El adiós a Cacho Matzkin, un referente histórico de Agmer y la lucha docente provincial

Pesar en la docencia entrerriana por la partida de Ricardo “Cacho” Matzkin, un referente histórico de Agmer.

Pesar en la docencia entrerriana por la partida de Ricardo “Cacho” Matzkin, un referente histórico de Agmer.

Por Américo Schvartzman (*)

 

Luego de varios días de dar pelea al coronavirus, a los 76 años, falleció en la noche de este 22 de enero Ricardo Manuel Matzkin, Cacho, un referente insoslayable de la lucha gremial docente en Entre Ríos. De inquietudes humanistas amplísimas, Cacho era un apasionado de la libertad y la igualdad y fue consecuente con sus ideales hasta su último suspiro.

El gremio docente, su casa, su lugar, lo despidió recordando que en el Congreso Educativo realizado por Agmer en mayo del 2019 se le realizó un justo homenaje a todas las secretarias y secretarios generales y ayunantes de la Carpa Blanca, “entre los cuales nuestro querido Cacho estuvo presente recibiendo dicho honor y compartiendo momentos con muchos de los presentes”. Y añadió: “Hemos perdido un formador de muchos, luchador de causas nobles, dispuesto a pelear por una sociedad más justa, maestro recordado por estudiantes, docentes y militantes sindicales con quienes compartió su tiempo y enseñanzas, gran persona, dio batalla como él sabía hacerlo hasta el último minuto, hoy la pandemia se lo ha llevado”.

Cacho estaba radicado en Santa Fe desde hace unos años, al cuidado de su hija Natacha. Era casado con Ofelia Telechea, y tienen otras dos hijas, Tamara y Tatiana. Había nacido en Colonia Elía, y sus hijas le dieron tres nietos.

Ya en la secundaria, en el Centro de Estudiantes del Colegio del Uruguay, había comenzado su activa militancia, que lo caracterizó durante toda su vida. Era profesor de inglés, egresado del Profesorado de la Escuela Normal de Concepción del Uruguay, cuyo Centro de Estudiantes presidió a comienzos de los años 70. Tras recibirse, comenzó a activar en la lucha gremial en la asociación de docentes del departamento Uruguay. Esa entidad, con otros luchadores legendarios como Carlos Bebe Fernández Canavessi, se incorporaría en 1983 a Agmer, el entonces todavía naciente gremio docente, que en poco tiempo se transformaría en la principal organización de los trabajadores de la educación de Entre Ríos.

En 1986 se sumó como vocal a la conducción provincial del gremio (entonces todavía llamado Agmer-CEDEMyS) y en 1988 fue elegido secretario general, cargo que ocupó hasta 1990. Durante los años 90 siguió ocupando cargos en la conducción de la Seccional Uruguay del gremio y como congresal del departamento. Su intensa labor gremial docente tuvo enorme reconocimiento provincial y nacional.

Fue miembro del Consejo de Administración de Osplad en el período 1993-2003 en representación de Ctera, integró el primer Consejo de Administración de la recuperación de la obra social por los sindicatos.

Ya jubilado, Cacho seguía participando activamente, y como lo recuerda Elbi Esteve, “su voz en los congresos seguía siendo una de las más esperadas, escuchadas y respetadas. El silencio invadía el congreso cuando él tomaba la palabra: Cacho con sus análisis de extraordinaria lucidez iluminaba las discusiones y el camino de nuestra lucha. Fue muy importante para todos nosotros y para mí en particular fue una referencia desde que me sumé a la militancia gremial como delegada”.

El profesor Federico Tálamo añade que fue “un inigualable maestro de militancia para los que llegamos mucho más tarde. Fue un hombre realmente extraordinario, sincero y formado, luchador como pocos por las causas nobles que guían a nuestro pueblo, verdadero baluarte de lo mejor que ha dado el movimiento obrero organizado en esta parte de la Argentina. Siempre dispuesto a pelear por una sociedad más justa en cualquier lugar y momento que hiciera falta”.

“Cacho fue de esos compañeros que te sentabas a escuchar en los congresos de Agmer y la tenía tan clara siempre. Era tan lúcido, tan claro, que era un placer escucharlo. La presencia de él aclaraba todo. Donde había muchas dudas él agarraba el micrófono y listo te ponía en su lugar. Se lo va a extrañar mucho porque hasta el día de hoy el siempre daba su opinión”, reflexiona Mónica Cachi Amoz.

En una entrevista publicada cuando era titular del gremio docente entrerriano, recuperada por Jorge Villanova, Cacho definía con la claridad de siempre cómo y dónde enmarcaba su compromiso: “Mi compromiso gremial tiene que ver con una actitud de vida tanto afectiva como racional. Disposición de servir a los compañeros en las reivindicaciones que nos unan con todo el sector del trabajo. Con la conciencia que todo trabajo socialmente válido tiene protagonistas, cuyos intereses chocan con los intereses de grupos dominantes, tanto nacionales como supranacionales. Convencido de que la lucha común tiene relación con la lucha por la autodeterminación de los pueblos y el derecho popular a participar en la gestión de nuestros propios proyectos y la elección de nuestro destino”.

