Las desobediencias de Ghandi 

Por Carmen Úbeda (*)

¿Avanza la libertad dominante o una monarquía brutal? Todo comenzó así…

Dos postales darán la respuesta. Una, la de un Presidente de balotaje que emite un discurso anodino y más bien vulgar a espaldas de los “representantes del pueblo”. La otra, la fotografía de un “rey” sentado y sus circunspectos y estáticos cortesanos más o menos hábiles, más o menos aptos, más o menos decorativos. Menos que más. La intención no es preservar ni a la “corte real” que lo rodea, aun cuando ella esté integrada por los autores intelectuales, autores materiales, cómplices y testigos, ni a los presuntos “representantes del pueblo” que en su mayoría sólo se representan a ellos y a sus intereses. La disposición, el gesto y la centralidad del mandatario representan la sorda y acatada expresión de “L'État, c'est moi”. Luego, en la otra estampa, importa el gesto discursivo del primer mandatario. El razonamiento es: si el Congreso Nacional representa a las provincias y a los ciudadanos, el presidente emite una clara señal de su desprecio o al menos su desconsideración al pueblo en general, a las urgencias reales de los ciudadanos y a los intereses regionales y/o provinciales que conforman la Nación y sin los cuales ella misma no existiría.

Sin embargo, aunque esté tan internalizado el cliché de que una imagen vale más que mil palabras, estas últimas son las únicas que anclan el sentido. Entonces ¿qué palabras estaban demandando estas imágenes para comprender algo del excéntrico mandatario (más allá de su preocupación por los caniles de sus chicos de cuatro patas, de la fuerza del cielo o de su simbiosis fraternal)? ¿Cuáles para enmarcar dentro de una República y de un sistema democrático con un mega DNU o una Ley Ómnibus que se presentaban de urgente tratamiento o aprobación? Cuando dice que su promesa y su propuesta garantizarán la felicidad de “las personas de bien”, una cotidianeidad mejor, el crecimiento, el trabajo, el desarrollo y vida libérrima, debe leerse sometimiento, esclavitud, desconocimiento de los recursos naturales, del “capital humano” y atropello a las voluntades provinciales y regionales. ¿No era éste el precandidato cuya insistencia agobiante estaba referida a una progresiva disolución del Estado (en consonancia con su admirado Juan Bautista Alberdi al asegurar que “el Estado es omnipotente y avasalla las libertades”)? ¿No era éste el postulante a la primera magistratura que atribuía todos los males a un Estado prepotente y endogámico? ¿No era éste el ganador en primera vuelta que se comprometía a terminar con el déficit fiscal, pero nunca a costa de los “ciudadanos de bien”? (¿Cuál será para él la diferencia entre “personas de bien” y su opuesto: “personas de mal”?). Aquí sí corresponde una respuesta. El presidente legítimamente elegido que se autoatribuye el 56% y se olvida de su caudal “propio” (por el que perdió en la general ya que sólo cuenta con un puñado de legisladores) ¿iba a disolver “la fuerza opresora” del Estado con el instrumento del Estado mismo, desmesurado y voraz: un DNU con seiscientos y picos de artículos y una Ley Ómnibus que implicaba más de trecientos? ¿Nadie vio, en ese momento no ahora, lo disparatado de pretender una reforma constitucional por decreto o por la avalancha de seiscientas leyes en el Parlamento? ¿No percibíamos la megalómana postura de un solo hombre convertido en Congreso General Constituyente? Para los que observamos la realidad tratando de ayudar a comprenderla y a transformarla, preocupaba y ocupaba la negación de lo evidente que sostenían grandes sectores populares. Deberá atribuirse al pensamiento absolutamente precientífico de que la esperanza es lo último que se pierde y que un mes era demasiado corto trayecto.

