Sanfilippo y su gol a Roma en 1962, inmortalizado en un texto de Soriano.
La muerte de José Sanfilippo, uno de los máximos goleadores del fútbol argentino, trajo aparejados muchos recuerdos, especialmente entre los hinchas de San Lorenzo de Almagro. A fuerza de goles, dejó huella siendo un delantero letal que enamoró a los Cuervos. Entre ellos estaba el recordado escritor argentino Osvaldo Soriano, que supo homenajearlo con un texto entrañable sobre el Nene.
El texto se llama “Gol de Sanfilippo” y figura en el libro “Fútbol a sol y sombra” del uruguayo Eduardo Galeano, que cumplió con el pedido de su colega argentino y lo incluyó en aquella primera edición de 1995. En el texto-carta –luego reproducido en otros libros de Soriano como la recopilación “Arqueros, ilusionistas y goleadores”– el marplatense recuerda un fortuito encuentro con el goleador en el supermercado que se instaló donde funcionaba en el Viejo Gasómetro.
Allí, Sanfilippo, entre las góndolas y productos varios, recreó el gol que le convirtió a Boca en la 20ª fecha del torneo de 1962. El arquero boquense era Antonio Roma y aquel tanto fue considerado el más rápido de la historia del fútbol argentino. Soriano, uno de los pioneros de la literatura futbolera en la Argentina, lo contó con la emoción a flor de piel.
El texto completo:
"Gol de Sanfilippo"
Querido Eduardo:
Te cuento que el otro día estuve en el supermercado “Carrefour”, donde antes estaba la cancha de San Lorenzo. Fui con José Sanfilippo, el héroe de mi infancia, que fue goleador de San Lorenzo cuatro temporadas seguidas. Caminamos entre las góndolas, rodeados de cacerolas, quesos y ristras de chorizos. De pronto, mientras nos acercamos a las cajas, Sanfilippo abre los brazos y me dice: "Pensar que acá se la clavé de sobrepique a Roma, en aquel partido contra Boca". Se cruza delante de una gorda que arrastra un carrito lleno de latas, bifes y verduras y dice: "Fue el gol más rápido de la historia". Concentrado, como esperando un córner, me cuenta: "Le dije al cinco, que debutaba: no bien empiece el partido, me mandás un pelotazo al área. No te calentés que no te voy a hacer quedar mal. Yo era mayor y el chico, Capdevila se llamaba, se asustó, pensó: a ver si no cumplo". Y ahí nomás Sanfilippo me señala la fila de frascos de mayonesa y grita: "¡Acá la puso!". La gente nos mira, azorada. "La pelota me cayó atrás de los centrales, atropellé pero se me fue un poco hasta ahí, donde está el arroz, ¿ve?" -me señala el estante de abajo, y de golpe como un conejo a pesar del traje azul y los zapatos 8 lustrados-: "La dejé picar y ¡plum!". Tira el zurdazo. Todos nos damos vuelta para mirar hacia la caja, donde estaba el arco hace treinta y tantos años, y a todos nos parece que la pelota se mete arriba, justo donde están las pilas para radio y las hojitas de afeitar. la poesía EL Sanfilippo levanta los brazos para festejar. Los clientes y las cajeras se rompen las manos de tanto aplaudir. Casi me pongo a llorar. El Nene Sanfilippo había hecho de nuevo aquel gol de 1962, nada más que para que yo pudiera verlo.
Osvaldo Soriano





