Jaime Dri y Reynaldo Sietecase prestan testimonio este viernes en la Causa Hospital Militar

Por Betiana Spadillero Gaioli,
de ANALISIS DIGITAL

Sobre el final de la etapa de testimoniales, prestaron declaración este jueves familiares de Sabrina, un militar retirado y la directora del Banco Nacional de Datos Genéticos (BNDG), María Belén Rodríguez Cardozo. La especialista se explayó acerca del procedimiento para tomar muestras de sangre, las medidas de seguridad y la normativa vigente.

Están acusados de delitos de lesa humanidad Juan Antonio Zaccaría, y los ex integrantes del Destacamento de Inteligencia 121 de Rosario Pascual Guerrieri, Juan Amelong, Jorge Fariña, Héctor González y Walter Pagano.

Negro: “Sería bárbaro, como fue hermoso encontrar a Sabrina, llegar a encontrar a mi sobrino”

El hermano de Raquel relató que “en enero del ’78 una persona lo dejó a Sebastián (Álvarez)” en su casa de Santa Fe, “con una valija que tenía ropa, fotos y una carta” de la detenida-desaparecida pidiéndole que lo cuiden por “un tiempo prolongado”. Semanas más tarde, recibió “una carta de Tulio (Valenzuela) contando lo de la Operación México y lo que pasó en la Quinta de Funes”, y decía que “estaba todo a cargo de (Leopoldo Fortunato) Galtieri”.

Consultado por el fiscal José Ignacio Candioti, indicó que en la misiva que Valenzuela les envió desde Holanda les comentaba que Raquel “iba a tener familia en marzo”. En cuanto si supo dónde fue el nacimiento, aclaró que tomó conocimiento de que el parto se produjo en Paraná con el comienzo de las investigaciones. “Nos enteramos que habían sido mellizos por el libro de (Migual) Bonasso Recuerdo de la muerte”, compartió.

Luego, se refirió a una carta que remitieron a la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (Conadep): “Hicimos la denuncia y explicamos un poco el caso de mi hermana. También hicimos referencia a Marcelino Álvarez, el papá de Sebastián”, precisó.

Por su parte, la abogada querellante Florencia Amore solicitó al testigo que se explaye sobre el proceso de búsqueda: “Enviamos la carta a la Conadep, hicimos un habeas corpus, fuimos varias veces a Rosario, pero nunca nos atendían. Después concurrí a muchas reuniones de familiares de desaparecidos, que nos encontrábamos en casas particulares tratando de encontrar algo, de averiguar. También dimos sangre en Santa Fe, mi madre y yo. Mis padres luego viajaron a Buenos Aires a reunirse con Abuelas y Madres de Plaza de Mayo”, detalló.

Paso seguido, mencionó: “En una época vivimos en Formosa, pero siempre que veníamos nos reuníamos con gente. Siempre hubo un comentario de que a mi hermana la habían visto en tal lado, por lo general afuera del país. Yo me juntaba con esa gente y en definitiva no se llegaba a nada. En ese momento había muchas versiones, que al final no fueron ciertas”.

“Después empezó todo esto, que lo tomó Sebastián. Y cuando apareció Sabrina siguieron ellos. Es todo mérito de ellos”, subrayó, al tiempo que narró que fue su sobrino quien se trasladó a su casa para informarlos sobre el hallazgo.

Por último, muy conmovido, Negro pidió expresar unas palabras: “Quisiera hacer un reconocimiento o una especie de homenaje a dos personas, Rogelio Atilio Negro y Ermelinda Paoletti, que son mis padres. Que al haber empezado esto con todo su sufrimiento, porque yo en ese momento lo sufrí como hermano o por ahí no lo dimensionaba, ahora tal vez sí porque soy padre. Nunca vi que mis padres bajaran los brazos, por más que el sufrimiento sea mucho, porque se notaba. Nunca me demostraron que ellos estaban destruidos, como estuvieron”.

“Siempre trataron de salir adelante y si por ahí hubo cosas que se podrían haber hecho, no puedo reclamarles nada, al contrario. Todo mi amor hacia mis padres, que han llevado esto de la mejor manera que han podido”, continuó.

Además, expresó: “Desearía que con todo esto haya alguna persona que se mueva, que le llegue, le toque, que hable y diga algo, porque sería bárbaro como fue hermoso encontrar a Sabrina, llegar a encontrara a mi sobrino”. Por ello, pidió que “quien sepa algo, aporte para llegar a la verdad de todo esto”.

