José Luis Marzo, la historia de un goleador sin filtro ni casete
El ex futbolista paranaense repasó sus batallas en Patronato, Unión de Santa Fe y Crucero del Norte, Atlético Paraná, entre otros tantos clubes en los que jugó y anotó cientos de goles. En una extensa entrevista, El Loco demostró que no se casa con nadie, dice lo que piensa y también recuerda buenos, y de los otros, momentos.
Por Álvaro Moreyra
Sentarse a charlar con José Luis Marzo es, de alguna manera, recorrer el fútbol desde los ámbitos más profesionales hasta el amateurismo casi por amor al arte. Con él no hay casete, no hay frases hechas, habla sin filtro y con la jerga que siempre lo caracterizó: la honestidad en cada palabra. Es que El Loco habla prácticamente como jugaba: de frente, buscando el choque si es necesario, pero siempre con el arco en la mira.
En una entrevista humana y descarnada, el ex goleador paranaense habló su trayectoria y, lo que es más importante, habló de su presente.
Durante la charla, uno de los puntos más álgidos del relato de Marzo fue su capacidad para olfatear el éxito, o el fracaso, antes de que ruede la pelota. Sucede que para el ex delantero, el fútbol no es una cuestión de presupuestos millonarios, sino de energías grupales que se gestan en la intimidad del grupo.
“Recuerdo que nosotros con Patronato éramos un plantel humilde que íbamos al frente. Éramos hermanos, o marido y mujer como Riquelme y Palermo: terminaba el entrenamiento y capaz ni nos hablábamos, pero en la cancha eran 100% el equipo”, recordó con la mirada fija, evocando aquel ascenso del Argentino B al A, allá por 2008.
Para el paranaense, la clave era el respeto profesional por encima de la afinidad personal. Esa “energía” es la que, según él, hoy les falta a muchos equipos que tienen grandes nombres, pero poco espíritu.
En este marco, en contraposición a lo que aconteció con aquel recordado equipo de Patrón, su paso por Crucero del Norte de Misiones le dejó una enseñanza sobre los límites del poder económico y la discordia interna. “Le dije al presidente ‘usted no se mete más al vestuario’. Se metía él y la señora en el entretiempo al vestuario... eso no existe. Los jugadores tienen que tener su espacio”, sentenció.
Haciendo memoria, Marzo describió aquel vestuario misionero como un lugar fragmentado: “Tenían toda la plata del mundo, pero no ascendían porque el grupo estaba roto. Había dos o tres por acá, cuatro por allá; era un plantel separado. Le planteé que había que sacar a los que generaban discordia y recién ahí pudimos subir”. Esa honestidad brutal le valió el ascenso, pero también algunas miradas de reojo en un ambiente que a veces prefiere el silencio.
Un DT especial
Uno de los entrenadores que fue recordado por El Loco Marzo en la charla fue Edgardo Cervilla. Sucede que la relación entre ambos fue una dialéctica constante entre la admiración y el choque de egos de dos tipos que no se guardan nada.
“Era una persona que te entrenaba, pero te enseñaba a la vez. Si él decía en la semana que una jugada iba a ser de tal forma, había que hacerlo porque el domingo salía así, no fallaba”, admitió, reconociendo el estudio casi obsesivo que el técnico santotomesino hacía de los rivales.
Incluso rescató una anécdota de espionaje digna de una película: “Se fue con un periodista de Paraná a Río Cuarto (el rival era Atenas), se hizo pasar por cronista y se metió en el entrenamiento. Al otro día nos dio una charla magistral; sabía exactamente qué iban a hacer ellos. Perdimos allá por un tema del árbitro, pero acá les pintamos la cara porque el tipo había estudiado hasta cómo respiraban”.
(Más información en la edición gráfica de la revista ANALISIS, edición 116, del día 23 de abril de 2026)






