Antes de que las plataformas comprimieran el mundo en una pantalla doméstica, el cine fue en Paraná una ceremonia colectiva. Una liturgia de luces y sombras donde la ciudad aprendió a reconocerse a sí misma, sentada en la penumbra junto a desconocidos que, por unas horas, compartían las mismas emociones. El nuevo documental de “Memoria Frágil” (Canal 9, Litoral) reconstruye esa historia fascinante: la de las salas que marcaron generaciones y de una comunidad que hizo del cine mucho más que un entretenimiento.
Desde aquella función pionera de octubre de 1896, cuando las imágenes en movimiento llegaron al viejo Teatro 3 de Febrero apenas un año después del debut de los hermanos Lumière en París, hasta la desaparición de los grandes cines de barrio, la historia cinematográfica paranaense refleja también las transformaciones sociales, urbanas y culturales de la capital entrerriana. Cada sala fue una pantalla y, al mismo tiempo, un espejo. El elegante Urquiza, los populares Mayo y Rex, los cines escolares, los ciclos culturales y hasta el efímero autocine compusieron una geografía afectiva donde convivieron clases sociales, rituales familiares y sueños compartidos.
El documental de “Memoria Frágil” recupera testimonios, anécdotas y escenas que hoy pertenecen a la memoria colectiva: los estrenos multitudinarios, los acomodadores con linterna, los noticieros previos a la función, las corridas para alcanzar el último colectivo y las largas filas que convertían cada estreno en un acontecimiento ciudadano. Pero, también narra la lenta retirada de aquellas salas frente al avance de la televisión, el video y las nuevas tecnologías.
Más que una crónica sobre edificios desaparecidos, “Las historias del cine en Paraná” es una reflexión sobre el valor social del encuentro. Porque si el cine fue durante más de un siglo la gran fábrica de sueños de la modernidad, sus salas fueron también plazas cubiertas donde una comunidad aprendió a reír, emocionarse y mirar el mundo en compañía. Y esa experiencia compartida, como demuestra este documental, sigue proyectándose mucho después de que se apaga la última imagen.
Las historias del cine en Paraná
Todo empezó una noche de octubre de 1896. Apenas un año después que los hermanos Lumière mostraran su invento en París, los paranaenses ya tenían su primera función: el 15 de octubre, en el viejo Teatro 3 de Febrero —aquel que después demolieron para levantar el actual—, una máquina precaria proyectó las primeras vistas. Hubo tres días de funciones. La primera casi no se vio: las conexiones eléctricas exigían demasiado a los equipos. Pero, para la segunda y la tercera ya estaba todo en orden, y el público vio lo mismo que asombraba en Europa: los obreros saliendo de la fábrica, imágenes exóticas de viajes lejanos, la feria de París. Todavía no era una industria ni un arte. Era una curiosidad, un relleno entre los actos del teatro, del circo criollo, de las bandas musicales. Pero, así arrancó nuestro cine en Paraná.
Claudio Cañete, periodista e historiador
“Hay para destacar cines muy memorables de acuerdo a la época que tomemos. Este año es muy especial -2026- porque se cumplen 130 años de la primera proyección de cine en Paraná: el 15 de octubre de 1896, en el viejo Teatro 3 de Febrero, el que demolieron para construir este que tenemos, que también ya es histórico… fue la primera función. Imagínate que es un dato que a mí siempre me llamó la atención y me movilizó justamente a escribir y empezar a investigar sobre el tema de los cines en Paraná… no había pasado un año que los hermanos (Auguste 1862-1954 y Louis 1864-1948) Lumière habían presentado el invento en París, y ya los paranaenses conocían la experiencia del cine. De manera muy precaria, pero bien… se proyectó en esa semana y hubo 3 días de función con unas conexiones eléctricas que por ahí les exigían demasiado a los equipos. En la primera (proyección) no se vio muy bien. Después ya en la segunda y tercera pudieron acomodar un poco ese tema, ¿no? Básicamente, la gente vio lo que se vio en París, o sea, esas vistas de los hermanos Lumière, de los obreros saliendo de la fábrica… esas imágenes exóticas de un viaje a Japón… la Feria de París… ese tipo de vistas, o sea, todavía no hablábamos de un cine con argumentos ni con guion, no había lugares de proyección. Era un invento / experimento en ese entonces”.