Las raras aguas en las que abrevó el Presidente

Fue constante la alusión de Javier Milei a sus férreos mentores en los terrenos de la política y de la economía. Allí se mezclan el austríaco economista Friedrich Hayek y el autor de “Las bases…”, el legista tucumano Juan Bautista Alberdi (no es contradictorio que Montesquieu haya sido su mentor preferido) que, sin ser coetáneos, comparten paradójicamente el aire de época de mediados y fines del siglo XIX. La semejanza radica específicamente en el terreno de lo económico, aunque sería una desinteligencia no relacionarlo con la política económica o propiamente con la política. Para ambos, el mercado debe ir desplazando al Estado hasta hacerlo –utopía mediante- desaparecer. Milei está convencido de que la aplicación a ultranza de este concepto nos volverá a una Argentina perdida. Anarco libertario, romántico y utópico. ¿¡Quién lo diría!? Afirma textualmente que su plan retornará a la Argentina como primera potencia mundial que fuimos (sic). Nuestro país lamentablemente nunca fue potencia mundial. Además, la Nación a la que se refiere es la de “la manteca al techo” y a la de la “vaca atada”. Es de suponer que el lector estará avisado cuál era esta Argentina: la del primer centenario con una elite extremadamente enriquecida cuya diversión en los jóvenes visitantes de la vieja Europa era jugar con la manteca usando de arma un tenedor por aburrimiento o la de las familias patricias que se trasladaban en barco a Europa con vaca propia para tener leche, mientras más del 90% pertenecía a la peonada campesina y preindustrial absolutamente huérfana de derechos, al operador explotado en incipientes fábricas o al administrativo y empleado de comercios con ingresos exiguos. Esa es la Argentina potencia de Milei. Sólo un fortuito azar de inadvertido presagio podría significar lo contrario. Que negar lo evidente no se convierta en el veneno que lance muerte. “Gobernar es poblar”, pronunció para la posteridad Alberdi y enamoró hasta que dijo la hoy discriminatoria expresión “… poblar con ingleses o alemanes”, no con -palabras más, palabras menos- “indígenas y criollos”. También encomió el poder de la educación, pero opacó esas palabras con la descalificación que siguió a ellas relacionadas con la inferioridad intelectual de los nativos con respecto al anglosajón con los cuales quería poblar, establecer negocios y, siendo muy ligeros, regalar el país. Para completar la parábola a la que Milei adhiere con fervor, el último libro de Alberdi (ocultado por los presuntos adeptos seguidores) versa sobre la necesidad de instalar una monarquía Habsburgo en la América del Sud. (No hay punto de comparación ni generacional ni conceptual con Belgrano cuya inclinación también era el sistema monárquico, pero encabezado por un inca).  Tampoco hay que olvidar que “Las bases...” nutriente fundamental de la Constitución del ’60 es la expresión más cabal del centralismo porteño, del unitarismo y que Buenos Aires estuvo presente en ella habiéndose ausentado exprofeso de las otras convenciones donde asistieron todas las provincias. Más adelante, aludiremos puntualmente las alternativas sangrientas y las esforzadas estrategias que le costó a nuestras provincias avenirse a la organización nacional. De cualquier manera, otra vez se presenta multiplicada la megalomanía de este outsider cuando titula al “mamotreto” que iba a enviarse a Diputados “Bases y principios…” de Alberdi.

¿Recordará el presidente con claridad meridiana no sesgada cómo terminó aquella Argentina? El lector lo sabe: con anarquía violenta, con levantamientos proletarios, con estallidos y él “pisaría” estas palabras con el mote de “la inmunda y nefasta Argentina colectivista de Irigoyen”. ¡Qué débil memoria tuvo un sector de la UCR cuando después de cargar con la humillación hacia Irigoyen y de haber deplorado el DNU y la Ley Ómnibus dijo que no iba a liderar una oposición a estos últimos junto con el bloque de Schiaretti, Randazzo, Pichetto y otros! Es difícil suponer que todas estas señales de incomprensibles y hasta inexplicables razones respondan a una evolución del pensamiento o a una auténtica adhesión a las ideas del actual oficialismo. Los hombres, los movimientos y aún los partidos mutan, se aggiornan, se renuevan, pero si algo les da existencia son las innegociables convicciones. Hoy todo parece explicarse con que los partidos son fuerzas en extinción, con que el mundo está cambiando, con que asistimos a otra civilización sin saberlo. Nadie puede negar que los valores universales son los que mantienen vivas las actuales democracias, aunque también ellas estén siendo muy cuestionadas, pero nada tiene que ver con el “modelo” propuesto por Milei, aunque tenga un “grupúsculo” de seguidores en el mundo. La maravillosa Noruega, la admirable Dinamarca, la exquisita Suiza, la respetable Suecia u Holanda responden a un rígido sistema impositivo establecido por el Estado que insume más del 50% de los ingresos de los ciudadanos, pero que patentiza sus altos beneficios en “todas las personas de bien (o no)” devolviendo los debidos servicios. Por el contrario, el nuevo presidente argentino repitió numerosas veces que se cortaría los brazos antes de aumentar los impuestos. Aquí, en la futura Argentina potencia, todo aumentó brutalmente: impuestos, tarifas, alimentos, indumentarias, servicios y nada se percibe como contraprestación. Por estos días, aunque él se considere un pulpo, sólo le debe quedar la cabeza, mientras cierra los ojos para la evasión y la elusión impositiva de los amigos. Si nuestro afán fuera agobiar al lector, la enumeración de contradicciones no tiene límites ni sincrónica ni diacrónicamente.

