Javier Milei, por primera vez, obligado a vender futuro

Por Gabriel Morini (*)

El plan está funcionando. Sostenible y consistente. Hacer posible lo imposible. Único camino posible. Hazaña de proporciones históricas. Inflación desplomada. Patriotas. Nueva prosperidad. El hilo conceptual del discurso de Javier Milei en Cadena Nacional tuvo dos características salientes: apeló a resaltar atributos donde –precisamente- aparecen las debilidades que comienzan a resquebrajar tempranamente su gestión; y, por primera vez, se vio forzado a vender expectativas, una luz al final del túnel, esperanza. Todo ese combo, adobado con despiadadas consideraciones y excesiva relevancia a todos los sectores críticos de su Gobierno. Al Presidente lo irritan más los economistas o técnicos de raíz liberal que empiezan a poner en duda la sustentabilidad de sus medidas que los sectores de la oposición.

Entran en esa bolsa el periodismo, el establishment económico, petardistas tribuneros, gobernadores, el Congreso y todos aquellos que “no la ven”, pero por sobre todas las cosas, no la creen. Hasta ahí poco novedoso salvo la mención que el propio Milei lanzó al aire que –algo que la política comprende bien- puede volvérsele una factura difícil de levantar: un último pedido de esfuerzo a la sociedad con “la mitad del camino” recorrido. Ese mojón quedará instalado en el imaginario colectivo a riesgo de convertirse en el nuevo “segundo semestre”. Estamos ganando; estamos mal pero vamos bien. La memoria histórica es feroz.

Milei se golpeó el pecho por enésima vez respecto a lo que considera histórico de su gestión en tan poco tiempo y por primera vez subió al panteón de los profetas al cuarteto económico de Luis Caputo, Santiago Bausili y su segundo Vladimir Werning, además de Pablo Quirno. Economía, BCRA y Finanzas. Nadie más. No Sturzenegger, el reformista. No Capital Humano, el ministerio que encabeza la contención social ante la crisis. Su disposición, como granaderos. De pie. Rodeando al Presidente. Esto ofrece otra perspectiva que lee la política: presentados en sociedad, los héroes convertidos en villanos, si las cosas salen mal, son un clásico.

Esta vez, Milei trató de emparejar lo auto elogioso de la consideración de su gestión con un mimo hacia quienes serían los depositarios de su misión, la sociedad a quien le regaló la calificación de heroica. “El Gobierno tenía razón”, por si alguna duda cabe. Esconder la licuadora para mostrar motosierra en la “Casta” es el nuevo leit motiv de la narrativa.

Encuestas, focus group y la previa a una marcha por el recorte universitario que cada vez le dificulta más al Gobierno caracterizar negativamente por su heterogeneidad y expansión, explican la urgencia y el giro para ofrecer futuro. Aseguró que la salida está a la vuelta de la esquina, apoyado en los sectores que hoy hacen diferencial, energético, minería y campo y con el comienzo de una “recomposición del salario real”, única referencia al principal problema que registran los sondeos de opinión que desterró al de la inflación.

Párrafo aparte el highlight del discurso fue hundir el fibrón para resaltar el superávit financiero. Si se parafraseara a Otto Von Bismarck con las leyes, con ese superávit “pasa como con las salchichas, es mejor no ver cómo están hechas”. Ni la pisada de pagos a Cammesa, ni el aumento del pasivo del BCRA vía BOPREAL ni la suspensión de contratos de obra pública vigentes fueron, obviamente, parte del temario. A nadie le hace falta ver la cocina.

Pero lo más complejo es que balizó ese camino de salida enfocado en el ahorro, el crédito y la inversión del sector privado. Sin embargo, lo planteó como un recorrido que dependería de alguna clase de derrame, que permita luego visualizar oportunidades de negocio e inversión dada la baja capitalización de la Argentina y con un último escalón en la retracción del fisco en formato de impuestos. La marca se la llevará la frase “la era del Estado presente ha terminado”, pero lo relevante es que la mayor parte del camino enunciado no depende del Presidente, quien cuanto mucho podría crear las condiciones de estabilidad económica que la propicien.

Si la cadena de Milei surte su efecto, esto se traducirá en la posibilidad de ganar tiempo para aprobar la Ley Bases, algo que la política –oposición también- está dispuesta a otorgarle casi de forma desesperada. Y en lo que puedan estirarse los indicadores de descontento de con quienes anoche se buscó empatizar.

Extrañamente, prescindió del clásico cierre “viva La libertad, carajo”.

(*) Subdirector de Ámbito Financiero

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