Mauro Bedendo, director de cine
“Paraná tuvo, siempre siguió la tendencia nacional, digamos, a partir de la llegada del invento del cine de los hermanos Lumière. Prácticamente, el cine, a los pocos años de presentarse en Francia, ya estaba presentándose en Buenos Aires. Así que Paraná, de alguna manera, hablando de Paraná, ¿viste? Porque podríamos hablar también de Entre Ríos, pero Paraná era como un epicentro donde, generalmente, se podía empezar a visualizar las primeras máquinas de proyección, que eran, obviamente, como todos sabemos, era el cine a manivela, con películas muy cortitas, apenas segundos…. Y, qué sé yo… que era como una manera de demostrar lo que se llamaba las famosas vistas. Y siempre hago una comparación, porque -para que lo entienda sobre todo la generación de gente joven-, que el cine, en sus comienzos, cuando empezó como invento, más allá de considerarlo a los hermanos Lumière, que lo consideraron un invento de feria, de circo, ¿viste? Pensaban que no tenía un uso artístico ni que iba a tener ninguna trascendencia, cosa que (Georges) Méliès después se reía cuando le compró la máquina, hizo todas las producciones que hizo. George Meliés con sus producciones fantásticas, que fue un poco el que empezó a armar el cine, dramatizar el cine y hacer como unas pequeñas películas e historias. Pero, el cine, como para que nosotros entendamos… ¿se acuerdan cuando era el Mundial del año ´78? Todos los bares tenían que tener, llamémosle, un televisor para poder ver los partidos, porque si no, la gente dejaba de ir al bar, se quedaba en su casa a ver el Mundial. Entonces, con el cine pasó algo muchísimo antes, que fue los bares y las confiterías principales de cada ciudad empezaron a presentar el tema del cine como un aditamento al proyecto, al producto que vendían, que era decir, bueno, salgan a comer. Entonces, acá hubo cosas muy graciosas porque, digamos, el cine nace prácticamente acá, a poquitos metros donde estamos grabando en este momento, que fue el cine Rodrigo, que fue una de las primeras salas, llamémosle “comerciales”, que era de este Rodrigo, que era un señor que tenía acá donde sería hoy el Banco de Entre Ríos, el Bersa. Ahí tenía su primer cine, porque tenía su lugar donde la gente venía a comer y se hacían reuniones… tenía como para jugar a las cartas. Y ahí, la primera comisión de damas, señoras de la alta sociedad entrerriana, fueron las que decidieron un día empezar a usar como proyección una película para hacer como un elemento para el Hospital de Niño que estaba en su momento necesitando de su asistencia”.
Marcelo Olmos, arquitecto y docente
“Yo vine a vivir a Paraná en el año… me trajeron en el año ´57, por ahí. Porque vivíamos en Comodoro Rivadavia, pero mi papá era de acá. Y lo que recuerdo era… siendo chico… los sábados al cine Mayo. Al cine Mayo, porque eran las series, les pasaban ´El Gordo y el Flaco´, Carlitos Chaplin, películas viejísimas, pero las pasaba y después venían las series, las películas de cowboy y todas esas cosas que todos los chicos íbamos a mirar. Lo que sí me acuerdo, ya a raíz de esta charla, me puse a pensar que cuando nos mandaban al cine, nos mandaban bien vestiditos. No era nada de andar a la que te criaste, era ir bien vestidos. O sea, para la época el ´ pulovercito´, los ´pantaloncitos´ cortos, los ´zapatitos´.. nada de venir así nomás. Ese es mi primer recuerdo. Y después, para ver más adelante, existían, bueno… los cines, aparte del Mayo, el Teatro daba cine, el Select, el Rex. Eran los visibles, después estaban los ´Clase B´: el Ideal y el Sáenz Peña”.
De aquella función a hoy, el cine se proyectó en casi medio centenar de lugares de la capital entrerriana. En las primeras décadas no había salas como las imaginamos: se proyectaba en confiterías, billares, bares, en las terrazas durante el verano. Recién entre 1912 y 1914 aparecen el cine Rodrigo y la sala de la Sociedad Italiana, ya con la estructura del cine clásico. El Rodrigo merece un párrafo aparte. Funcionaba donde hoy se encuentra el Banco de Entre Ríos, en un local pensado para comer y reunirse. Fue la primera Comisión de Damas de la alta sociedad la que empezó a usar las proyecciones como beneficio para el Hospital de Niños. En verano, los dueños llevaban el proyector a una terraza cercana a la Catedral y daban función al aire libre, con la brisa del río; los programas invitaban a ver la película mientras se comía una milanesa con papas. El Rodrigo terminó en llamas: las películas eran de nitrato, peligrosísimas, y aquel incendio convocó a la ciudad entera como si fuera un espectáculo.
Mauro Bedendo, director de cine
“Y el Rodrigo tenía un aditamento que era que, en el verano, en lo que sería hoy lo que nosotros conocemos como la Caja de Jubilaciones, que sería de la Catedral, dos cuadras para abajo. Ahí tenían un local que ellos tenían como una terraza más arriba, y llevaban la máquina, el proyector, lo llevaban hasta allá, lo instalaban, se hacía una proyección al aire libre en la terraza con la brisa que venía del río. Y tenemos los programas donde te dice, por ejemplo, venga a compartir su milanesa con papas fritas, o facturas viendo las películas en el cine ´Rodrigo de verano´. Así que ya el cine era una cosa, habrá sido una época fantástica, que estaba el cine, estaban los tranvías, uno podía ir a la Costanera y comer pescado… Que hoy prácticamente hay cosas rarísimas, porque Paraná es una ciudad que le ha dado prácticamente la espalda al río, no se potenció, no se fomentó esa cosa de estar mirando al agua, mirando al río, comiendo. Hay pocos lugares específicos que lo hacen. Y supo haber, en su momento, pegado al Rowing Club, a donde están las instalaciones del Rowing Club, en parte de lo de lo que sería la barranca. En su momento también se hizo cine al aire libre, con proyección… se ponía la pantalla sobre la playa y la gente se sentaba a la barranca y miraba las películas”.
Marcelo Olmos, arquitecto y docente
“En el Rex, yo recuerdo haber visto ahí una película que es inglesa, que se llamaba ´Darling´. Muy época, la Inglaterra de los ´60, los Beat, las tribus de Carnaby Street y esas cosas. Era la primera película donde aparecía un personaje gay. Nombrado como gay, era un silencio, ¿viste? Que la gente estaba shockeada… shockeada directamente. Este, claro, el mundo fue cambiando muy deprisa. Los éxitos se llenaban, siempre había… yo no lo tengo muy claro… creo que los cines funcionaban de jueves a domingo, creo, porque se llenaban. Y al cine íbamos de saco y corbata. Eso, sí, me acuerdo después, fines de los ´60 desaparece. Pero, era un ritual donde vos tenías que ir bien vestido, era una salida muy formal, ¿entendés? Incluso de familias, de matrimonio, novios”.
