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Los curas barriales: la red que sostiene lo que el Estado dejó de sostener

En la capilla “Nuestra Señora de Lourdes”, ubicada en calle 25 de Junio y Bv. Sarmiento de Paraná, funciona desde febrero de 2018 un Hogar de Cristo.

A las once de la mañana, en el salón contiguo a la capilla de “Nuestra Señora de Lourdes” —en calle 25 de Junio y Bv. Sarmiento de Paraná—, ya se formó la fila. Chicos de campera vieja, mujeres con bebés a upa, hombres que vienen del Volcadero o del barrio San Martín. Algunos caminaron treinta o cuarenta cuadras para llegar. Adentro hay desayuno, un plato de comida, ducha caliente, ropa para lavar, talleres terapéuticos, psicólogos, arteterapia. Y una frase escrita en el corazón de la obra y que fue una gran enseñanza del entonces arzobispo de Buenos Aires, Jorge Bergoglio y que luego fue papa Francisco: “Recibimos la vida como viene”. El Hogar de Cristo “Nuestra Señora de Lourdes” funciona en Paraná desde febrero de 2018. Acompaña a unas ciento cincuenta personas. Es uno de los tres dispositivos que la red tiene en Entre Ríos. Los tres están al borde del cierre.

La paradoja con la que llega 2026 a la Argentina la ilustran dos cifras del propio INDEC: la pobreza bajó al 28,2 por ciento en el segundo semestre de 2025 —el nivel más bajo desde principios de 2018—, pero al mismo tiempo el desempleo trepó al 7,5 por ciento en el cuarto trimestre y se destruyeron, en dos años de gestión libertaria, 290 mil puestos de trabajo formales. La economía creció 4,4 por ciento; pero, por primera vez en la historia reciente, lo hizo con destrucción de empleo. En Entre Ríos el cuadro es más grave: cerraron alrededor de 870 empresas, se perdieron más de 6.400 empleos registrados y Concordia volvió a encabezar el ranking nacional de pobreza, con 49,9 por ciento, mientras la indigencia saltaba al 13,6. La pobreza infantil, según el Observatorio de la UCA, se ubica en 53,6 por ciento.

En ese mapa cada vez más áspero hay una red que sostiene lo que el Estado dejó de sostener. Esa red está hecha de capillas, comedores, sacerdotes y voluntarios. Empieza en Paraná y se extiende por Anacleto Medina, Concordia, Gualeguaychú, Concepción del Uruguay y Diamante. Es la trinchera más invisible —y más eficaz— contra el avance del narcomenudeo y el hambre.

En Anacleto Medina Sur, el padre Germán Brusa hace desde la capilla San Martín de Porres lo que el Estado no hace. Levantó el Instituto de Gestión Social Pablo de Tarso, una secundaria que rescató a chicos excluidos del sistema, cuya primera promoción egresó en 2019. En noviembre de 2021, en plena misa, un grupo irrumpió en la capilla con golpes, insultos y amenazas. Brusa contó después que una mujer se roció con nafta junto a un oficial y que uno de los hijos lo golpeó. Su definición es la que mejor sintetiza el oficio del cura barrial: más que pelear contra el narcotráfico, ofrecer sentido y un proyecto de vida. En Entre Ríos esa disputa es silenciosa pero permanente: en 2025 se registraron diez homicidios en el departamento Paraná y seis en Concordia, varios vinculados a ajustes de cuentas entre grupos de venta de estupefacientes.

La columna vertebral de la pastoral barrial es la red de Hogares de Cristo. Nació en 2008 a instancias del entonces arzobispo de Buenos Aires, Jorge Bergoglio, y del padre José “Pepe” Di Paola, en la Villa 21-24. Hoy son más de 350 dispositivos en todo el país. Hace once años se abrió el primero del interior en Gualeguaychú. Después llegaron Paraná, Concordia y Diamante. Trabajan en convenio con la Sedronar, que financia el 95 por ciento del funcionamiento. Desde hace tres meses, la Sedronar dejó de transferir los fondos.

En Gualeguaychú, donde el Hogar sostiene seis espacios —refugios para personas en situación de calle, primera infancia, casas de medio camino, adultos mayores—, ya se anunció el cierre de una casa para adolescentes con problemas de salud mental. Acompaña actualmente de manera mensual a más de 300 adultos, además de 100 niños y niñas que dependen directa o indirectamente de ese sostén. Zulma Albornoz, desde el Hogar de Cristo, manifestó en radio Máxima de Gualeguaychú, que el 95 de los fondos para sostener la institución son de la Sedronar, y que en estas semanas se ha apostado a la solidaridad para subsistir.

En Paraná, el padre Horacio Correa, a cargo de la capilla de Lourdes, lanzó campañas para sostener el dispositivo. Acompaña a medio centenar de familias —entre ellas, una decena de niños, adolescentes y adultos mayores—, muchos en ranchitos precarios de villas y asentamientos. El psicólogo Federico Manavella explica que reciben gente en situación de calle, atravesada por el consumo problemático, pero también familias enteras con chicos. La diputada peronista Laura Stratta presentó un proyecto en la Cámara de Diputados de Entre Ríos pidiendo que la Provincia asista a los Hogares ante el desfinanciamiento nacional.

En Concordia, la ciudad más pobre del país, el problema es estructural. El obispo de la Iglesia Católica, monseñor Luis Collazuol; el jefe de la Iglesia Evangelista, Pastor Daniel Ozuna; y el máximo referente espiritual de la religión judía, Rabino Israel Soriano, firmaron en octubre de 2022 un documento conjunto sin precedentes en la ciudad: alertaron por el narcotráfico, la pobreza extrema, la urgencia de educación y trabajo. Hoy las cifras son peores. En el barrio El Silencio, voluntarios y maestras jubiladas sostienen un merendero, un centro de salud y una escuela parroquial. Hay vecinos que cruzan el ejido a pie por un plato de comida.

Lo que el INDEC no mide tampoco aparece en los discursos oficiales: Concepción del Uruguay, Gualeguaychú, Santa Elena, La Paz, Feliciano, Rosario del Tala, Gualeguay, Victoria. En esa Entre Ríos invisible, los curas son muchas veces el único referente disponible. En Las Lomas Norte de Concepción del Uruguay, el obispo de Gualeguaychú, Héctor Zordán, creó en junio de 2025 una nueva parroquia con sede en la capilla Santa María Goretti. El padre Pedro Brasesco, quien asumió como párroco, nació en Victoria, estudió Comunicación Social y se desempeñó como periodista en su ciudad natal, en Paraná y Concordia. Conoce el oficio de mirar desde abajo.

La consigna que recorre hoy todas las parroquias populares del país sintetiza el dilema que también atraviesa Entre Ríos: “Los barrios populares se integran o se entregan al narcotráfico”. La repitieron los curas villeros en La Matanza en abril, recordando a Francisco. La sostienen, con el mismo cuerpo expuesto, los párrocos de Anacleto Medina, Lourdes, El Silencio y Las Lomas Norte. Mientras el Estado discute cifras y achica programas, en cada capilla entrerriana hay un cura, una catequista y un voluntario poniéndole el cuerpo a la pelea más concreta de todas: que un pibe más no se entregue, que una familia más no quede afuera, que la red no se rompa.

Por ahora, esa red aguanta. Hasta cuándo, no lo sabe nadie.

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