“También quiero decir que a Tulio lo vi una sola vez en mi vida, entonces no puedo decir que lo conocí. Pero sí a Marcelino y a Raquel. Y estoy seguro de que los tres estarían muy orgullosos de sus hijos, de haber llevado adelante todo esto y de quererse como se quieren. Y creo que es el mejor homenaje que les pueden hacer a sus padres”, finalizó emocionado.

Ballester brindó el contexto internacional del genocidio

Posteriormente, compareció ante el Tribunal Oral Federal el presidente de Cemida, quien participó como testigo en varios juicios por delitos de lesa humanidad. “Ingresé al Ejército en el ’43 hasta el ’71. Mi carrera terminó cuando me sublevé contra la dictadura de (Alejandro Agustín) Lanusse”, contó.

A continuación, afirmó que “la represión en Argentina estuvo coordenada, organizada desde el más alto escalafón hasta el último”. Según expuso, “la doctrina de seguridad nacional es consecuencia de una serie de tratados que se fueron desarrollando a través del tiempo, que comienzan con el ataque a Pearl Harbor”, en Estados Unidos.

En ese orden, repasó los acontecimientos a nivel mundial vinculados con la “lucha contra el enemigo construido por el Ejército, que era el movimiento comunista internacional, el peronismo, y todo aquel que buscara alguna solución nacionalista”.

Interpelado por Candioti respecto a la implementación de esa doctrina, ilustró: “En el ‘69 se aplicó la Operación Hierro, que era hacer conocer las ‘falacias’ del movimiento comunista nacional. Tiempo después se incorporaron las tácticas francesas, que eran implementadas contra los levantamientos de las colonias, fundamentalmente, en Argelia”.

“A raíz de la doctrina francesa de contra indulgencia, el país se dividió en áreas de defensa. Eso fue a partir del ’60, antes había jurisdicciones. La reestructuración del Ejército fue en 1963”, completó. Enseguida, reafirmó que “aquellos sindicados como comunistas no tenían derechos”, y ejemplificó: “Eran arrestados sin orden, eran secuestrados. Para mí hubo un genocidio, porque hubo una persecución ideológica”.

“Todos los grandes tratados se firmaron en gobiernos democráticos”, advirtió luego. Y acotó: “Habrán tenido mal asesoramiento o la presión de los poderes internacionales, Estados Unidos y los mercados, que ahora se ve con mayor claridad. No puede haber una guerra contra los propios ciudadanos. Un país dependiente pone al enemigo en su propia población”.

Párrafo aparte, resaltó que “hubo grupos de militares que no estaban de acuerdo con lo que estaba pasando y se opusieron”, y enfatizó: “Nadie está obligado a cumplir órdenes ilegales. Las torturas, violaciones, los robo de bebés no estaban contemplados como funciones del Ejército”.

Sobre los Grupos de Tareas (GT), explicó: “Es una definición antigua, para cuando hay una operación determinada. Es una fuerza especial que se forma para un objetivo puntual. No es una cuestión privativa de la doctrina de seguridad nacional”.

En relación a la situación ideológica de la fuerza, reflexionó: “Fue compañero de promoción de (Emilio Eduardo) Massera, Galtieri, (Albano) Harguindeguy. No sé por qué se fueron para ese lado. Lo que puedo decir es que todo aquél que tenía una postura contraria era expulsado”.

Más adelante, sobre la sustracción de menores y sustitución de identidad, graficó: “Siguieron el ejemplo de (Francisco) Franco, que en la España de posguerra se apropió de los hijos de los comunistas”. Tras lo cual ponderó el trabajo de Abuelas de Plaza de Mayo.

“Creo que van a encontrar a los chicos que les entregaron a los represores, a los que dejaron en algún orfanato, pero al resto los deben haber vendido al comercio de bebés. Deben estar viviendo en Alemania, Estados Unidos, y no tienen la más mínima idea de quiénes son”, lamentó.

“Han tomado el camino jurídico de la guerra contra nosotros”, asentó Guerrieri

Tras la testimonial de Ballester, Guerrieri requirió ampliar su declaración. “Nosotros estamos citados acá por un caso especial. El señor coronel viene acá y hace un relato de épocas pretéritas, en esa época teníamos 20 años y la Argentina tomó posición en un consenso de naciones que nosotros no pudimos refrendar. Las tuvimos que tomar como vinieron”, fustigó.

En sintonía, ratificó que “el soldado no es responsable de la política nacional del gobierno de turno”, y se preguntó: “Qué podíamos hacer nosotros cuando el país tomó una decisión política e ideológica en el bloque que se alineó”.