Claudio Cañete, periodista e historiador
“Además de eso, hay 11 experiencias de cineclubismo, contando las presentes. Pero, el cineclub acá empezó en la década del ´50. Y también otra cosa que puede destacar en ese recorrido son los cines que han marcado como una época… a todos estos números que te digo, hay que sumar los actuales. La realidad del presente es que tenemos cine en dos shoppings: uno que es un complejo que tiene 6 salas; el otro tiene 3; y el cine Círculo… yo lo proceso así a los datos. Lo cuento también como otro complejo que tiene 4 salas por dentro, ¿no es cierto? Entonces, en este momento es como que en total tenemos 13 salas en 3 complejos, pasando cine… ese es el presente que tenemos. Pero, el pasado es éste que yo te contaba, donde también escuelas fueron salas de salas de cine, porque habían tenido equipadas o condicionaban sus salones de actos para proyectar”.
Con los años ´20 llega la consagración. El cine ya es industria y empieza a ser arte; se pasa del mudo al sonoro, del blanco y negro al color. Y aparece el cine Urquiza, en la planta baja del Palacio Bergoglio: la sala más lujosa que tuvo Paraná, con cortinados de terciopelo, ventiladores de pared y 600 butacas. Allí iba la aristocracia. Pero, el mapa de los cines dibujaba también el mapa social de la ciudad: salas para la élite, salas para la clase media —el Mayo, el Rex— y cines de los márgenes, como el Bavio o el Crobetto, por la zona de las Cinco Esquinas, cuando eso era todavía borde de quintas.
Mauro Bedendo, director de cine
“Paraná llegó a tener -siguiendo un poco lo la línea de lo que me estabas preguntando-, en su momento más de 17 o 18 salas… llamémosle comerciales; y otras salas que eran puramente culturales y salas que también funcionaban dentro de las escuelas. Era como una metodología muy… llamémosle… era una manera de hacer caja rápida para poder sostener problemas que tenían a veces con gente que tenían chicos pupilos o gente con eso… Es decir, por ejemplo, uno de los casos más famosos fue el Cine Alice, que es en donde está el colegio del Cristo Redentor, que actualmente hasta las máquinas existen todavía… por eso fue una donación de una mujer que se llamaba Alice, el apellido te lo debo, después voy a ver si lo encuentro, que era una mujer de origen belga, que se interesó por el tema de la gente de la escuela ésta… que las llaman las monjas y le dicen que ellas necesitaban, porque tenían pupilas en esa época. Ellas le compraban a su marido, que tenía una fábrica de sábanas y cobijas para cama, y entonces le contaron de la necesidad que tenían, de ayuda y eso. Entonces, Alice hizo un gesto y les donó… toda una cabina de proyección completa y le dio toda la plata para hacer toda la estructura del cine”.
Claudio Cañete, periodista e historiador
“La última generación de los cines, estos que están muy ligados todavía a los afectos de los paranaenses, porque todavía está la generación que los conoció, que los vivió, que tienen recuerdos familiares, de los amigos, de los paseos al centro… porque venir al centro era todo un acontecimiento, ponerse la mejor ropa, bueno, tener también algunas monedas para comprarse algo en el quiosco del mismo cine… venir con amigos o venir con algún familiar que te traía. Incluso, a veces, venir al cine era el regalo de cumpleaños. En la década del ´60, por ejemplo, en algunas familias, parece muy raro esto… en algunas familias el regalo a una chica que cumplía 15 años era llevarla al mejor cine, a una función de una alguna película que quisiera llevarla, digamos, a ver un estreno, por ejemplo. Películas románticas o películas de aventuras que estaban como a la moda. Así que esa última generación tenemos al cine Mayo, el cine Rex, el cine Ópera, el cine Avenida, que era el sucesor del cine Sáenz Peña, en calle Carbó… y el cine Select, que después también en sus últimos años se transformó en el cine Atlas. Yo creo que estos son los nombres que todos quienes estén escuchando esto se van a dar cuenta que es como la última generación de salas que hubo, y que, por supuesto, fueron desapareciendo de a poco”.
Marcelo Olmos, arquitecto y docente
“En el 2004 prácticamente vivía en Santa Fe, venía, iba y venía. Y acá dieron Día de la Independencia en el Mayo, y la cola daba vuelta por Monte Caseros, y seguía para abajo. Yo nunca había visto colas en los cines de Paraná. Había colas modestas, pero no. Lo mismo cuando estrenaron mucho antes ´Mi pobre angelito´, era una muchedumbre. Es como la evolución. Al principio, las películas eran como algo normal, con una buena asistencia, pero no tenían esa cobertura… que las hacía mucho más objeto de consumo inmediato que había que ir ya a verlas… Y en esa época fue así. Y del Mayo, sí, lo que me acuerdo es que ahí vi ´La pared´ de Pink Floyd… ¡qué maravilla! y era el Mayo, ¿viste? Los recuerdos que tengo, ya te dije, no son en exceso porque, no constituían para mí el centro de la existencia. Por ejemplo, yo me enteré que existía el cine Bavio, porque tengo un amigo que vivía a media cuadra. Te estoy hablando cuando nosotros teníamos 20-30 años, ahí me dijo, ¿vos no sabías que existía un cine? No… ´Sí, estaba a media cuadra de mi casa´. Nunca me enteré que existió el cine Bavio, por ejemplo”.
