María Elena Romero
Las recientes declaraciones del diputado Enrique Cresto sobre la reforma previsional impulsada por el gobernador Rogelio Frigerio merecen una reflexión serena, pero también una respuesta clara. No porque sus críticas aporten elementos novedosos al debate, sino porque reflejan una forma de hacer política que durante demasiado tiempo contribuyó a postergar las transformaciones que Entre Ríos necesitaba.
Resulta llamativo escuchar cuestionamientos tan contundentes de parte de dirigentes que ocuparon durante décadas posiciones de enorme relevancia institucional y política. Más aún cuando esos cuestionamientos se sostienen sobre argumentaciones precarias, referencias a lugares comunes y comparaciones inexactas, muchas veces de difícil comprobación, construidas más para generar impacto mediático que para aportar al análisis serio de los problemas que enfrenta la provincia.
La reforma previsional es una discusión compleja y sensible. Precisamente por eso exige responsabilidad y honestidad intelectual. Lo que no necesita son simplificaciones oportunistas ni discursos que intentan reducir un problema estructural a una consigna electoral.
Además, tal como lo expresó recientemente el ministro de Hacienda y Finanzas, Fabián Boleas, este debate no parte de una posición cerrada ni de una decisión impuesta de manera unilateral. Por el contrario, se encuentra en una etapa de recepción de aportes y escucha activa de los distintos sectores involucrados, con la voluntad de enriquecer el proyecto y mejorar aquellos aspectos que puedan perfeccionarse. Lo importante es comprender que no estamos frente a un problema nuevo ni descubierto por esta gestión. Se trata de una situación estructural que la dirigencia entrerriana conoce desde hace casi tres décadas y que fue diagnosticada una y otra vez por gobiernos de distintos signos políticos. Lo que cambió no es el diagnóstico, sino la decisión de abordarlo. Lo que durante años fue una advertencia postergada, hoy se ha convertido en una urgencia que exige responsabilidad, diálogo y coraje político para encontrar una solución definitiva.
Durante años, distintas administraciones eligieron evitar decisiones que sabían necesarias porque implicaban asumir costos políticos. Se optó por administrar las consecuencias en lugar de resolver las causas. Se prefirió trasladar los problemas hacia adelante antes que enfrentarlos. Esa conducta puede resultar conveniente para quienes piensan en la próxima elección, pero nunca para quienes tienen la responsabilidad de gobernar.
Por eso la principal diferencia entre el pasado y el presente es que hoy existe un gobernador dispuesto a tomar decisiones. Rogelio Frigerio entendió que la sustentabilidad del sistema previsional no puede depender de la improvisación ni de la negación de la realidad. Entendió que gobernar implica asumir responsabilidades, incluso cuando eso supone enfrentar resistencias o soportar críticas.
En ese contexto, sorprende que algunos dirigentes cuestionen la falta de transformaciones cuando fueron protagonistas centrales de una etapa política que tuvo todas las herramientas para realizarlas y eligió no hacerlo. Porque en política es muy fácil opinar desde el palco sobre una obra cuando ya no se está en escena; lo difícil es asumir las decisiones cuando se era uno de los actores principales y se tenía la responsabilidad de conducirla.
Las declaraciones del diputado Cresto parecen construidas desde esa comodidad. Desde un lugar donde siempre es posible señalar errores ajenos sin revisar las propias responsabilidades. Desde un podio que permite explicar lo que habría que haber hecho, pero evita responder por lo que efectivamente se hizo —o se dejó de hacer— durante años.
También resulta difícil no advertir que muchas de estas intervenciones públicas aparecen en momentos donde algunos dirigentes comienzan a recorrer el camino de un nuevo posicionamiento electoral. Los entrerrianos conocen bien esa dinámica. Cuando se aproximan los tiempos de definiciones políticas, abundan los diagnósticos grandilocuentes y las críticas estridentes. Lo que suele escasear son las propuestas concretas y la autocrítica.
Seguramente, buena parte de estas declaraciones responden más a la necesidad de posicionarse frente a una eventual candidatura futura que a una genuina preocupación por la sustentabilidad del sistema previsional. Son fuegos artificiales destinados a una tribuna determinada, recursos discursivos que buscan visibilidad y adhesiones rápidas, pero que poco aportan a la construcción de soluciones concretas para los problemas de los entrerrianos.
Por eso es importante separar los fuegos artificiales destinados a una tribuna partidaria de las decisiones que verdaderamente transforman la realidad. Una cosa es construir titulares; otra muy distinta es construir soluciones.
La reforma previsional puede ser discutida, mejorada y enriquecida. Ese es el sentido del debate democrático. Pero lo que no puede desconocerse es que representa una decisión política que durante muchos años nadie quiso asumir. Y justamente allí radica el valor del liderazgo: en animarse a hacer lo que otros prefirieron postergar.
Entre Ríos necesita menos discursos cómodos y más dirigentes dispuestos a afrontar los desafíos reales de la provincia. Necesita menos nostalgia por el poder perdido y más compromiso con el futuro.
Porque la historia no suele recordar a quienes encontraron excusas para no actuar. La historia recuerda a quienes tuvieron la voluntad y el coraje de impulsar los cambios que su tiempo demandaba. Y hoy, esa responsabilidad tiene nombre y apellido: Rogelio Frigerio.
(*) Diputada provincial oriunda de Feliciano.





