, que seamos respetuosos del medio ambiente.

— Entonces, ¿la Argentina pagará al Fondo en 2022?

— ¿Los 18.000 millones de dólares?

— Sí.

— La Argentina va a tener un nuevo acuerdo con el Fondo. El Presidente tiene la decisión de avanzar en un acuerdo con el Fondo, y ese acuerdo tiene que ser un acuerdo posible de pagar para la Argentina, viable en términos de lo que es el resultado de nuestra balanza comercial. ¿Por qué? Porque lo más importante que hay que mirar es cuánto exporta la Argentina, porque cuantos más dólares vende la Argentina más dólares genera para cumplir con sus obligaciones y para acumular reservas.

— Desde su perspectiva, ¿cuáles son los tres problemas que debería resolver el gobierno para recuperar una imagen pública positiva?

—Tenemos tres cuestiones centrales que resolver: el tema precios, porque la plata no alcanza y es clave que controlemos la inflación. También una política muy fuerte de lucha contra la inseguridad, porque la salida de la pandemia nos devolvió a situaciones de la vida cotidiana que le generan miedo a la gente. Y el tercer tema es poner en marcha el programa de desarrollo, que entró en stand by porque el objetivo terminó siendo atender la emergencia de la pandemia.

— No hay muchos sistemas políticos modernos y democráticos que con un control de precios bajen la inflación. ¿Realmente cree que va a ser efectivo?

—Ahí tenemos dos planos: uno es la coyuntura, lo urgente, y el otro es el largo plazo. En un contexto como el que vive la Argentina, con una situación de pobreza que se agravó en los últimos años y que la pandemia empeoró, hay que hacer un trabajo de cuidado y de protección del poder de compra sobre un grupo de 600 a 1.200 productos que son los que la gente consume todos los días. Obviamente que en el largo plazo es clave ordenar metas macroeconómicas, encontrar un sistema tributario y de crédito que le dé previsibilidad al que genera oferta, pero hay un trabajo de corto plazo que es cuidar el bolsillo de la gente.

— ¿Corto plazo cuánto sería?

Unos 90, 120 días.

 

— ¿Usted augura que en 90 días no va a haber más control de precios?

— No, yo lo que estoy planteando es sentarse cada 90 días a mirar la canasta básica para ver cómo le cuidás el poder de compra a un jubilado, a un trabajador, a un desocupado que vive de un plan. Es una de las tareas que tiene el gobierno en una situación de emergencia como la que está la Argentina. Luego está el largo plazo.

-El corto plazo también lo marca la elección, ¿hay tiempo para que esos cambios tengan impacto y cambien el resultado que se dio en las PASO?

-Parte de nuestro acuerdo como coalición después de la elección fue ponernos como objetivo mirar el 2023 y no tanto la elección de noviembre. Si la sociedad ve que tomamos con constancia un camino de recuperación de inversión, del empleo y de la clase media argentina, finalmente lo va a valorar a la hora de una elección. Nosotros tenemos que mirar los próximos dos años, no solo los próximos 30 días.

-¿Le bajan el precio a la elección de noviembre?

-No, no, no, la elección que viene es importante porque nos va a dar los diputados para aprobar leyes claves que hoy tiene la Argentina en esto de generar empleo. Nosotros queremos diputados que nos den la posibilidad de avanzar en las Leyes de alivio fiscal para poder crecer el año que viene.

-Hay razones objetivas que desembocaron en la derrota del Frente de Todos en las PASO. ¿Por dónde pasa la autocrítica?

-Por ahí no supimos contar bien. Yo creo que el esfuerzo en el cuidado de la vida, en la construcción de los hospitales modulares, en la duplicación y triplicación de las camas de terapia y el poner tanto énfasis en la vacunación…

-¿Eso les hizo perder la elección?

-No, no, no (remarca). El poner tanto énfasis en la comunicación de eso nos hizo perder el énfasis en contar otras cosas. La lectura o la definición respecto de qué valores elige la sociedad a la hora de votar es lo que se da en la compulsa electoral. Y efectivamente puede haber un castigo por tal o cual situación. ¿Cuál fue tal o cual situación? Para mí no hay una situación, para mí es la suma de positivos no contados y negativos acumulados.