El cine se metió en todas partes. En las escuelas religiosas funcionaron salas propias: el Alice, en el Cristo Redentor —nacido de la donación de una mujer belga que costeó la cabina completa—, el Don Bosco, el La Salle, el Pancho Ramírez de la Escuela Hogar. Programaban cine familiar, sin estrenos, y se llenaban igual. Hubo hasta un autocine, breve, de un par de veranos, a la moda de Buenos Aires: se llegaba en auto y se sintonizaba el sonido por la radio. Fueron los años de Oro. A fines de los ´60 y comienzos de los ´70 convivían cerca de diez cines, y entre comerciales, culturales y escolares la ciudad llegó a contar más de quince salas. Ir al cine era un ritual. Había que vestirse bien —saco y corbata o el mejor vestido—, pasar por la peluquería, salir en pareja o en familia. Alrededor de cada sala latía una vida entera: los restaurantes vecinos —La Casona junto al Ópera, Luisito junto al Select—, el chocolatinero, el acomodador, el proyectorista. Antes de cada película llegaba el noticiero, única ventana audiovisual a lo que pasaba en el mundo. Los martes era el día fémina; los sábados, la trasnoche a la medianoche. Y desde la cabina se veía a la gente levantarse antes de finalizar la función, desesperada por no perder el ómnibus.
Pablo Russo, docente y periodista
“Los ´80 y ´90, para mí fue el tránsito entre la infancia, la preadolescencia, la adolescencia. Las salas que solía frecuentar eran la sala Mayo, frente a la Plaza Mayo. Esa más que nada. Y también el Rex, iba mucho, que es un cine que sobrevivió hasta hace poco tiempo, dando tumbos, pero llegó hasta la década del 20 del siglo XXI. Y el cine Atlas también ahí, alguna vez, que estaba en calle 9 de Julio… es uno de los espacios de mi infancia… donde iba a veces con amigos, a veces con mi vieja que me llevaba. Pero, era una época en la que, sobre todo los ´80, a los chicos nos podían dejar en el cine y nos buscaban a la salida. Hace poco me puse a pensar, qué harían durante ese tiempo que tenían libre, libre de gurises, digamos, sabían que estábamos seguros en la sala. Porque además había películas en continuado también, muchas veces se podía, uno podía quedar a la siguiente, o ir un sábado y ver la programación completa. Y también había un espacio que para mí fue importante en la Alianza Francesa. En el año ´85-´86 tuvo que haber sido, tal vez ´87, tuvo un director la Alianza Francesa (…) que le gustaba el cine. Y se ve que era parte de la política cultural de Francia, difundir también su cinematografía. Evidentemente, esto lo pensé más grande, ¿no? Pero, evidentemente, le llegaba material a través de la Embajada o algo, y él proyectaba en 16 milímetros con un proyector en el pequeño auditorio -que hace muchos años que no entró-, pero ahí en calle Andrés Pasos al fondo hay un salón o un auditorio -no sé qué será- pero. era el lugar donde los viernes a la noche había cine francés”.
Marcelo Olmos, arquitecto y docente
“Y después existían los cines de los colegios religiosos. Me acuerdo que había uno que se llamaba Alice, que era en el Cristo Redentor, Y después otro que se daba en el 2º piso del La Salle los sábados o los domingos, para los chicos. Yo hice mi primaria en el La Salle, pero jamás fui al cine. Ya con pensar subir las escaleras ya te daba mala onda. Pero, esos duraron… el del La Salle duró muy poco, eso sí me acuerdo. El cine Alice, no… De alguna manera, estaba en una zona que no tenía ese tipo de espectáculo y posiblemente para los vecinos era una cosa más accesible. Pero ya en esa época empezaba ya a decaer mucho el cine. Y cuando aparecen los videos, ya murió. La gente ya no iba, pulularon los videos en la ciudad en una manera increíble, había uno en cada esquina… el Mayo desaparece, el 3 de Febrero dejó de dar cine... No tengo mucha memoria, pero creo que a mediados de los ´60 debió haber dejado de dar cine, el 3 de Febrero. Y los últimos que cerraron fueron, sí, el Select y el Rex”.
Mauro Bedendo, director de cine
“Lamentablemente, con la venida de la televisión tuvieron un primer golpe en su momento, digamos, con la televisión, llamémosle, cuando empezó a ser más masiva, a partir de la década del ´60. Ya después, en el ´70, empieza también un poco la parte de, digamos, de todo lo que fue la televisión color, después empieza a entrar el cable video, después viene los videoclubes. Y el cine, yo siempre digo que, básicamente, el cine es un hecho social. Es decir, la gente le gustaba, básicamente, ir al cine y era, se ponían la mejor ropa… las mujeres se preparaban, iban a la peluquería, qué sé yo, porque iban a ir al cine, porque el cine era una salida, era ir con otras parejas, era ir a tomar algo después de salir, ir a cenar, o cenar previamente y después ir al cine. Era esa famosa historia de, bueno, tratar de contar después qué le pareció la película, el intercambio. Había como un hecho social, se movía una industria gastronómica alrededor de los cines. Obviamente, si vos ves la relación que había con los cines… lo estudié mucho para un documental que estoy haciendo sobre la historia de los cines, que siempre, un cine grande o comercial, siempre tenía al lado un restaurant”.
Después vino la caída, y no por una sola causa. La crisis económica de la dictadura, a mediados de los ´70, golpeó a los empresarios que ya no pudieron modernizar las salas. La televisión primero, el cable después, el VHS y los videoclubes más tarde ofrecieron en casa lo que antes obligaba a salir. Y las salas del interior se quedaron atrás en sonido y en pantalla. En los ´80, el cine Mayo empezó a abrir y cerrar; el cine Select se volvió Atlas; el Ópera bajó la persiana en 1991; el Mayo, en 1999. Hubo un tiempo, en los ´90, en que Paraná directamente se quedó sin cines, y mucha gente cruzaba a Santa Fe para encontrar la pantalla.
