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La lección de los dinosaurios

Sergio Dellepiane

En un mundo incierto no necesariamente sobreviven los más fuertes, sobreviven quienes se adaptan más rápidamente a los cambios del entorno. Sobreviven los más flexibles, quienes pueden adaptarse a los shocks inesperados.

Hace millones de años. Los dinosaurios eran los animales más fuertes del planeta. No tuvieron la flexibilidad necesaria para adaptarse.

La Ciencia Económica, en la vastedad de su campo de análisis, ha podido cuantificar el valor de la flexibilidad laboral o, lo que es lo mismo, la adaptabilidad del hombre a los cambios inesperados.

En 1976, Myron Scholes, Fischer Black y Robert Merton hicieron uno de los descubrimientos prácticos más importantes en la historia de la economía y las finanzas. Descubrieron cómo cuantificar el valor de la flexibilidad a través de la fórmula denominada en su honor “Fórmula Black-Scholes-Merton”, por el mundo académico.

Publicaron el desarrollo de sus descubrimientos en “The Pricing of Options and Corporate Liabilities” – Black & Scholes – “Journal of Political Economy” – May/Jun 1973, y “Theory of Rational Opction Pricing” – Merton – “The Bell Journal of Economics and Management Science” – Spring 1973.

A través de la formulación cuantificada, los autores demuestran que el principal determinante del valor de la flexibilidad es la incertidumbre… ¡y puede medirse!

“Porque la manera tradicional de valuar los recursos ignora el valor de la flexibilidad es que las opciones reales alternativas tienen una importancia estratégica invaluable”.

Sin incertidumbre, la flexibilidad no vale casi nada. Si el futuro es predecible entonces, la rigidez e inmovilidad (el “stato quo”) es eficiente. Para qué cambiar si así estamos bien.

Por el contrario, con alta incertidumbre la flexibilidad vale muchísimo porque es la flexibilidad la que permite adaptarnos a los cambios. Este axioma se aplica en muchos campos de la vida humana, desde la economía real, las inversiones, el deporte e incluso a la vida conyugal.

“Tener la opción de decidir más adelante si continuar o cambiar, tiene real importancia en las decisiones humanas sabiendo, además, que este valor crece con la volatilidad a la que nos enfrentamos al tomar una decisión”.

Transcurrido más de un cuarto del S.XXI, vivimos en un mundo de enorme incertidumbre. ¿Cómo impactará la Inteligencia Artificial en nuestras vidas?, ¿Qué industrias dominarán el mundo del trabajo en 5 o 10 años?, ¿Qué tipos de empleos desaparecerán y cuáles surgirán a corto, mediano y largo plazo?, ¿Cuáles serán las habilidades, destrezas, conocimientos y herramientas más apropiadas para desempeñarnos proactivamente en los próximos años?, ¿Qué consecuencias económicas, demográficas, migratorias, bélicas tendrán los cambios geopolíticos que se están gestando?

En este contexto de mutación dinámica permanente, la capacidad de adaptarse (ser flexibles) es y será central para sobrevivir porque cuando se incrementa la volatilidad (incertidumbre) lo que adquiere mayor valor no es la promesa de estabilidad sino la capacidad de reacción.

Es la flexibilidad la que nos permite movernos hacia los empleos del futuro. La rigidez intenta, vanamente, proteger empleos del pasado y por lo general, sólo demora más de la cuenta, lo irreversible.

En mercados rígidos el trabajador es un rehén de su última especialización. La cultura inflexible del “trabajo para toda la vida” ha sido arrasado por el tsunami de la dinámica productiva. Cada día transcurrido se vuelve más vigente la sentencia de C. Darwin “La supervivencia del más apto”. Del más flexible, podríamos agregar, sin temor a equivocarnos.

En un mundo donde tecnología, geopolítica y productividad cambian a velocidades impensadas por lo vertiginosas, la rigidez protege estructuras anquilosadas y hasta perimidas, mientras que la flexibilidad preserva al capital humano que acepta resetear su fuente de supervivencia.

Es admitir que debemos pasar del “único trabajo para siempre” a la “seguridad de la empleabilidad dinámica”.

En los mercados laborales flexibles, el trabajador y la empresa que lo ha contratado pueden y deben reinventarse frente a las nuevas oportunidades que el mercado les ofrece. Al adoptar el criterio de flexibilidad, el trabajador no posee/ocupa un puesto, en realidad tiene una cartera de opciones de potenciales posiciones laborales que puede ocupar según evolucione el mundo, aparezcan las alternativas y se multiplique la demanda de trabajo.

No es casual que, en la actualidad, los mercados laborales más dinámicos y con menor desempleo del orbe, Dinamarca, EE.UU., Nueva Zelanda, Hong Kong, y Singapur sean los más flexibles en este campo.

Los mercados laborales flexibles, al permitir que los trabajadores se muevan rápido entre diferentes sectores reducen el desempleo estructural al disminuir los costos de contratación, aceleran la adaptación de los trabajadores a las nuevas tecnologías, mejorando los niveles de productividad y sus propios ingresos, incrementan la capacidad de transferencia tecnológica entre industrias y dinamizan el aprendizaje colectivo ( no olvidemos que el conocimiento es una actividad realizada por seres inteligentes que crece a medida que se lo comparte).

En definitiva, la flexibilidad es un reaseguro que nos permite movernos hacia empleos del futuro y a no morir junto a las industrias que inexorablemente desaparecerán.

Ejemplos abundan por doquier.

No hay peor ciego que el que no quiere ver.

“El hombre razonable se adapta al mundo, el irrazonable persiste en intentar adaptar el mundo a él” – GEORGE BERNARD SHAW (1856 – 1950)

“La medida de la inteligencia es la capacidad de cambiar y adaptarse” – ALBERT EINSTEIN (1879 – 1955)

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