-¿La peculiar dinámica de gobierno entre Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner es un factor que pesó al momento de la elección de las PASO y puede repetir su peso en el comicio del 14 de noviembre o no?

-A mí me parece que hay una estética de poder nueva en el gobierno y en la oposición no solo en la Argentina: sucede en Uruguay, Chile, Perú, pasa en toda América Latina y en Europa. Cuando apareció toda la discusión alrededor del resultado de la elección, el cambio de Gabinete, las renuncias o no renuncias, la única declaración que hice yo en ese momento fue: ‘Les recomiendo a todos los que se sienten inquietos que vuelvan a ver Borgen’.

 

-Sí, es una serie.

-Que describe cómo funciona la democracia.

-Pero es una serie...

-No, disculpe, describe cómo funciona la democracia en un país escandinavo. Entonces, no entender que en las democracias de coaliciones puede haber discusiones y tensiones es no comprender las democracias modernas. Es no entender que la velocidad de la información y de la demanda del ciudadano de alguna manera obliga a readaptar los sistemas democráticos a nuevas realidades.

-Esta readaptación fue un poco violenta por lo que se vio públicamente: hubo casi un vaciado de Gabinete y pareció poner en riesgo…

-¿Por qué vaciado?

-Porque hubo varias renuncias.

-Tres ministros de 20 se cambiaron.

-No, renunciaron varios en un día y se fue el canciller, renunció el jefe de Gabinete, renunció el vocero del Presidente…

-El Canciller renunció cuando se decidió el cambio de Canciller.

-Hubo una situación de presentación de renuncias.

-Pero salieron tres ministros.

-Pareció más House of Cards que Borgen, ¿no?

-Bueno, es una serie también. El problema es que cuando te conviene me hacés la comparación con las series y cuando no te conviene decís que son series. El problema de fondo es entender que en la era de la instantaneidad y de la información, cosas que antes eran parte del microclima, hoy son noticia. No nos tiene que dar miedo que haya debate, que haya pluralidad de opiniones, en la medida en que las coaliciones mantengan el espíritu de unidad en la diversidad.

-¿Pero el día después de las PASO no hubo una sensación de que se podía romper esa unidad?

-No, no.

- Nunca existió esa posibilidad?

-No.

-¿No hubo una reunión en Casa de Gobierno dos días o tres después de las elecciones y se debatió la posibilidad de una ruptura del Frente de Todos?

-No.

-¿Y qué hubo?

-Hubo opiniones diversas en reuniones que se hicieron acá en el Congreso y en Casa de Gobierno, de cómo ordenar el gobierno hacia adelante, que es la discusión propia de una coalición cuando hace una propuesta y la sociedad no la acompaña con el voto.

-La pregunta es si esa situación compleja se puede repetir en caso de una derrota en noviembre.

-No, a mí me parece que hay como un morbo, una fantasía de muchos periodistas de ver cuándo y cómo se rompe la coalición de gobierno. En algún momento también fue un morbo alrededor de la ruptura entre el radicalismo y Macri. Todo tiene que ver con que cuando uno administra intereses hay tensiones y pasiones. Eso genera debates y es sano.

-Si el Frente de Todos pierde las elecciones de noviembre…

-Al otro día vamos a estar gobernando la Argentina.

-¿No va a haber fractura, ninguna renuncia?

-No. En todo caso lo que hay que saber es que en la Argentina el Poder Ejecutivo es unipersonal y el Presidente tiene todos los días a disposición la renuncia del primero al último de los funcionarios. Todos son fusibles y hombres a disposición de una persona que es el Presidente de la República.

-¿Pueden volver a saltar fusibles por una nueva derrota?

-Lo decide el Presidente. La coalición gobernante puede acercar opiniones pero es una decisión y una facultad exclusiva de Alberto Fernández.

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