Confusa, a la política entrerriana la reinventan desde afuera
Derrumbe, desaparición, absorción, conforman el abanico de posibilidades. Sin líderes capaces de amalgamar y conducir, entró en fase terminal un sistema en el que, hasta hace poco, eran esenciales. Los partidos políticos languidecen. Tremendo. Si no reaccionan, serán pasado absoluto. ¿No habrá retorno? Quién sabe. Mediadores entre la sociedad y el Estado, están en crisis. Las fallas para tan magro presente, son obra y gracia de sus actores principales (¿dirigentes?).Los cuestionamientos a la representatividad no nacen solo de peleas discursivas o diferencias ideológicas. Es otra cosa, profunda y no sirve como excusa la irrupción de la inteligencia artificial.
Por Néstor Banega
El cuadrilátero, frente al silencio,espera. Las plazas están vacías. No se confronta. Todo es formalismo. Algún movimiento para dar razón de vida. Modo agonía, una cáscara vacía.
Así, la política entrerriana, anodina, confusa, se reinventa como puede, pero al ritmo -en estos tiempos- lo marcan desde afuera. La nueva lógica centrada en lo digital también hace lo suyo, pero la pérdida de músculo propio viene desde muy atrás y determina el presente. Falta reacción.
Hasta hace poco los partidos políticos eran instituciones fundamentales del sistema democrático. La letra sigue en pie, pero la realidad es crítica. Catalizadores de pasión y sustentados en valores pugnaban por seducir mayorías. Espacios con historia. Fortalezas, puntos de partida. Territorio de formación. ¿Y ahora?
Deben, alarmados, reinventarse, porque de lo contrario no tendrán ni luz ni sombra. Lo que pueda resultar de ese proceso moroso y surgido a los empujones, es incógnita. Mientras tanto todo lo que quedó de otros tiempos, gira alrededor de nombres. Nada más que nombres.
Poca idea, nulos programas. Solo nombres. Rutilantes algunos, pero la mayoría de las veces, de otros pagos. Los reacomodamientos ya ineludibles nacen alrededor de figuras que logran, trabajosamente, llamar la atención. O que llaman la atención intentándolo. Hasta protagonizando escándalos con tal de ser tenidos en cuenta.
Si pueden, ocupan la centralidad, para avanzar en la búsqueda del poder o mantenerse en él. El mecanismo, es el mismo. No importan los colores ni los antecedentes. El fin justifica los medios. ¿Los justifica?
Aquel fragor por interpretar el interés ciudadano, lograr la confianza para luego conducir las instituciones, abriendo la posibilidad de, en el marco democrático, motorizar procesos transformadores, agoniza. Lamentable.
Los partidos políticos, en la provincia, pelean para no ser un mal recuerdo. Tiempos líquidos. Pero el ritmo y sentido de esos movimientos buscando supervivencia los están dictando desde afuera. Dejar de ser es un dolor. Readaptarse, es problemático.
(Más información en la edición gráfica de la revista ANALISIS, edición 1171, del día 11 de junio de 2026)





