(de ANALISIS DIGITAL)
Ahora serán seis días solamente los que separan el día final del Carnaval del país en Gualeguaychú. Si bien no existe conformidad en buena parte de la dirigencia, especialmente en función de la cantidad de gente que llegó al Corsódromo en las noches de la principal fiesta carnestolenda de Argentina, deberían quedarse satisfechos por la demostración de organización, inversión, creatividad y alto nivel del espectáculo. Cada una de las comparsas mostraron un grado de profesionalismo digno de aplauso y sana envidia para quienes aspiran a, alguna vez, llegar a algo parecido al sello que logró Gualeguaychú, en especial desde 1997 en que se inauguró el Corsódromo. Quizás no toda la comunidad reconozca que en esta ciudad existe uno de los tres carnavales más importantes del mundo y que año a año se sigue demostrando que se está en condiciones de seguir creciendo.
Hay errores que deben ser subsanados, como las fallas, nuevamente, en la promoción, tarea que esta vez estuvo a cargo de la empresa Flecha Bus, con esa obsesión de seguir copando mercados que exceden al transporte o al turismo estudiantil. El tema es que tales yerros se siguen repitiendo, pese a los cambios en las firmas que deben desarrollarlo.
Anoche –vaya paradoja- estuvo casi lleno, en un prácticamente 90 por ciento, el sector vip, pero las tribunas no lograron ni el 50 por ciento de espectadores. Así y todo, se hicieron sentir en el aliento a los comparseros. Arrancó el Club Sirio Libanés, con Kamarr, bajo la dirección de Adrián Butteri, quien como siempre sucede, no se muestra ni aparece por el Corsódromo. La idea de Kamarr, a través del tema “Tangó”, es reflexionar sobre la influencia africana en la cultura argentina, lo que desarrollaron con creces sus integrantes, a partir de la idea coreográfica de Emilce Parga, en este su debut en ese rol, después de ser la mejor pasista de los últimos diez años y una de las jóvenes más creativas y reconocidas que dio el Carnaval. No es casual que en pocas semanas salga de gira por Europa, invitada especialmente y que ello le determine acordar nuevos periplos para años siguientes.
Fue sin dudas la mejor noche de Kamarr: lograron equilibrio en el desarrollo, una buena puesta en escena, hubo una aceitada coordinación (que fue uno de los problemas de sábados anteriores, en especial entre la primera y la segunda carroza) y brillaron como siempre sus individualidades. Tales los casos de Annelisse Di Santo -sin dudas en su máximo nivel desde que baila en la carnaval, siguiendo los pasos de su hermana Yamila, a quien se extraña- o de Laura Ruffa, que hizo un show espectacular junto a sus indios acompañantes, frente al primer palco del jurado.
Camila Gutiérrez, la cantante del grupo Toque de samba que lidera Martin Irigoyen, volvió a comerse al público con sus movimientos: canta, baila, hace morisquetas, conduce, arenga y hasta se da tiempo –porque se transformó en una modalidad desde hace algunos sábados- para realizar un acting de candombe en el piso. Brillaron las parejas de gauchos y chinas -que son de los números más destacados de la comparsa- y los espectáculos de tango, la batucada y el cierre con Libertango, en ese homenaje a Astor Piazzolla.
Habrá que ver qué sucede con el tema de la quita de puntos por no cumplir en tiempo y forma la salida y llegada de la comparsa, ya que hubo un retraso ostensible.
Marí Marí salió a la pista poco después. “Nos equivocamos y pagamos, porque el carnaval no se mancha”, dijo una y otra vez Juancito Boari, el animador de la comparsa de Central Entrerriano, en clara alusión a la decisión de los rojinegros, de salir igual este año, con la misma estructura del año pasado, en razón de la aguda crisis económico-financiero que vive la institución. Y las palabras del conocido médico Boari fue una síntesis, atado a la dignididad y profesionalismo que demostró la comparsa este año, pese a estar descendidos desde el minuto cero.
La gente se puso de pié para aplaudir a Marí Marí. Ese sello de popularidad del que disponen los chicos de Central Entrerriano es importante y se lo va a extrañar el año próximo, cuando tenga que descansar y empezar a preparar el 2015. El aluvión Estefanía Rivas volvió a ser irresistible para los espectadores y así fue ocurriendo con cada una de las escuadras, de las cuales muy pocas conservan algo de las coreografías que hicieron el año pasado. Pero los rojinegros generaron pasión y aliento, en ese desprejuiciado paso por el Corsódromo –ante la no competencia-, de la mano de los sones de la banda de música, con los temas pegadizos y de antaño. El párrafo aparte se lo llevó la batucada de Mauro Andrada, ese sucesor del legendario uruguayo Ojito Jiménez, que para muchos pasó desapercibido la semana pasada, en un sector de tribuna. Andrada juega como el Brasil del ’70 con sus batuqueros: de memoria en cada show. Sucede que alrededor de ese grupo de músicos existe experiencia, creatividad, códigos y divertimento, porque los chicos y chicas se divierten como nadie, además de demostrar el alto nivel que tienen.
La comparsa del Club Tiro Federal, Ará yeví, dirigida por Rodolfo Rodríguez -quien siguió más cerca que nunca el tránsito de su gente en la pasarela-, arrancó cuando la batucada de Marí Marí estaba todavía haciendo su espectáculo frente al primer palco de jurados y eso sorprendió. Felizmente fueron un par de minutos solamente, porque cuando la gente de sonido se dio cuenta que la música de Ara yeví estaba interrumpiendo al show de Andrada y su gente, ordenaron que corten los parlantes que podían molestar.
El trabajo de puesta en escena y coordinado en cada detalle por Silvana Ferrari, fue nuevamente la principal, virtud de Ara yeví. Y se sigue demostrando que la renovación de figuras es importante. La joven Florencia Hornus reemplazó a la bailarina principal de la escuadra que baila clásico y pese a su corta edad demostró que está en condiciones de cumplir el rol que se le asigne. De nuevo estuvo ausente Evangelina Carrozo, pero tampoco se sintió mucho. El final de Leo Stefani, al frente de la batucada y de la pasista Rebeca Mendoza fue también un momento para destacar.
Ahora habrá que preparar cada detalle de la última noche de carnaval y después esperar el escrutinio, el martes siguiente, como siempre sucede. No habrá sido una tarea fácil para los jurados en todos estos sábados. La paridad es muy firme y seguramente el que gane no sacará tanta diferencia sobre su rival directo. Y eso también marca el nivel de la edición.