Franco Giorda, periodista, especialista en cine
“Fue un descubrimiento alucinante que me introdujo en un mundo que nunca más abandoné ni del que quise salir. Incluso, te diría que empezó esa fascinación previa a la adolescencia y la juventud, que fue en la infancia. Yo asistía a las matinés, que había una programación doble, que, fundamentalmente, los sábados. Y, bueno, empezaba a las 2 de la tarde y salías 6 de la tarde habiendo pasado esa experiencia… de una manera inolvidable… yo asistí a los cines que había en esa época en Paraná, la década del ´80, que era el cine Ópera, el cine Rex, el cine Mayo, incluso un poquito después al cine Atlas. Ese mundo me capturó.. fue, como se define al cine, un viaje inmóvil, ¿no? Un viaje que te lleva por mundos, miradas que enriquecen el alma y la sensibilidad fundamentalmente, ¿no?”.
Claudio Cañete, periodista e historiador
“La crisis de estas salas -después te voy a contar de otros espacios-, un poco fue la política económica del de la dictadura a mitad de los ´70. Ese quiebre económico también afectó, impactó a los empresarios que tenían salas de cine, porque ya no se pudieron reequipar, no pudieron modernizar las salas, o sea, no (pudieron) traer nuevos proyectores o tenía un costo, digamos, en el mantenimiento del que ya tenían. Había que pensar que también la diferencia la marcaban los lugares que tenían calefacción o aire acondicionado y todo ese tipo de cosas… se empezó a dificultar. Empezó, por ejemplo, a fines de los ´80, ya hubo algunas veces que el cine Mayo, por poco tiempo, cerraba y después abría con otro algún otro propietario o con el mismo administrador que retomaba el negocio. En los ´80 también ya se empezó a notar un poco ese retroceso, porque a comienzo de los ´80 el cine Select se transforma en el cine Atlas con una nueva inversión… pero en definitiva el cine Select, que fue una historia, cerró. El cine Avenida cerró también, Y, bueno, y ya empieza como la última época que creo que termina en 1999, con el cierre definitivo del cine Mayo, ya llamado Sala Mayo, porque en el ´91 había ya cerrado el cine Ópera. Y el cine Rex era el que se mantenía y se mantuvo, ¿no? Y como como que quedó por ahí el único”.
Pablo Russo, docente y periodista
“Hay varias confluencias, ¿no? Los cambios tecnológicos son muy importantes. También hay crisis sociales en el medio. En los ´90 es el auge del neoliberalismo, pero también la forma en que las personas se vinculan con las pantallas. Vivimos en un mundo que está lleno de imágenes, tenemos representaciones y símbolos por todos lados. Y desde que nacemos tenemos pantallas. Desde el surgimiento del cine, a fines del Siglo XIX, hasta la década del ´40-´50 que aparece la televisión, esa es la única pantalla. Después está la televisión, que le compitió. Muchos decretaron la muerte del cine, no ocurrió. De la televisión… la televisión va evolucionando y empezamos a tener, por ejemplo, soy de la generación VHS, mediados de los ´80, principios de los ´90, ya con la posibilidad de ver película en forma hogareña en los tiempos que uno programaba, distinto a la televisión que había que prender y ver el canal. Y después se suman… viene el cable, y ya en el Siglo XX la convergencia de telefonía, televisión e Internet hacen que ya el consumo de las pantallas sea totalmente distinto, muchísimo más hoy en día con las redes sociales, incluso los formatos y las duraciones”.
En ese hueco resistió La Hendija. Cuando el cine había desaparecido de la provincia, allí se proyectaban estrenos en 35 milímetros, semana a semana, con butacas viejas rescatadas de una sala de Santa Fe y abonos baratos para estudiantes. Se llenaba y los miércoles, último día del abono, la gente se colgaba de las vigas.
Armando Salzman, presidente Fundación La Hendija
“Creo que es una consecuencia de la concentración del espectáculo, por decirlo de alguna manera. Todo lo que sea fuera de las redes se ha concentrado en las grandes superficies, como le llaman, en los shoppings, en alguna en algunos multicines. Lo que se ha terminado son los cines individuales que, aunque, digamos, las salas sueltas, las cadenas que había en las provincias de salas sueltas, porque las posibilidades de distribución están concentradas en donde más recaudación vayan a tener. Entonces, es imposible sostener una sala como se sostenían antes. En la ciudad nuestra (por Paraná) había varias salas de cine cuando yo era chico, 8- 9 salas, no recuerdo el número exactamente. Nosotros pudimos armar un proyecto de cine en La Hendija, cuando el cine desaparecía de la ciudad y desaparecía de Entre Ríos. Y lo hacíamos con películas de estreno. Todas las semanas había una película de estreno y todas las semanas se llenaba la sala. Eso se terminó porque la negociación que nosotros hacíamos directamente con la distribuidora hoy es imposible de planteársela (…) Se perdió como todo lo que los centros comerciales y el propio centro de la ciudad, ´chupó´, ¿no? El club de barrio es imposible sostenerlo desde el punto de vista de lo que significaría su edificio, su superficie, su cuidado. Nosotros, cuando éramos chicos íbamos al cine que estaba frente a la placita Sáenz Peña, que era un cine de barrio para nosotros, o al Círculo mismo, que ese mantiene el edificio. Bueno, yo al ´Bavio´ no lo alcancé a conocer. Pero, cines céntricos había uno o dos, no más… los demás estaban distribuidos en la ciudad”.
