Un periodismo que hacía falta

Por Luis María Serroels

Corría el año 1981. Paraná, como todo el país, asistía a los iniciales estertores del autodenonimado Proceso de Reorganización Nacional que pronto desembocarían en sus funerales políticos tras la alocada decisión de salvar su continuidad enviando a la muerte a valientes compatriotas en una locura propia de un enajenado enfermizo por el poder y por el alcohol. Tras la incomprensible guerra basada en una indisimulada sed de salvataje del poder, comenzó la mansa retirada pre salida democrática, dejando detrás el tendal de atropellos contra los derechos humanos, sembrando tortura, muerte y desaparición forzada. E instalando un dolor inenarrable en familias enteras y en toda la sociedad nacional. Así nos fueron refrescando los aires bienhechores de la libertad que despertaba de la pesadilla y le abría las puertas al imperio de las leyes y el reinado del derecho.

Por ese entonces el periodismo lugareño estaba condicionado por el poder pero también por empresarios temerosos por un lado y por el otro obsecuentes,  quizás, por razones de supervivencia.

En medio de ese clima nos fuimos desenvolviendo. Las que eran conversaciones forzadamente a sotto voce para intercambiar los hechos más sobresalientes y hasta para medir los riesgos –que en periodismo habitan junto a cada máquina de escribir-, se transformaron en aire renovador y ya fueron charlas abiertas alrededor de la mesa del café- (infusión oficial de hombres y mujeres de prensa: redactores, fotógrafos y todo bicho que caminaba por los diarios, las radios y los canales embrionarios).

Tras los funerales políticos definitivos de los “procesistas” de las Juntas Militares y en el andar hacia el “Señores jueces: Nuca Más” que pronunciara el fiscal Julio César Strassera, el andar periodístico cobró nuevos bríos hasta que un día nos sorprendió a los cuasi veteranos de una profesión que nunca culmina, un jovencito que en dicho año desembarcó en la que sería denominada Ciudad Paisaje. Había llegado desde Reconquista (Santa Fe) en febrero del ´81 para culminar su período de servicio militar en nuestra 2da. Brigada Aérea hasta su baja en diciembre de 1982. Imposible imaginar lo que le reservaba el destino.

Sobrevoló la carrera de Comunicación Social de la UNER pero, como algunos otros, se acercó a los mayores convirtiéndose en uno más. Realizó tareas en la redacción de El Diario (Paraná) y anduvo luego por Página 12, Clarín, Tiempo Argentino, Noticias, El Porteño, Tres Puntos, Humor y Veintitrés. Por si algo faltase, canales de TV y radios le cimentaron el camino hacia la obtención de valiosos premios nacionales e internacionales. Pero además, resulta  imposible cuanto injusto soslayar que hoy ya está escribiendo su libro Nº15, producto de su insaciable sed literaria y su espíritu de investigador nato, especialista en generarles insoportables cefaleas a los corruptos que saquean el Estado preferentemente.

Fue necesario incursionar en esta historia de Cateto (así lo llamaba una profesora en la secundaria), para llegar al acontecimiento que celebramos este lunes 6 de abril: una criatura editorial que tras vencer innumerables problemas y sortear vicisitudes, hoy cumple 30 años, habiendo sacado a la calle más de 1.000 ediciones.

¿Por qué todo este introito? Simplemente porque hay una historia compartida desde el vamos. Un arranque impensado para quienes no lo conocían a fondo y además sorpresivo para quienes nunca se nos había ocurrido semejante iniciativa.

Paso a la primera persona: por esa época me desempeñaba como Corresponsal de Clarín y de allí que le abrí las puertas a Daniel para que me reemplace los fines de semana, y como ladero compartimos la investigación de hechos resonantes que movilizaron a todo el periodismo regional y nacional, donde participó también Rubén Pelito Sarmiento, Julio Blanco, el Nono Ruiz y alguna vez el inolvidable Flaco Augusto Larrea eran los fotógrafos todo terreno.

Cierta tarde mientras me hallaba en mi oficina de la calle San Martín 755, llegó el Dani Enz con ciertos síntomas de una tenue exultación. ¿La razón? Se le había ocurrido fundar un semanario y me requería como columnista. Comprobado estuvo que se hallaba en sus cabales, lo escuché detenidamente pero con malas noticias en razón de mi dedicación full time al matutino de Roberto Noble. De todos modos no hubo un no contundente sino un elegante “dejámelo pensar”.

Al día siguiente mientras rumbeaba al encuentro de Antonio Tardelli –miembro de la banda- para proponerle sumarse a esta “cofradía”, Enz hizo escala en mi local. Su sorpresa fue doble, porque además de escuchar el sí de mi parte, recibió de mi mano nada menos que la primera nota que se redactó. Y así siguió la aventura que transcurrió tres décadas y que, además de ser un valioso aporte editorial, se fue convirtiendo en una suerte de centro educativo para jóvenes de ambos sexos que buscaban iniciarse en esta maravillosa profesión. Una suerte de semanario-escuela, si se acepta esta expresión, que venciendo dificultades y coleccionando amenazas anónimas, es un testimonio de compromiso con la verdad y lucha contra la corrupción.

Nuestro rico y maravilloso idioma –que a menudo es tan maltratado en los medios- señala que la palabra “quimera” significa “sueños o ilusión, que es producto de la imaginación y que se anhela o se persigue pese a ser muy improbable que se realice”.

Pero también la Real Academia consigna estos términos: “porfía, tenacidad, empecinamiento”. Por allí anduvo el forastero que vino en 1981 a esta hermosa ciudad. Nacido, criado y malcriado en Reconquista, seducido por una incipiente vocación periodística y luego de vocear tempraneramente los diarios en una esquina de su ciudad, amarró sus sueños en la capital entrerriana.

Abrevó en la experiencia de los más viejos (donde el siempre recordado maestro de maestros Guillermo Alfieri hacía fácil de comprender lo que otros jamás supieron explicar).

Saltando entre las parcelas del saber vulgar, entre los libros elementales de la sinonimia, en el clásico planteo básico del “qué, quién, cómo, cuándo, dónde, porqué” y hasta el editorial comprometido, el reportaje y la investigación de la cual Enz sabe un montón, poniendo nerviosos a los más tranquilos, se arriba hoy a los 30 años de algo que empezó siendo un sueño y se convirtió en una realidad que la sociedad ha sabido reconocer. Producto genuino de periodismo provinciano. Hasta hoy: 1.110 ediciones.

“Las grandes obras la sueñan los santos locos, las realizan los luchadores natos, las aprovechan los felices cuerdos y las critican los inútiles crónicos”. (Koto, poeta japonés). Cuando se trata de un esfuerzo editorial, tiene un doble valor.

    

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