Alzando el tono de voz y visiblemente agitado, prosiguió: “Lo que pasa es que (Ballester) habla así porque no llegó a coronel. Es un hombre resentido con la institución. Tengo un poco de rabia. Venimos sufriendo hace mucho. Acá todo el mundo está cobrando peaje, menos nosotros”.

“Estoy muy tocado, porque han tomado el camino jurídico de la guerra contra nosotros. Es una política nacional de juzgar a quienes llevamos el uniforme”, sentenció. “Con todo el calor de un soldado, me pregunto por qué no pusieron la ley de fusilamiento, porque sería como (Manuel) Dorrego un héroe nacional, y ahora soy un delincuente”, arremetió entre lágrimas.

Continuando con esa línea, volvió a diferenciar los conceptos de Historia y Memoria, a fin de insistir en que “Argentina fue herida por la ideología marxista-leninista, acá se recurrió a la única guerra que se podía, la guerra de pobres, de guerrillas”. De todos modos, negó la existencia de la doctrina de seguridad nacional y tildó de “disparate” la posibilidad de que se hayan vendido hijos de desaparecidos a países del exterior.

Ante la consulta del Ministerio Público Fiscal, reconoció a ex integrantes del Destacamento 121 que están imputados como parte de “grupo de trabajo”. Sin embargo, aseveró: “Jamás me hubiese puesto a ordenar el robo de bebés, por formación moral y propia”. De hecho, descartó que se hayan cometido delitos de lesa humanidad en la “fracción” que él comandó.

Guerrieri se negó a ser interrogado por la querella porque utiliza “términos ofensivos”, aunque su declaración estuvo cargada de ironías e interpelaciones al Tribunal.

“Nunca pensamos que podía llegar a ser hija de desaparecidos”

“Con mi esposa nos casamos en el ‘73, buscamos un hijo por un año, pero no venía, entonces empezamos a hacer tratamientos de fertilidad. Estuvimos así tres años y no lo conseguimos. Entonces decidimos adoptar, para eso nos anotamos en el Juzgado de Menores de los Tribunales de Rosario”, narró Gullino.

En esa orden, amplió: “Había un período de espera, en el cual nos hacían entrevistas. Un día estábamos almorzando con mi señora y vemos en la televisión a un movilero que estaba en el Hogar Huérfano, donde habían dejado a un bebé. A los dos o tres días nos avisaron que había una nena. Salimos para Rosario, porque vivíamos en Ramallo”.

“Nos contaron en el Juzgado que Sabrina había sido abandonada y que estaba lista para ser adoptada. Cuando fuimos a buscarla, nos hicieron pasar y la Madre Superiora nos dijo que la habían dejado en la puerta, pero no tenía grandes detalles. Eso fue en abril del ’78 y calculamos como fecha de nacimiento el 27 de febrero”, precisó.

Preguntado por la querella, aseguró: “Sabrina desde muy chiquita supo que era adoptiva. Nosotros tenemos además otra hija, dos años menor. Pero con mi señora nunca pensamos que podía llegar a ser hija de desaparecidos, pensamos que a lo mejor el mecanismo era otro. Que los bebés se entregaban a algún militar o conocido, no que pasara por un Juzgado”.

Al respecto, contó que en noviembre de 2008 fue notificado que tenía que declarar en los tribunales de Paraná. “Buscamos unos artículos y todos los datos coincidían con que era hija de Raquel Negro y Tulio Valenzuela”, asentó, para luego añadir: “Nunca le quisimos comentar que había sido abandonada, fue lo único que no le dijimos. Cuando leímos eso en Internet, le contamos”.

Una vez finalizada la testimonial, Gullino pidió hacer un reconocimiento. “Quiero agradecer a todos los que han ayudado a Sabrina y mi familia en todo este proceso”, resaltó, acompañado por los aplausos de los presentes en la sala.

La causa

La investigación tuvo su inicio en la denuncia realizada el 18 de mayo de 2005 por el entonces coordinador del Registro Único de la Verdad, Guillermo Germano. En la presentación hizo referencia a dos clases de hechos: la internación de mujeres en estado de gravidez en el Hospital Militar de Paraná, quienes se hallaban privadas ilegítimamente de su libertad; y el asesinato y entierro clandestinos de personas en el Escuadrón Comunicaciones

En ese contexto, se investiga la apropiación de los hijos de Negro, quien fue detenida ilegalmente al igual que su pareja Edgar Tulio Valenzuela y su hijo menor Sebastián Álvarez, el 2 de enero de 1978 en Mar del Plata. La mujer fue trasladada desde la Quinta de Funes en Rosario hasta el nosocomio castrense, donde dio a luz a los mellizos.

Foto: El Diario

Opinión

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