Mauro Bedendo, director de cine
“Lo que yo más o menos percibí por lo que fui estudiando del tema, lo que fue pasando fue… hubo un poco de varias cosas… digamos… varios factores que se fueron dando que fue llevando al cine. El cine, sobre todo las salas del interior, en el caso de Paraná, no se tecnificaron lo suficientemente bien. Entonces, la gente empezó también como a tomar distancia. Llamémosle de… partamos del sonido, por ejemplo. Uno ya en su casa compraba un equipo de audio, que tenía un equipo que sonaba mejor, ¿viste? Más allá del combinado, acá el cine se había quedado bastante atrás. Entonces… la gente, sobre todo, la gente joven cuando veía una película, luego decían: no, pero no se escucha bien, qué sé yo, le faltaba como calidad en la parte tecnológica del sonido. Después también, algunas salas, digamos, no se jerarquizaron con respecto a las pantallas o el tamaño, así que más allá, que fue evolucionando el cine a partir del de la incorporación de otras tecnologías, como el CinemaScope, que se necesitó hasta modificar el tamaño de las salas, porque se necesitaba una pantalla más ancha”.
Pablo Russo, docente y periodista
“Porque ir al cine implica, si vienen unos espectadores-espectadoras frente a la historia que va a haber… implica una actividad, es decir, hay que ser activos para eso, hay que salir. Salir del hogar. Salir de la casa. Encontrarse con otros, con otras, que por ahí uno no conoce, y compartir la oscuridad de una sala y la duración de la película, que no es menos de una hora y media. Entonces, todo ese tiempo que hay que estar a disposición de una historia, hoy en día resulta más difícil tenerlo también. Y además esto: la oscuridad de la sala compartiendo con los demás las emociones que se transmite a través de una historia, y algo que hoy se ve mucho más que antes, incluso, porque la diferencia con el consumo íntimo o privado es de corrido la cosa. Uno va a ver la película y empieza, y hay que estar ahí, el tiempo que dura hasta que termina. En cambio, por streaming o por ´on demand´, digamos, uno la ´para´, va al baño, se hace un mate, no sé… la sigue al otro día. Y es una historia fragmentada, es distinta a la recepción que tenemos de ese mismo hecho”.
Claudio Cañete, periodista e historiador
“Y también impactan las costumbres, ya la gente se ponía a ver en su casa y para qué ir a un cine… donde quizás ya estaba la sala venida a menos, no tenía calefacción, la entrada era cara, teniendo en cuenta que por pocos pesos te alquilabas varias películas en un fin de semana… bueno, todo eso… y vale aclarar que también nosotros en Paraná -así como tenemos esa anécdota tan hermosa de lo que yo te contaba de la proyección en 1896-, también la ciudad pasó todas esas cuestiones que marcaron los finales de los cines, como por ejemplo en Buenos Aires o en Rosario, aunque en Rosario todavía hay una movida de cines, y tuvo una movida de cines mucho más importante, que es que algunas de esas salas que desaparecieron o se convirtieron en un templo, o se convirtieron en un lugar de venta de electrodomésticos o un restaurante”.
Y el Rex, el último de los clásicos, aguantó dando tmbos: con “Titanic” y con “La Lista de Schindler” y “Manuelita” todavía hizo colas de dos cuadras. Cerró definitivamente en septiembre de 2021, después de la pandemia. En 2026 su frente quedó limpio: ya no hay rastro del cartel que marcó una época.
Armando Salzman, presidente Fundación La Hendija
“También hay que pensarlo porque tenían mayor poder de negociación con las distribuidoras. Entonces, ahí estaba el punto. Sí lo que ofrecían era interesante, por eso la gente iba. No iba solo porque estaban en el barrio, sino porque las películas valían la pena, ¿me entendés? Ese poder de negociación directo del dueño de una sala de barrio, o incluso del dueño de varias salas en la provincia, así distribuidas, con las distribuidoras se terminó. Porque estas distribuidoras empezaron a negociar con los shoppings que fueron apareciendo, muchos de ellos encadenados económicamente, incluso, la distribuidora era parte de algunas de estas grandes superficies, de manera que eso te quitaba total poder de negociación”.
Franco Giorda, periodista, especialista en cine
“A mí me genera una emoción particular el hecho de estar en la sala oscura y que empiece la de introductoria de las películas. Y eso ya me predispone de una manera que hace que sea, tal vez, mi momento y mi lugar favorito, ¿no? Y lo vengo trayendo desde esos momentos. Y los recuerdos son esos… de fascinación, de algo que superaba toda mi percepción… era algo que me conmovía. Porque esto es lo que tiene el cine también, que es algo que evidentemente lo experimenté de manera muy temprana, que hubo un momento catártico, ¿no? En el que las emociones fluyen más libremente”.
Marcelo Olmos, arquitecto y docente
“¡Ah! estaba el cine Círculo, el cine Círculo que estaba a la vuelta de mi casa, sí, se me acuerdo. Mirá, el salón era plano, o sea, la perspectiva que tenía era la cabeza de enfrente. Todas las sillas eran de madera, no eran butacas con resortes como los otros. Y también era medio un cine donde te mandaban, ¿viste? (…) Y yo me acuerdo, pero mirá, por ahí te pasaban las películas al revés, se equivocaban de lata y empezaban con la del final y aparecía la del principio en el medio, y sí, y la gritería y esas, esos cines bien de barrio, ese era ese es el cine era de barrio. Y vos sabés que yo ahora me acuerdo de ese cine, porque era… pero ojo, tenían buenas películas, no era que te pasaba un rezago. Había buenas películas, Había buena cartelera. El cine Círculo solía tener buenos títulos, o sea, entretenida, ¿viste? Entonces, chicos… cine… y después cuando sos adolescentes elegías… cuando sos adolescentes preferías … porque sabías que había amigo y era más visible, digamos”.