Davos y el extremismo de un converso

Es oportuno recordar su polémico discurso en Davos, sorpresa para muchos, fascinación para algunos y ausencia para varios. El hombre había perdido completamente la noción de tiempo y espacio. La sustancia de sus enunciados era extemporánea a esa convocatoria de los más ricos entre los ricos. Habló para sí. Fue el manifiesto de un converso extremo, como corresponde. Sus primeros años de enamoramiento con la economía, Milei fue un fanático keynesiano, lo cual es evidente que quiere olvidar. El dogmatismo en contrario da cuenta de ello. Es incapaz de lograr una síntesis. Si sus pensamientos y sus neuronas pudieran encerrarse en una metáfora, serían la de un guiso no logrado. Es el mismo extremo de locura mística que lo mueve en su conversión hacia el judaísmo. Estas últimas opiniones acrecientan la duda de quien escribe ya que, según los historiadores de vanguardia importa analizar los procesos y no las personas que los han conducido. En un acto de mimetismo con el pensamiento popular, ningún proceso se detecta ni se entiende si no es a través de su encarnación en los seres humanos que lo han representado. Es impensable entender el cristianismo sin Jesús, el pacifismo sin Gandhi, el nacismo sin Hitler, el fascismo sin Mussolini, el peronismo sin Perón, la UCR sin Leandro N. Alem, el fin del esclavismo sin Abraham Lincoln y una sucesión de procesos históricos inconcebibles sin sus líderes.

La elección de Milei no es casual, pero tampoco se reduce a una identificación con el simple enojo, tampoco a una adhesión a ideas relevantes, tampoco a 20 años de equivocaciones kirchneristas, (mientras se esconde bajo la alfombra los cuatros años de megaendeudamiento macrista). Es muy complejo de entender y de explicar. Javier Gerardo Milei es eso MI LEY. El yo ante puesto a cualquier otro y el relativismo tanto como la moral ocasional frente a hechos y personas. Para decirlo suavemente, sería la aceptación del permanente devenir, la falta de sorpresa ante cualquier cambio y, por el contrario, con dureza, el imperio del “todo vale”.  Si todo vale, nada vale ¿cómo se distingue uno de otro? Relativismo y egocentrismo absoluto que es lo que verdaderamente identificó a este pueblo con ese hombre ignorando que a ellos sigue fatalmente el despotismo. Ese fue su “pacashing”, “está todo bien”, señalaba por fuera, pero ahora cuando se lo empieza a abrir, rápidamente se asume que sólo está bien lo que manda el monarca y, cuando no puede concretarlo, desprecia normas, leyes, instituciones, democracia, diálogo y aún la Constitución. Así serán los próximos meses, en tanto una avalancha incontenible lo impida. Entonces (como ya está siendo), será la avalancha “prebendaría y clientelista” la que le impedirá llegar a su Argentina potencia. Todo está armado por las venditas redes sociales para que así sea que, contrariamente a lo que se afirma, no revelan una comunicación horizontal: son operadas por trolls que responden a un ciego verticalismo o a una metáfora de los nuevos aplaudidores. MI LEY eximido de culpa y cargo. Y SU LEY está regida por una catarata de insultos, de injurias, de desmerecimientos de personas e instituciones de la República. Entre ellas, el Parlamento, los legisladores, las asociaciones del pueblo, cualquier organización. Inaceptables, inconcebible… Es tan compleja la relación entre este individuo y los votantes en primera vuelta (los de segunda no cuentan, son tornadizos al decir de Maquiavelo) que no resulta incongruente pensar la naturaleza emergente de este hombre. Emergente de un pueblo con estados paradojales, confundido, con carencias o exceso de azúcares, enfermos o abandonado por tres generaciones a su brutalidad. La negación de la evidencia es una estafa y el eufemismo en las palabras una mentira demagógica. Como otrora ocurrió con Menem, hoy circula “yo no lo voté”.  Al respecto, se realizó un nutrido focus group con los que sí aceptaban haberlo votado, pero que hoy se manifiestan arrepentidos. Milei es una vergüenza como presidente para cualquier persona buena o mala, pero esa vergüenza debería volverse sobre sí mismos. No son conscientes de las razones de aquella identificación. Cada uno de los asistentes reconoció estar poco informado sobre a quién votaría. Les resultaba atractivo como factor de cambio. Se interpreta que a este pueblo al que tanto se victimiza, es capaz de una opción por el cambio de cualquier tenor. Se insiste que entre los participantes estaban representadas todas las clases, niveles de instrucción y hasta ciertos rasgos ideológicos del pasado. Sin embargo, el nivel de ignorancia fue el común denominador. Hasta se llegó a decir “no importa, ahora lo van a sacar”. Este nivel de irresponsabilidad atribuido a un hombre con un marcado desorden fronterizo de la personalidad es común a ese 26% que se sumó al presunto 30% que él aportaba. ¿Habrá que aceptar los dichos de los europeos cuando nos recuerdan como “… y, es Argentina”? Hace más de cincuenta años esta indicación estaba referida a nuestro casi inexistente índice de analfabetismo, pero hoy a nuestra inestabilidad, carencia de norte, reacción espasmódica y otras calificaciones de la que se trata tanto de huir en este artículo, aunque sea involuntario caer en ellas. Es un pueblo mal criado, caprichoso, autodesconocido: generalización que debe tomarse como tal en sus errores. MI LEY se va a encargar de despertarlo o de terminar de dormirlo, de empeorar su locura como él o de convertirlos en padres de sí mismos sin andar mendigando como niños chicos progenitores que le den, que le solucionen, que los encaucen. 

