Desintermediar

Por Juan Grabois (*)

Hay algo en lo que tengo pleno acuerdo con la posición formal del Gobierno nacional. La política alimentaria debería estar completamente des-intermediada. Los comedores no deberían ser una realidad masiva desplegada en el territorio sino casos excepcionales de emergencia. El problema es que ellos quieren “desintermediar” robándole el pan a la gente y dejando vacías las ollas con cambiantes argumentos y contramedidas inconducentes. Quieren curar lo que ellos ven como una enfermedad –nosotros como un parche– matando al paciente. 

Para lograr este objetivo, debe garantizarse el acceso universal a la Canasta Básica Alimentaria. Ninguna familia debe estar privada del pan. Cualquier persona razonable dirá que ésto se logra con una sana economía y acceso al trabajo digno. Nadie está en contra de eso. El problema es que no estaría sucediendo y mientras eso suceda, hay que garantizar el plato de comida a cada familia. 

¿Cómo lo hacemos? Para cuantificar la situación grosso modo debemos analizar la brecha de indigencia, es decir, la diferencia entre lo que perciben los hogares indigentes actualmente y lo que requiere completar la canasta alimentaria. Veamos los siguientes datos:

  • CBA individual (adulto equivalente) de abril 2024: $120.726,29 (INDEC)
  • Cantidad de adultos equivalentes* en hogares indigentes: 3,23 
  • CBA familiar para hogares indigentes: $389.946 (INDEC)
  • Ingreso familiar total promedio de hogares indigentes: de $253.465 pesos * 

Esto indica que los ingresos de los hogares indigentes, aún con las transferencias actuales del estado como la AUH y la Tarjeta Alimentar, llegan a cubrir el 65% de sus necesidades alimentarias. Si queremos que todos coman, hay que garantizar ese 35% restante. En dinero, son $136.481 por familia. 

Para erradicar la indigencia –el hambre– en las condiciones macroeconómicas actuales se requiere cubrir ese monto para 3.698.000 millones de hogares que sufren inseguridad alimentaria total (EDSA-ODSA) . El presupuesto anual es $6 billones de pesos ($6.011.661.096.000,00) que representan aproximadamente el 0,985% del PBI estimado para 2024; poca plata para acabar con la más grave injusticia social que sufre la Argentina. Un cuarto del costo fiscal que asume el Estado por dejar de cobrar impuestos a través de diferentes exenciones y regímenes promocionales que gozan algunas empresas, como Mercado Libre, entre otras.

Con el esquema actual de seguridad social, sumado al refuerzo propuesto, se termina la indigencia, se termina el 99% de los comedores y se termina la intermediación, unificando todas las políticas de transferencias de ingresos en un sólo instrumento que contemple las necesidades alimentarias de todos los integrantes del hogar. Chau punteros, intermediarios, orcos, gerentes de la pobreza, políticos, zurdos, peronchos y pobristas manejando alimentos. Pero, amigo, hay que ponerla acá y no en los subsidios de Galperin y Mirgor. 

El diseño de dicho instrumento es relativamente sencillo, simplemente hay que definir la composición del hogar, realizar el análisis económico-patrimonial de la familia y realizar una regla de tres simple; ciertos casos particulares donde el informe económico no refleje la realidad del hogar -por exceso o por defecto- deberán ser corroborados por asistentes sociales. Algunos hogares con necesidades alimentarias particulares (celiaquía, diabetes, obesidad) requerirán una dieta especial. Se pueden agregar incentivos de mejora como descuentos en alimentos saludables, promoción de la agroecología, controles médicos de talla y peso, etc. También, tras un análisis científico de impacto, se puede definir que cierto porcentaje de la transferencia total del hogar sea destinado exclusivamente a determinados productos alimenticios. Todo directo a las personas y sin ninguna intermediación. 

Mientras no se desarrolle una política seria de transferencia de ingreso que elimine el hambre en el país del pan, los comedores seguirán existiendo y la intermediación será inevitable, lo haga la Iglesia Católica, los Evangelistas, los intendentes, CONIN o los movimientos sociales. 

Con esto ya tenemos resuelto un problema que no es menor. 

Luego podemos discutir el financiamiento de proyectos de integración urbana, trabajo comunitario, agricultura familiar, acceso a la tierra, deporte social, puntos de cultura, talleres de formación que hacen al desarrollo humano integral de los sectores postergados. Desde mi punto de vista, toda iniciativa que presente la sociedad civil que coadyuve con los objetivos estratégicos de nivelación ascendente deberían ser evaluadas por un comité colegiado en un plazo determinado y eventualmente aprobadas, acompañadas técnicamente, auditadas por los organismos correspondientes (UNIDADES DE AUDITORÍA INTERNA, AGN, SIGEN), a lo que habida cuenta de nuestra fascinación por lo trasnacional podríamos sumar una auditoría de alguna de las “Big Four” trasnacionales (Deloitte, PricewaterhouseCoopers, KPNG, Ernst & Young).

Si alguien quiere discutir estos puntos en serio, estamos dispuestos. De lo contrario, el Gobierno seguirá en el barro de las operaciones de prensa, el espionaje ilegal, los aprietes, la judicialización y un enorme desgaste de energía en perseguirnos… en vez de resolver los problemas de la gente. 

Desde luego, mientras tanto, nuestra resistencia será permanente, con todas nuestras fuerzas y con todos los métodos que permite la constitución a los ciudadanos argentinos agredidos por la acción u omisión de aparato estatal que viola sistemática y deliberadamente derechos alimentarios, sociales, humanos y civiles de la población. 

La oposición política también debería hacer este ejercicio porque parece que el consenso contra los movimientos sociales es prácticamente unánime -aunque nadie plantea una solución alternativa realista en términos programáticos claros y concretos, por escrito, para poder discutir fuera de las adjetivaciones.  

Teniendo en cuenta la transversalidad de la posición negativa contra los movimientos sociales de la superestructura política y mediática de los que nunca agarraron un cucharón para cocinar una olla popular ni gastaron una emoción en organizar una cooperativa, dar un taller de apoyo escolar ni poner un tanque de agua en un asentamiento, hagámonos el favor de construir una propuesta que permita prescindir de esta mala gente entre la que me cuentan, pero logrando una situación superadora y no entregando la gente a la miseria y el territorio a la narcoestructura. 

(*) Militante social, publicado en elDiarioAR

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