Claudio Cañete, periodista e historiador
“Y creo que esa es la nueva forma que hay que aceptar de las salas de cine, que sean un complemento de otro espacio, como un atractivo de otro espacio. Es un cambio de época también. Y es un cambio que también es el resultado de todos estos procesos que yo te decía. Está bueno esto que decís vos, todas las ciudades pasaron por estas cuestiones. La otra vuelta estaba viendo un aviso -parece que la década del ´50-´60 de los cines de Rosario-, impresionante… ¡impresionante! la cantidad de cines. Algunos rosarinos me han comentado que, hasta 3 cines en el mismo barrio… cosas así, ¿no? Y acá nosotros estuvimos en la proporción que nos correspondía… fines de los ´60 y comienzo de los ´70, llegamos a tener 10 cines... un promedio de 10 cines. Imaginen, piensen Paraná y yo les digo: miren si tuviéramos 10 cines acá en Paraná… pero, no las micro salas, sino 10 lugares como el Rex, como el Mayo… En esa época también había otra oferta. Estaban las escuelas que tenían proyecciones de cine regularmente Tenían una cartelera y tenían un espacio que -como yo te decía- proyectores propios en el salón de actos. El cine Alice del Cristo Redentor, el Colegio Don Bosco, el Colegio La Salle y la Escuela Hogar”.
Pablo Russo, docente y periodista
“También hay como bastante homogeneización en el tipo de historias que se presentan en esos lugares, porque es también una cuestión ideológica, económica, de fondo, que es quiénes manejan las cadenas de producción y distribución de esas historias. En ese sentido, es bastante acotado lo que podemos llegar a ver en esos lugares también. A diferencia por ahí de otros espacios, que también son sociales, comunitarios, compartidos, como son los ciclos o los cineclubes -que en esta ciudad hay varios-, algunos con muchos años, donde en general se explora otra cinematografía, que no es necesariamente la comercial o la que más gente lleva. Pero, es como si uno entra a una librería y tuviese solamente 2 o 3 editoriales. Digamos, el mundo es ancho y la producción es enorme. El poder ver más de esa producción es también enriquecedor”.
Mauro Bedendo, director de cine
“Voy a irla a ver a Santa Fe, que en Santa Fe se ve mejor… y ahí empezaron a ingresar lo que fueron las cadenas de los shoppings que traían esos cines más… ´ forest export´ norteamericano, en donde tenías la salida resuelta: ibas a un shopping, veías una película, el chico comía una hamburguesa, era como un combo perfecto, era una salida. No dejaba de ser nuevamente la salida. Acá era como que se te complicaba más, porque, digamos, tenías que ir al cine y, de golpe, después ir a otro restaurant y, entonces, los shopping crecieron de una manera mucho más… era como más atractivo, es decir, al shopping vos le sacás el cine y no funciona, digamos, es una clave que algunos también marcan que al cierto fracaso que tuvieron algunas experiencias acá con respecto al shopping, era como que, digamos, no tener esa cantidad de gente que vaya al cine y que no acompañe, digamos, al shopping, es decir, entonces, como una cosa que no sabe si está el huevo o la gallina, ¿qué es lo primero? Pero, normalmente, vos tenés que tener como un combo donde vos decís, bueno, voy, paso un rato largo, lo entretengo, tengo al nene que está en los juegos, las cosas, mientras que vean la película… hay matrimonios que dejan a los chicos viendo la película y se van a comer”.
Franco Giorda, periodista, especialista en cine
“Y hay algo que me parece que es interesante marcar, que en aquel momento los cines que existían tenían cada uno un perfil, pasaban un tipo de película, ¿no? Eso lo cuenta muy bien Claudio Cañete, periodista e historiador en sus libros. Hoy, las carteleras de casi todos los cines son muy parecidas entre sí. No hay esa diferenciación que podía ver en la programación que elegía cada cine, cada sala. Y sí… yo creo que como ha pasado en otros sectores productivos, económicos, comerciales, se ha transformado a partir de lo que se conoció en ese momento como la globalización, la concentración, la apertura de la economía. Y, bueno, también repercutió no solo en las características de las salas, sino también en lo que se ve en esas salas”.
Hoy el cine sobrevive como complemento de otra cosa: 13 salas repartidas entre dos shoppings y el Círculo, con carteleras parecidas entre sí, más chicas y más anónimas. Quedan, también, los cineclubes, la Alianza Francesa, los ciclos que insisten en mostrar otro cine como el de Casa Boulevard o el Saltimbanquis. Porque, más allá de la tecnología, todos los que recuerdan aquellas salas dicen lo mismo: lo que se extraña no es solo la pantalla grande. Es el encuentro. La sala a oscuras, compartida con desconocidos, riendo o llorando juntos frente a una historia. Eso —el hecho social, el cine como lugar de reunión— es lo que ninguna pantalla doméstica ha podido reemplazar.