Javier Gerardo Milei está enfermo. Lo enfermó su adhesión irrestricta a dos o tres ideas que le sirven de armadura porque carece de estabilidad. Es cierto que estamos ingresando a una insinuada civilización descentrada y heteróclita y que a cada cual le toda su locura de época, pero de ahí a querer ser Alejandro Magno, Napoleón o Julio César hay una distancia, sobretodo, cuando no cumplimos el objetivo delirante haciéndonos presidentes. Porque la libertad es inestabilidad constituye un desafío permanente. Ese desconocimiento o esa negación nos convierte en el pueblo que somos. “Lleva 60 días, hay que aguantarlo hasta los cien… y después se verá”, dicen. Todo parece ser hasta más ver en este país. “Hay que esperarlo” y el cura De la Serna (opción por los pobres) diría inopinadamente y sólo tenido en cuenta por la prensa una vez “Ni un minuto más… ¿qué más se va a esperar? Si es clarísima la dirección y el lugar a donde va a llegar.” Sería temerario analizar estos dichos. ¿Qué significa ni un minuto más? No fue uno sino varios los que en un grupo de más de treinta personas que lo votaron exclamaron “¡Un tiro bien puesto!”. ¿Entiende el lector hasta dónde se puede llegar con un presidente criminal de esta estirpe? ¿Reflexionan sobre que no alcanza ni la carta de CFK ni las agobiantes discusiones televisivas y de redes? Alcanzaría la información previa a la elección frente a un acto sagrado como es votar. Todo ocurre en su cabeza revuelta de fórmulas, ecuaciones y números sin personas. ¿Dónde están las “personas de bien” que van a quedar tendidas en el camino hacia el déficit fiscal cero, sean o no responsables de ese presidente? ¿Dónde están los intelectuales, los especialistas o los mismos representantes que le siguieron el juego sesenta días y que tendrían la capacidad de encontrar infracciones o delitos en las conductas públicas de este hombre? Los hay del orden administrativo y aun penal. Como mínimo, incumplimiento de los deberes de funcionario público o abuso de poder. Como máximo, estafa y robo a las provincias entre tantas, porque las injurias sobrepasan la acusación de calumnias y hasta podrían verse como incitación a la violencia. Llaman verdaderamente a otros delitos. Están ampliando una polarización y una brecha más peligrosa que la atribuida a CFK.  Sin embargo, su carta de 33 hojas esgrime verdades innegables, propuestas sumamente apropiadas, pero cae, como siempre, en baches históricos, en números contradictorios y en falta de argumentos para justificar su actuación en el gobierno saliente. Para continuar como referencia, su actuación debería ser más constante y continuada y demostrar la grandeza de sus errores.