Gustavo Blanc, referente de la lucha docente entrerriana, lo evocó de este modo: “Se nos fue Cacho. La noticia triste nos llegó desde Santa Fe. Se nos viene a la memoria mucha historia reciente de nuestra ciudad y nuestro Agmer, mucha lucha por los derechos humanos en plena dictadura, mucha lucha por los derechos docentes, por el ambientalismo. Siempre del lado de las causas justas y nobles, siempre peleando, ya sea con su oratoria brillante o en la calle”.

Su compromiso con los derechos humanos lo llevó a ser, durante los años tremendos de la dictadura cívico-militar, uno de los fundadores de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH) en Concepción del Uruguay, junto a Evelina Signes entre otras figuras entrañables. En ese rol tuvo un papel destacado en la elaboración de los informes sobre las víctimas uruguayenses del terrorismo de Estado. Y protagonizó, cuando muy pocas personas ponían el pecho a semejante afrenta, la valiente manifestación en la Plaza Ramírez, junto al mástil, para oponerse a la Ley de Autoamnistía con la que el gobierno de facto pretendía garantizar su impunidad.

Cristina Tejedor, quien compartió aquella militancia en la APDH siendo una jovencísima militante, lo recordó de este modo: “Cacho era un sol en la política como en la vida. Tenía tanta compasión y comprensión que te abría la cabeza. Él tenía sus convicciones, pero eso no le impedía escuchar las tuyas, comprender razones y cambiar su opinión si le parecía mejor la tuya.  Era un gran constructor y tenía el gremio primero en su corazón, siempre. Así que cualquiera que le viniera bien para que eso crezca él aceptaba”.

Por su parte Malisa Grianta, que participó de la conformación de la APDH junto a él, lo recuerda así: “Cacho tuvo en la APDH mucho compromiso en cuanto a ir a las casas de los familiares de detenidos-desaparecidos uruguayenses, recabar datos y en promover que hagan la denuncia de la desaparición de sus familiares. Enviaba los informes y quedaban registrados formalmente en una denuncia ante la APDH. Informes que luego formaron parte de los legajos de la Conadep”.

“Él contestaba las editoriales del diario La Calle que eran misiles contra todas las personas militantes de Derechos Humanos que traíamos a dar charlas a Concepción del Uruguay”, cuenta Grianta y destaca su compromiso en ayudar a Elbio Nardone, el padre de Dina Nardone, para saber qué pasó con su hija durante la dictadura. También hace mención que el compromiso de Cacho en la APDH lo llevó a participar, una vez recuperada la democracia, en la comisión de Derechos Humanos conformada en el Concejo Deliberante, y en ayudar a vecinos afectados por las inundaciones en sus reclamos por terrenos no inundables.

Silvia Garnier, reivindica su gran compromiso con los Derechos Humanos y su militancia: “Siempre tratando de articular y mediar en las diferencias metodológicas entre los familiares que participamos en la APDH, en ese ámbito que nos reunió en la búsqueda de nuestros familiares y luego en el reclamo de justicia para ellos”.


Cacho en un homenaje a víctimas uruguayenses del terrorismo de Estado, en 2003.

Ricardo Matzkin fue, además, cofundador de la Central de Trabajadores Argentinos (CTA) acompañando a Victor de Gennaro en la creación de esa organización, que luchaba por un sindicalismo democrático y combativo. Durante muchos años fue un activo militante del Partido Intransigente (PI) de Oscar Alende, una fuerza política de centroizquierda que llegó a convertirse en la tercera fuerza en los años 80 y en la que ocupó cargos partidarios de importancia: fue delegado a su Comité Nacional y candidato a diputado en diferentes ocasiones. Desde ese espacio impulsó siempre la necesidad de reunir a las fuerzas de pensamientos y propuestas similares, y por eso se entusiasmó con distintas opciones que parecían avanzar en ese sentido, como el Frente Grande en su momento y luego el Frepaso. En diferentes ocasiones integró listas electorales de esas fuerzas.

Pido disculpas por terminar esta crónica en primera persona, pero a Cacho quisiera despedirlo así. El acto que mencioné antes, realizado en 1982, contra la Ley de Autoamnistía (es decir la impunidad de las cúpulas de la dictadura) fue mi primera vez en una actividad militante –en ese momento un gurí de 13 años–.  Al lado del mástil de Plaza Ramírez. Eran tan poquitas personas… Cacho estaba ahí. Y desde entonces, Cacho siempre estuvo. Sería imposible decir en cuántas movilizaciones y actividades lo vi arengar, encabezar, poner la palabra justa. Fue un faro de lucha. No siempre coincidimos en los lugares en que estábamos. Pero Cacho tenía el humor y el amor para hacer de la militancia, e incluso de las diferencias, una experiencia vital irreemplazable. Era una mente joven.

En sus últimos tiempos sumó la dimensión de lo ambiental, las luchas de género, que lo entusiasmaban y le hacían ratificar la convicción de que el futuro será mejor. Y lo será, porque lo iluminan personas como Ricardo Matzkin. Hasta siempre, querido Cacho.

 

(*) Publicado en el semanario El Miércoles de Concepción del Uruguay.

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