Mauro Bedendo, director de cine
“Después tuvo que ver un poco el cambio de la sociedad más allá de lo que pasó a nivel político de lo que podría ser la década del golpe o algo así, que también cambiaron ciertos tipos de costumbres con respecto a la noche. ¿Te acuerdas que había toques de queda? Había cosas que, digamos, la gente también empezó como a tomar distancia de ir a la noche. Después se modificó cuando llegó en los ´90, volvió un poco ese apogeo por la nocturnidad y andar, digamos, paseando y yendo a películas. Pero, la gente empezó también un poco con la inseguridad, y era como un factor muy fuerte, porque también Paraná se expandió… Paraná creció… entonces, la gente vivía en los barrios más lejos, entonces, ya tenía otro costo, tenías que venir… que la noche. Cuando de golpe aparece, sobre todo, el cable video, creo que fue el que más, de alguna manera, porque te daba un menú de opciones. Nosotros estábamos condenados a ver 2 o 3 canales de televisión acá. Cuando yo era chico se veía Canal 13 de Santa Fe, el 9 no existía, y se veía Canal 7. Entonces, era una cosa… Teníamos un vecino que veía el 3 y el 5 Rosario, era todo un logro. Pero, digamos, cuando aparece el cable video y te da un paquetazo de señal… Que entonces ya vos decías, bueno, listo, ya está… El bolsillo manda… pago esto… sé que veo la película a la noche, qué sé yo. ¿Y qué se hacía? Se invitaba a los amigos a comer una pizza y ver películas. Cuando después viene el videoclub, hace exactamente lo mismo… era el menú, lo elegías vos, porque las elegías vos y no era lo que elegía el exhibidor, sino como decía, quiero ver qué sé yo, vamos a imaginar, no sé, ´Rambo´. Y entonces, había 3-4 fanáticos de ´Rambo´ y venían con su mujer y con su chica… iban a ver la película, comían una pizza y no dejaba de ser siempre el hecho social: ¡Siempre está lo social! (…) Yo creo que los cines, lamentablemente, hay una tendencia mundial a que se desaparezca el negocio como industria y el negocio lo está matando, me parece -a mí, es una opinión-, lo está matando las mismas terceras generaciones del negocio, llamémoslo industrial, como el cine norteamericano. Porque no puedo entender hoy que se prioriza el tema del pochoclo, la comida, las grandes cadenas, y, sobre todo, que cambió la historia más fundamental, que es, digamos, cambió el concepto de los guiones. Es decir, hoy las películas son totalmente pochocleras, tienen que ser de alto impacto, efectos visuales. Y vos veías lo que se generaba antes, cuando los pioneros del cine generaban la historia. Es decir, uno va al cine a ver, a conocer una historia, que le cuenten una historia. No a ver efectos visuales, porque efectos visuales como que te terminan empalagando ¿viste? Si como comentas, vos decís, bueno, ¿para qué voy a ver de vuelta otra vez esta película? La tercera secuela, la cuarta secuela, si va a ser más de lo mismo”.
Armando Salzman, presidente Fundación La Hendija
“Todo depende de la propuesta. Cuando nosotros arrancamos con el cine de 35 milímetros en La Hendija, después de nuestras experiencias de 16, del cine club, el cine prácticamente había desaparecido en Paraná. Quedaba una sola sala y muy mal. Y nosotros tenemos una sala sencilla, modesta. Pero, propusimos un cine de estreno, de películas… todas las semanas una película de estreno, y convenios con centros de estudiantes, con sindicatos, con precios diferentes, de manera que la película se estrenaba un jueves… y yo te aseguro y todos se acuerdan que de jueves a miércoles la sala estaba llena. ¡Todos los días! Y dábamos películas comerciales como daba cualquier cine. Y las características de la sala de La Hendija no son extraordinarias, es una butaca muy sencilla, incluso son las viejas butacas de un cine de Santa Fe que había cerrado, el cine General Paz… butacas de madera, pero se llenaba. Y a los estudiantes universitarios le hacíamos un tipo de convenio, por lo cual tenían un abono y una facilidad para llegar al cine a muy bajo precio”.
Franco Giorda, periodista, especialista en cine
“La experiencia estética de mirar una película en una sala acondicionada para eso, es irremplazable. No hay otro algo que se puede equiparar. Están dadas las condiciones técnicas, sino las condiciones de recepción. Porque uno, cuando entra en una sala de cine, es como que se suspende dos horas la vida y entra como en un momento que no tiene otras distracciones, el celular en principio no interviene… no intervienen otras… Uno dedica esas dos horas a mirar una película. Y lo está haciendo con otros. Y pueden ser conocidos, amigos, pero también pueden ser desconocidos y estar compartiendo emociones y estar llorando juntos, e incluso generar algún tipo de charla, ¿no? Y el cine me parece que es un lugar de encuentro, y un lugar que permite el diálogo. Y eso me parece que es muy importante”.
Armando Salzman, presidente Fundación La Hendija
“Yo creo que no tiene tanto que ver con las salas de cine, sino con lo que la gente busque como esparcimiento. Digamos, como generar en el lugar del cine algo más que la sala bonita del shopping y la buena película que está buenísimo que vayan a ver una película en una buena sala. Si no, hay que volver a recrear la reunión, el encuentro, lo que era el espacio antes y después de la salida del cine, ¿me entendés? ¡El hecho social! Eso es lo que hay que volver a recrear, y es lo que este capitalismo espantoso en el que estamos viviendo trata de destruir. Es decir, lo que hay que reconstruir para el cine, para el teatro, para la música, para todo, es el encuentro. Si nosotros reconstruimos el encuentro, todo lo que sea cultural va a volver a funcionar sin ninguna duda”.
Memoria Frágil: Las historias del cine en Paraná