Casta y grandeza

Así como casta es una palabra recipiente para Milei que carga y descarga según su paladar, su despertar o su medicación y con la cual muchos expresan estar abrumados, hay otra en desuso. Es matemático que un vocablo en desuso responde a, una realidad que ha dejado de existir. Es la palabra grandeza.

Detectado ya por las últimas generaciones gobernantes en nuestras provincias el porteñocentrismo creciente, el unitarismo regresivo, la humillación contra el mal llamado interior, estos hombres que gobiernan la Región en el momento floreciente de sus carreras no están reaccionando con toda la potencia que les garantizaría una acción más definitiva del gobierno central, con los riesgos que esto supone. Se acepta que las sucesivas reuniones de gobernadores apelando a los derechos de sus jurisdicciones que fueron valientes y dignas, no resultaron en ningún hecho contundente ante situaciones extremadamente injustas. Por el contrario, ese otro hombre abrigado en pleno verano, que no acepta ni la caída de su pelo ni su desarrollada papada y que a la inversa se convierte en el escollo para lucir bien en sus reuniones se jacta con una grosería de burlesque, de su poder bíblico declamando sin empacho que “los va a fundir” porque le rechazaron artículos de su mamotreto y que, a pesar de lo cual, su delirio lo hace creer que es él el ganador. Si estos caballeros que aceptan ignominias no se apuran, el hombre que no se peina atrás los va a “madrugar” a decretos. Y después qué. ¿Se pondrán ellos a la cabeza de las hordas menesterosas y famélicas avanzando sobre los hermanos MI LEY?

Una propuesta postergada de la Región Centro

El no activar las gestiones para lograr el pago de las deudas que ese detractor del Estado (aunque lo use como nadie) está contrayendo contra los pueblos de todas las provincias, pero en especial con éstas que sostienen la Nación, será criminal. Santa Fe, Córdoba, el silencio de Entre Ríos y aún la provincia de Buenos Aires integran la Región Centro: economía primaria e industria como ninguna otra, afectadísimas por el robo nacional. Pioneras en recursos primarios, en valor agregado, en una educación que va perdiendo aire, hoy les es difícil afrontar el sostén de las pymes (70% de puestos de trabajo), las necesidades del agro, las demandas de salud y educación y el señor del muro de los lamentos, de mentada espiritualidad sigue amenazando con fundirlas. Ante esto, ¿qué corresponde? Una y sólo una: la UNIDAD. Provincias que fueron vanguardias para la dura organización nacional con López, Ramírez y aún el oportunista y oscilante Bustos, hoy no demuestran la grandeza y efectividad que suponía una unión conducente a Cepeda. El lector no puede olvidar la astucia de López cuando le era difícil aleccionar a Buenos Aires para el reconocimiento del aporte de nuestra tierra y consigue la participación en la renta aduanera después de la batalla de Gamonal contra Dorrego. Una batalla olvidada, pero tan alegórica porque, existiendo una despareja relación de fuerzas, gana López por la gramilla envenenada de Gamonal que hizo caer los corceles de Dorrego. El relato es extenso y sus actores sorprendentes. Nadie le está exigiendo a los importantes referentes de la Región Centro un campo envenenado para Milei, pero sí que se unan superando sus signos políticos y tengan la grandeza de responder por su tierra y por su gente. Serían un ejemplo para el país: Pullaro, de una coalición comprometida con Bullrich, pero radical por esencia; Llaryora, procedente de un peronismo no kirchnerista; Frigerio, integrante del PRO, pero de ascendencia radical y hasta el gobernador de la provincia de Buenos Aires, sin ensuciar las aguas, un kirchnerista particular de formación maoísta. Juntos estarían defendiendo las economías regionales que sostienen la Nación, las fuentes de trabajo de nuestras pymes, las retenciones de nuestro agro al servicio de todos, no de un Ejecutivo vacío empeñado en el superávit fiscal a costa de cualquier cosa… A largo plazo también, un equilibrio poblacional que se está descompensando, la descongestión necesaria de Buenos Aires, la atracción del hombre pos su localidad para que no se produzca la diáspora, una vuelta a la integración cultural y a la identificación con el lugar donde se nace. No es poco y no es delirante. Es una consecución que bien llevada y sin la preocupación solipsista de la carrera política de cada uno y del lugar de sus glúteos en una silla, más natural y menos forzada de lo que parece. ¿Es mucho pedir? ¿Tanto cuesta ponerse debajo del interés supremo de la Nación, con grandeza y renunciando a sus intereses personales? ¡Qué corta es la mirada y que bajo el vuelo de algunos referentes! ¡Qué semejanzas deplorables se encuentran y no entre, por lo menos, tres gobernadores y aquellos caudillos que lucharon por la organización nacional! ¿No es comparable la conducta especuladora y astuta de Llaryora y De Loredo con aquel, su caudillo Bustos, que estuvo a punto de traicionar a López por cuidar sus ambiciones en Córdoba? ¿Qué decir de nuestro Pullaro? Su constricción irrestricta al trabajo, su incansable práctica de territorialidad, su intención a veces interrumpida al diálogo, su amor por la provincia, son incuestionables. Sí corresponde cuestionar su mansedumbre frente a injurias que lo asocian con el narcotráfico (MI LEY lo mandó a pedir lo que le falta para cubrir los gastos a la mafia del narcotráfico). Es insoportable, no sólo por él sino porque está representando a todo el pueblo de la provincia y porque muchos somos los hastiados por la acusación exclusiva del narcotráfico, como si en la periferia de otras provincias y, sobretodo, del AMBA no ocurriera exactamente lo mismo.

