La obra decepciona si los actores no honran su papel
El malestar social crece exponencialmente, pero las reacciones colectivas se demoran. La prepotencia combinada con la indiferencia que caracteriza a una parte sustantiva de la dirigencia política -de todos los colores- llevó, en los últimos años, a lanzar una y otra vez la pregunta ¿cuánto más se puede aguantar? Las cosas no están bien. Los malos resultados que arroja la economía presente, provocada en parte por un plan invertebrado, se sienten en el bolsillo. Víscera especialmente sensible solía decir un dirigente del siglo pasado y es, aún hoy, un dicho con plena vigencia. La situación, que no es novedosa en términos históricos, va renovando todo el tiempo aquella incógnita sobre la soportabilidad del ser y la potencia. La devolución tan ansiada, sigue sin llegar. ¿Nos acostumbramos a la crueldad? ¿Una alteración en el espíritu nos impide reaccionar y reclamar?
Por Néstor Banega
Por mucho menos, no hace tanto, hubieran pasado cosas. Ahora, es como si no pasara nada, aunque pase de todo.Más allá de eso, mientras intentamos comprender los orígenes de este presente de paz social, cuerpos tensos y cabezas reventadas, abordemos algunas cuestiones para sumar a un debate que, aunque desorganizado, va apareciendo.
Sin moderadores, la conversación se va picando. Sobran los motivos. La recaudación en todos los niveles del Estado está por el piso. El ajuste es la única opción.Una versión acotada de atrapados sin salida protagonizael conjunto de gobernadores e intendentes. Tendrán que hacer realidad el Pacto de Mayo. Muchos mandatarios recordarán qué frío estaba la noche que lo suscribieron. Algunos temblaban.
El Estado nacional se retira (cada vez más y más rápido) y las provincias deben asumir costos (cada vez mayores) por lo que obliga también a los municipios a sentir el temblor. No se debería perder de vista la humanidad que se asienta en esos territorios al momento de analizar lo que va pasando.
Un teatro de operaciones que se parece a un campo minado. Cada paso debe darse con algodones, para no errar y volar por los aires. Parafraseando podemos decir que el recurso está desaparecido y las necesidades aumentan hasta el infinito.
No hay presagios en todo esto. Es solamente una descripción respetuosa y está atada a lo que decimos en los primeros párrafos. Recordemos detalles que marcaron el camino que nos trajo hasta acá.
En octubre de 2025 (mes de elecciones) el presidente Javier Gerardo Milei, en acomodado diálogo con uno de sus periodistas amistosos (Esteban Trebucq, +Verdad, en LN+) anticipaba que “pasada la pirotecnia electoral, hay un consenso a donde tiene que ir la Argentina. Mi compromiso es con los argentinos: bajar la inflación. El 30% me produce asco. Nosotros fijamos la cantidad de dinero a mitad del año pasado. Si el rezago de la política monetaria, acorde a nuevos estudios que dicen que son 26 meses, para agosto del año que viene la inflación va a ser cero”, explicaba enjundioso el líder libertario.
Estamos en abril de 2026 y la inflación lejos del cero todavía. Es más, el acumulado trimestral va superando con amplitud lo programado en el presupuesto nacional para todo el año. Le queda margen (escaso) para corregir. La espera no es fácil. Los nervios aumentan. Los bienestares no llegan o son para muy pocos.
Los cruces, de la conversación política, hasta ahora, la van entre fintas y amagues. Nadie tira el primer golpe. Los rivales se estudian. Los espectadores, a la espera. Así estamos, sin saber a cuantos asaltos es el combate.
En tiempo presente
Esta coyuntura,rica en matices, no se explica correctamente (todavía) yhabilitó, con sus vaivenes, la vuelta de esa manía insultadora del presidente de la Nación, Javier Milei. No pierde oportunidad de indicar aquello que le genera repugnancia.
Se desconoce si todo marcha de acuerdo al plan, porque en verdad nunca se conoció demasiado de qué se trataba. Empezaron a aparecer los refutadores.
Cada crisis estomacaldel mandatario es potenciadapor su séquito de guardaespaldas cibernéticos y eso es malo, muy malo, para la comunidad. Esas formas, que,en definitiva -el tiempo lo comprobó- son de fondo, se caracterizan por ser básicamente disolventes. Hay que decirlo por las preocupantes consecuencias.
Por momentos es insoportable. Hace tiempo señalamos que no se debe naturalizar lo incorrecto, la mala educación. Pero parece que se hizo costumbre. Es una alarma que no deja de sonar.
(Más información en la edición gráfica de la revista ANALISIS, edición 116, del día 23 de abril de 2026)






