Entre Ríos, cada vez más elegida para el tránsito internacional de drogas

La ruta del león, el delfín y el caballo

Edición
1171

Un control vial en el norte entrerriano terminó con la captura de un pez gordo del narcotráfico nacional con 260 kilos de cocaína de máxima pureza, que expone la nueva geografía del narcotráfico regional. Los ladrillos de droga llevaban impresos los sellos de diversas marcas de bandas trasnacionales (león, delfín, caballo). El cargamentono tendría como destino Entre Ríos sino el contrabando a Europa. La causa quedó en el Juzgado Federal de Concordia. El gobernador Frigerio y el ministro Roncaglia presentaron el operativo como un resultado directo de la política de refuerzo de controles fronterizos. El hecho se produce en un momento de turbulencia narco regional, con toneladas de cocaína moviéndose por rutas aéreas y terrestres hacia Santa Fe, Entre Ríos y por el río Paraná.

José Amado

Era la noche del jueves 28 de mayo cuando dos efectivos apostados en el Puesto Caminero "Puente de Hierro", sobre la Ruta Provincial Nº 28, en el norte del Departamento Feliciano, vieron acercarse un Mercedes Benz gris plata. El vehículo ingresaba desde la provincia de Corrientes, cruzando el límite por la localidad de Sauce. Era un control de rutina, pero el conductor, en lugar de detenerse ante la señal policial, aceleró en dirección a Feliciano. En ese momento comenzó una persecución que revelaría que las grandes organizaciones de narcotráfico trasnacional tienen a Entre Ríos como parte de su ruta para los grandes cargamentos de cocaína.

Cuando los policías de la Dirección de Prevención y Seguridad Vial detuvieron la marcha del lujoso vehículo, comenzaron a interrogar a los dos ocupantes: un hombre cincuentón y un chico que no llegaba a los 20. Son efectivos que paran y conversan con cientos de conductores diariamente y desarrollan una intuición extraordinaria. Es la única explicación al origen del descubrimiento, porque el conductor tenía todos los papeles en regla, el auto lo había comprado él mismo dos meses antes y les contó de dónde venían y hacia dónde iban. Algo no les cerraba a los policías, estiraron el procedimiento y continuaron la conversación durante unos 20 minutos. Miraron por la ventanilla y observaron las mochilas negras ubicadas en la parte trasera del auto. Cuando le pidieron al conductor si no tenía problemas en abrirlas para mostrar lo que tenían adentro, el hombre empezó a ponerse nervioso. Tras un silencio, encendió el motor y pisó el acelerador hasta el fondo.

Los efectivosactivaron un operativo cerrojo. Los móviles policiales entrerrianos iniciaron la persecución por la ruta 28. El Mercedes Benz patente AD484CZ, con chapa duplicada, circuló a alta velocidad durante varios kilómetros levantando polvareda y piedras sobre el ripio. En la fuga, los ocupantes del vehículo arrojaron por la ventana bolsos y mochilas que contenían la carga de droga. La maniobra no les alcanzó para escapar. A escasos kilómetros del ingreso a la ciudad de San José de Feliciano, los prófugos rompieron el neumático delantero izquierdo. Siguieron marchando así, como pudieron, hasta que los interceptaron y los dos ocupantes fueron detenidos.

Llegaron al lugar los policías del puesto caminero y vieron que los bolsos no estaban. Comenzó la búsqueda por la zona y hallaron esparcidos sobre la banquina del camino, los bultos descartados durante la huida: 260 kilogramos de cocaína de máxima pureza distribuidos en aproximadamente 250 panes. En un rastrillaje posterior de la zona, realizado por orden de la jueza federal de Concordia, Analía Ramponi, los efectivos hallaron, además, a unos 30 metros del lugar donde se recuperó la droga, una pistola calibre 9 milímetros con cargadores y municiones, un cuchillo y varios teléfonos celulares. La pistola tenía una particularidad: una rosca en la punta del cañón para colocarle un silenciador, aunque este complemento no se encontraba.

El conductor identificado fue Carlos Manuel Fiordelino, rosarino de 53 años, radicado en la provincia de Corrientes. Su nombre no era desconocido para quienes investigaban el narcotráfico en Argentina, aunque hacía varios años que no se lo escuchaba nombrar porque estuvo preso hasta febrero. Entonces, al principio los policías no sabían que tenían arrestado a un pez gordo del narcotráfico nacional.A inicios de la década pasada, Fiordelino había integrado la lista de los diez prófugos más buscados del país. Su trayectoria judicial es extensa: en 2011 fue detenido con 55 kilos de marihuana en Funes, provincia de Santa Fe, y pocas semanas después se fugó de la Alcaidía Mayor de Rosario sin mayores inconvenientes, caminando hacia la calle. Durante cinco años operó con identidades falsas.

Fue recapturado recién en julio de 2016 en Escobar, por detectives de la Policía de la Provincia de Buenos Aires, en un operativo que dejó en evidencia su nivel de peligrosidad y los recursos a su disposición: en ese procedimiento se le secuestraron 900 gramos de marihuana, casi 300.000 pesos en efectivo, un fusil de asalto táctico M4 con tres cargadores completos y una pistola calibre .380 con silenciador. Las sentencias acumuladas en causas tramitadas en Santa Fe y en La Plata fueron unificadas en una condena de 14 años de prisión. Pese a ello, en marzo de 2025 el Tribunal Oral Federal N.º 1 de Rosario le otorgó la libertad condicional. Fijó domicilio en Corrientes. Según los investigadores, desde entonces habría retomado actividades vinculadas al tráfico de drogas, utilizando esa provincia como base de operaciones.La investigación que a principios de la década pasada condujo a la detención de Leonardo Popea —dueño de una cocina de pasta base en Rosario desde la que se distribuía droga en seis ciudades del sur santafesino— se había iniciado de manera colateral a una causa en la que se investigaba precisamente a Fiordelino. El operativo "Otoño Blanco", en mayo de 2013, desarticuló esa red con 23 allanamientos, 29 kilos de cocaína y 15 detenidos.

 

(Más información en la edición gráfica de la revista ANALISIS, edición 1171, del día 11 de junio de 2026)

Edición Impresa

Edición Impresa