Los rostros reales que pintó con crudeza Antonio Berni en su obra “Desocupados” (1934).
Fernando Ruiz
La realidad actual del trabajo es durísima. Tenemos cifras récord de ‘trabajadores pobres’, que son los que a pesar de trabajar intensamente no pueden mantener dignamente a su familia, y crece la informalidad y el desempleo.
Vivimos una transición dramática. La antigua sociedad salarial, donde los trabajadores tenían un horizonte estable, parece haber estallado y, sobre todo los jóvenes están condenados a los vínculos frágiles con el mercado laboral.
La pandemia aceleró eso. El home office cambió las relaciones en los lugares de trabajo afectando la función sindical. Luego vino la llamada La Gran Renuncia, donde muchos cambiaron de ocupación para rehacer su relación vida-trabajo.
La megacrisis de seguridad laboral que produjo la pandemia recuperó los temas laborales en la agenda periodística. Pero no se habla de todos los trabajos de la misma forma. Enfocan en los de cuello blanco y menos en la base de la pirámide. Un enorme sector social volcado a la economía del cuidado, abrumadoramente femenino, casi no aparece. Además, la discusión sobre el nuevo trabajo se da en las secciones económicas, donde suelen reinar las empresas, por lo que el foco es la carrera individual del trabajador y la función sindical se ve como un residuo del siglo XX.
La libertad de prensa obrera
Tras la Revolución Industrial, uno de los primeros derechos que promovió el movimiento obrero fue la libertad de prensa. Para sostener los reclamos a favor del trabajador primero se tenía que consolidar el derecho a pedir los derechos que es la libertad de expresión.
Además, la prensa fue clave en la organización. La investigadora Mirta Lobato dice que había un periódico en el origen de cada asociación de trabajadores. Se llamaban El Obrero Panadero, El Metalúrgico, El Albañil, El Calderero, El Yunque, La Fragua o La Campana.
La fuerza de la función sindical tiene que ver también con el sentimiento de pertenencia y densidad de los vínculos entre afiliados y dirigentes, y los medios son un mecanismo de formación de comunidad.
Esa trama formó una prensa alternativa que presionaba la agenda de la prensa principal. Suele ocurrir que los periodistas de los medios principales revisan esos medios que están en los márgenes y pueden tomar de allí temas e ideas nuevos. Al final, ese tejido de publicaciones sindicales era una escalera que llevaba los temas laborales a la gran prensa y, de a poco, los grandes diarios de comienzos del siglo XX hicieron visible la llamada cuestión obrera.
Hoy esa trama alternativa es muy delgada. Y eso no solo genera un impacto interno, sino también hacia afuera. Rota esa escalera es más difícil alcanzar el centro de la agenda pública. Si los sindicatos no construyen voces mediáticas potentes es difícil abogar por sus representados.
Existen algunos medios especializados como Sonido Gremial, Infogremiales, Identidad Gremial o Mundo Gremial. Pero faltan más observatorios, centros de estudios y otras usinas con información y análisis sobre el mundo del trabajo. Esas son bases de apoyo informativas para el periodismo principal. Pero esa escalera que lleva los temas sectoriales al centro de la agenda no funciona. Es fácil culpar al periodismo principal de no interesarse, pero la comunicación laboral y sindical no tiene la fuerza que llegó a tener.
Escuchar a los trabajadores
Si las reformas penales surgen tras las crisis de seguridad pública, las reformas laborales nacen en situación de emergencia económica. Y en esos contextos hay un apoyo social en el que el periodismo actúa en forma bastante homogénea, casi naturalizando una visión única. Como decía la investigadora Irene Vasilachis: “La gran prensa repite los mismos argumentos, no suele dar visibilidad a otras argumentaciones y cuestiona poco a las fuentes del saber de ese conocimiento”.
El enfoque es que la legislación laboral es la selva a desmalezar para entrar a la modernidad. Todo basado en que las empresas son el motor de la economía y el sindicalismo es su freno. Cuando el periodismo se vuelve ideológicamente tan hermético pierde conexión con la complejidad social y degrada su calidad.
Habla el secretario general
Este Defensor de los Lectores tiene que buscar ideas para ayudar a la práctica periodística. Y para no ser endogámico hay que preguntar afuera y no dentro de una redacción. Todos los días los representantes de cada uno de los sectores sobre los que se informa leen y escuchan noticias sobre el sector.
El actual secretario general de la Confederación General del Trabajo es Jorge Sola, quien vive en Venado Tuerto. Su padre fue camionero y su madre empleada doméstica. Él es profesor de Biología, abogado e hizo posgrados en sociología y ciencia política, además de ser un deportista entrenado en triatlones. Es el secretario general del Sindicato del Seguro. Durante varios años también fue el secretario de prensa de la CGT, que es el área que gestiona las redes, el portal y otras iniciativas de comunicación de la central obrera, por lo que ha reflexionado mucho sobre cómo el periodismo se relaciona tanto con el mundo del trabajo como con el sindicalismo.
Sola escucha que de las preguntas que los movileros hacen en las estaciones o paradas de colectivos salen testimonios de trabajadores, lo que inunda la pantalla de la realidad laboral más cruda. Los tiempos de viaje, los bajos ingresos, la precariedad, la inseguridad con respecto al futuro, el temor a perder la salud, son ahora temas frecuentes en la televisión.
Le pregunté qué no le gustaba de la cobertura periodística sobre los sindicatos. Querría que se contara lo que hacen por los afiliados en salud, recreación, beneficios económicos, o en la lucha por mejores condiciones laborales. Le parece, además, que la mirada sobre el trabajo no es federal por estar concentrada en unos pocos polos productivos y territoriales.
La identidad peronista del sindicalismo ha distanciado históricamente a gran parte de la prensa de la función sindical. El líder de la central obrera argumenta que esa identidad no impide que el foco de su defensa sean todos los trabajadores.
“También ahí nosotros tenemos una mirada autocrítica sobre cómo comunicar mejor el mundo del trabajo. Antes se podía influir en la agenda con unos pocos diarios y ahora hay un escenario de medios muy fragmentado. Y nos cuesta llegar al trabajador informal, a los de las plataformas y al desocupado”, dice Sola.
El acto del 1° de mayo será con el lema “El Trabajo es con Derechos o es Esclavo”. Se recupera el mensaje del papa Francisco, quien les pedía: “Educar en el sentido del trabajo”, “Hacer ruido para dar voz”, “Educar para la paz en los lugares de trabajo”, y evitar que se convierta a las personas en “Máquinas de rendimiento”.
También Francisco valoraba la función sindical: “No hay trabajadores libres sin sindicatos”. Si la prensa es para todos también deberá valorarla.
(*) Esta columna de Opinión de Fernando Ruiz fue publicada en el portal de Perfil.






