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Libertad para la violencia

Que tan mal habremos hecho los parroquianos de esta comarca tan particularmente argentina como para merecernos semejante mamarracho institucional como el que protagonizó en el congreso nacional el presidente Javier Milei en un ejercicio deplorable de violencia con la oposición kirchnerista y de la izquierda convirtiendo al recinto en una jaula de riñas.

La flota de focas aplaudidoras de cada uno de los bandos dio rienda suelta a su iracundia irracional y si bien la oposición intentó hacer su negocio sacando de quicio al presidente y a su vez lograr visibilidad manifiesta, al libertario no le resultó incómodo el escenario y se movió cómodo.

Funcional para él pero sin sentido de crecimiento para nadie. Asesinos y chorros fueron algunos de los “saludos” más tiernos que el presidente le prodigó a quienes lo desafiaban en presencia o no estaban. Tuvo en verdad una amplia capacidad de saliva para escupir a lo que se le ocurriera: todo lo que llevó a viajar al pasado y refregar penurias vividas.

Como consecuencia, la violencia predominó sobre el contenido claro está.

Dos conceptos sucesivos del discurso y de inmediato venía la puteada de onda.

Entre maquetas discursivas demasiado complicadas de interpretar por su esencia predominantemente económica el mileísmo en algún sentido muestra un parecido con el kirchnerismo en el poder. Así como la expresidenta Cristina Kirchner cada tanto sacaba a su infantería de funcionarios y la sentaba para que se juntaran en masa y aplaudieran sus particulares discursos onda “cadena nacional”, este libertario hace lo mismo: elige opositor-enemigo, y guapea poder con vítores a tono.

Para terminar de configurar ese escenario están los libertarios afines de afuera y ahora, los muchos que se sumaron de adentro del congreso.

Antes, los legisladores se paraban y ofrecían un cerrado aplauso extenso en los momentos en el que el presidente de turno hacía algún anuncio trascendente, mostraba éxitos estelares de gestión o emanaba cosas que fortalecía la democracia, hoy, en cambio, se paraban específicamente ante cada puteada del presidente. Y cuando más ultrajante surgía, más se divertían. Cuando los efectos de las escoriaciones de la democracia resultan lamentables.

Lo que sí dejó bien en claro el presidente Milei, es que ya tiene el congreso tomado, y con ello, a los gobernadores cautivos boca abajo. Y que ahora si, empezará a ejercer el poder absoluto dentro de las cámaras de senadores y diputados de la Nación y que todo en lo que quiera avanzar va a tener boleto gratis.

Una vez más, el Congreso de la Nación va pasar a ser la escribanía del gobierno nacional.

Todo porque cuenta a su favor con un pueblo anestesiado o que le gusta lo que le están dando en la barraca del reparto. Es esto o transitar la nostalgia.

En su discurso Milei habló bastante de economía, esa que es solo para entendidos, otro poco de economía rural y también algo del rubro varios.

El resto fueron puteadas: contadas algunas 36 paradas como para devolver insultos.

Toda una curiosidad, no debe haber muchos casos en los que un presidente en su discurso ante una asamblea legislativa lo interrumpa casi 40 veces como para devolver piñas.

Veamos que sucedió luego con el abordaje de temas que realmente preocupan al común de la gente:

-Pérdidas de puestos de trabajo: nada.

-Educación: nada.

-Obras Públicas: nada.

-Salud: nada.

-Seguridad: nada.

-Pobreza: poco.

-Del gendarme liberado de la cárcel de Venezuela: nada, porque fue curiosamente un logro de uno de sus mayores enemigos del momento como es el “Chiqui” Tapia que. a través de la AFA, logró lo que el gobierno nacional no pudo.

Punto a favor para Milei, visibilizando los ataques de la oposición en el recinto consiguió subir un escalón más en la desligitimización de lo que él denominó la casta en este caso sintetizado en los habituales defenestrados legisladores nacionales.

El chiquero mostró su “mejor” faceta y todo ello juega para su cruzada anti política. El león podrá perder su dentadura, pero nunca el hambre.

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