Es sabido o intuido o inferido que las cuatro cabezas de la Región Centro alientan proyectos claves a definirse o a perfilarse en el ’25, pero antes está la consolidación o la disolución de la Patria (palabra bastardeada como ninguna que haría llorar a Leopoldo Marechal). ¿Es aire de época la ambición altruista de grandeza? No parece. Con solo volar un poquito más alto se darían cuenta que López trascendió su vida siendo el adalid de la provincia invencible de Santa Fe con la postergación de su propia persona. En cambio, Bustos quedará para siempre como el más acomodaticio de los caudillos. Es de aplaudir que Córdoba sea para Córdoba, como repiten casi todos, y les ha dado resultados, pero hay un país en juego…

A problemas complejos, las soluciones son complejas. No es cierto que en la simplicidad siempre esté la solución. A situaciones delirantes, la respuesta debiera ser cuerda. Sin embargo, permítaseme una licencia. Recuerdo al pacifista de todos los tiempos, Mahatma Ghandi cuando llamó a su pueblo a sorda conducta de paz en tanto ejercían in totum lo que nombró como desobediencia civil. ¿cuántos habrán considerado que el delirio del imperio provocaba el delirio de la colonia? Y ¿de qué otra manera iban a responder sin que caiga una gota de sangre?... Hoy, y aquí ¿no les correspondería a nuestros gobiernos de la Región Centro en condiciones de liderar una propuesta nueva llamarse a la desobediencia provincial reteniendo el 30% como mínimo de los impuestos que se lleva la administración central sin poner un hombro, como respuesta al robo que el “inmundo Estado” encabezado por Milei le está haciendo a nuestras provincias?  Es justicia.

(*) Especial para ANALISIS

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Deportes

La lluvia fue principal protagonista en la noche de Las Parejas.

Neuquén goleó en el clásico ante Oro Verde y es parte de los equipos de punta en la Liga femenina.

El "Celeste", líder de la Zona A, visitará a uno de sus escoltas, Central Entrerriano.

El ramirense Jabes Saralegui estaría desde el arranque en Boca.

Brian Romero anotó los dos goles de la victoria de Vélez.

Opinión

Por José Pablo Criales (*)  
Javier Milei saluda a los estudiantes de la Universidad Internacional de Florida, el 11 de abril, en Miami.

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Por Ernesto Tenembaum (*)  
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Voz. La libertad de prensa hace a la esencia y dignidad de los ciudadanos.

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Policiales

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Economía

Los pronósticos indican que las exportaciones argentinas de agro caerían este año por debajo de los 30 mil millones de dólares.

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Rogelio Frigerio criticó el aumento de sueldo de los senadores: “Es inapropiado en este momento”. El gobernador también reconoció que la recaudación impositiva cayó un tercio respecto del año pasado.

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Cultura

Se desarrollará éste sábado a partir de las 21.30 en el Teatro del Puerto.

La agenda se desarrollará entre el 23 y el 26 de abril.

La cita es este domingo a las 20 en Casa Boulevard/Sala Metamorfosis.

Nacionales

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