La seguridad es un precepto

Por M.J.V. (*)

Paraná –tanto como cualquier capital que se considere tal- tiene todas las características de gran conglomerado, dotada con todas sus particularidades de alto desarrollo que no se detiene y  conservando detalles que la distinguen para orgullo de sus propios habitantes y de quienes pueblan el vasto territorio nacional.

Vale recordar que Paraná cierta vez  fue capital de la Confederación Argentina. Debió luchar mucho tiempo hasta superar una insularidad que la retardaba injustamente. La colosal obra de cruzar el río Paraná por debajo de su lecho, tuvo la característica de un milagro de la ingeniería.

Este centro que se fue agrandando con tenacidad y empecinamiento, observa el producto de luchas y luchas sin cesar, con la visión de los audaces. Claro que como todo centro poblacional (Paraná supera más de 300.000 almas), debe lidiar con algo que genera no pocos dolores de cabeza.  El tránsito que estalló sin control y, en especial, aquellos que tienen poco apego por sus reglas.

A quien esto escribe, le ha llegado el problema que constituye la ausencia de un semáforo en la esquina de Santa Fe y Malvinas, una cuestión que no parece preocuparles a las autoridades encargadas.

Salvo que haya cuestiones que no se conocen, sería imprescindible atender en este asunto (no pocos automovilistas ponen el acento en el hecho de que el tránsito que arranca de Alameda de la Federación y Santa Fe con semáforos hacia el río, se encuentra con la falta de este artefacto en Santa Fe y Malvinas y el tránsito se desarrolla sin el debido orden.

En ese sitio preciso –está comprobado- no son pocos los ruidos de las frenadas cuando no el familiar de chapas y de hierros, producto del embate donde el juego de luces verde-rojo se carece hasta hoy.

No se comprende –salvo que haya razones muy valederas- que una arteria como Santa Fe ya liberada al verde, siguiendo por Alameda de la Federación hasta Garay con semáforo, se interrumpa al llegar a Malvinas. Paralelamente a esta situación, se da el peligro latente de los transeúntes para cruzar entre las dos arterias mencionadas –sin orden alguno- y constituye un claro problema.

Si se observan los problemas que acarrean la falta de semáforos en términos de protección de vidas humanas y vehículos, sería una decisión inteligente analizar esta cuestión que sería bien recibida.

Nuestra Ciudad Paisaje ha venido poco a poco transformándose en distintos aspectos que la enorgullecen. El tiempo va avanzando, la ciudad se va extendiendo paralelamente y se advierte un tránsito cada vez más difícil de ordenar. 

Consecuentemente se advierte la presencia de los elementos imprescindibles que hacen a la seguridad del tránsito y protección de las personas y sus bienes. De allí que los artefactos que ordenan a los vehículos son un auxiliar importante. Sobre esta esquina de Santa Fe y Malvinas no se puede dejar de instalar estos elementos de la seguridad pública: para vidas humanas y vehículos de cualquier porte.

Si no se atiende esta cuestión y se mantiene latente el peligro, las responsabilidades recaerán donde corresponda, incluso las altas jerarquías del municipio. 

Un bien que sufre daños y más aún una pérdida humana, son lo suficientemente valiosos que ameritan cuidarse. Instalar los artefactos que preserven la seguridad pública, será siempre una decisión plausible.

(*) Especial para ANALISIS

Por Luis María Serroels (*)
(Imagen: Alfredo Sábat-La Nación)

(Imagen: Alfredo Sábat-La Nación)