“Quiero pelear con Carolina Duer, pero me esquiva”, dijo Dionicius

Los 10 intensos rounds frente a la neozelandesa Michelle Preston ya habían finalizado y las lágrimas se apoderaron de su rostro. Esa emoción, que fue el resultado de su esfuerzo y sacrificio, se trasladó a cada uno de sus coterráneos que estuvieron presentes en el estadio del Club Atlético Huracán de Villaguay, quienes vivieron exaltados la coronación de la dueña de casa.

Débora Anahí Dionicius, de 24 años, durante las primeras horas del domingo se consagró campeona mundial de la categoría Supermosca de la FIB y su ciudad festejó a la par de su ídola deportiva.

Un poco más tranquila pero con la felicidad todavía a flor de piel, que se veía reflejada en su rostro casi intacto luego de su pelea, La Gurisa charló con El Diario.

—Sueño cumplido, al fin…
—Sí, la verdad que es una alegría enorme que se siente al ciento por ciento. Después de tanto lucharla, tantos años trabajando, estoy muy contenta por haber marcado historia en el boxeo entrerriano. El cinto ahora es mi bebé, por eso lo voy a cuidar un montón y lo voy a defender siempre.

—¿Esos ojos inflamados son por los golpes de tu rival, que casi no llegaron, o por el llanto de emoción después de la pelea?
—(Se ríe) La emoción que sentí fue muy grande, al décimo round salí a pelear con lágrimas en los ojos. Era inevitable no llorar después de tanto sacrificio y esfuerzo que se vio reflejado por lo logrado en la pelea. Logré el objetivo que me propuse cuando tenía 13 años (edad a la que comenzó a incursionar en el boxeo).

—¿Imaginaste que iba a ser tan claro tu dominio, porque tu rival tenía mucha experiencia y sin embargo ganaste la pelea de principio a fin?
—Sabía que iba a ser una rival difícil porque era quien estaba en el puesto número uno del ranking, y yo estaba en la ubicación dos; éramos las dos mejores y peleamos por el título. Fue una rival dura pero traté de superarla en casa round, ya que para eso entrené tres meses.

—Cuando tuviste que contragolpear, lo hiciste; y cuando debiste tomar la iniciativa, también lo lograste. ¿Sos consciente que realizaste una pelea prácticamente impecable? —Sí. Eso se debió a la gran escuela de boxeo amateur que tuve, etapa en la que realicé 109 peleas. El trabajo de entrar y salir no me lo olvido más, además lo vengo practicando desde hace mucho tiempo con Peteco (su entrenador Luis Franco) en el gimnasio. Sabía que los últimos rounds se me iba a venir al humo, entonces tenía que continuar dando el paso atrás golpeando y moviéndome hacia los laterales.

—Desde abajo del ring pareció que tu victoria no corrió riesgo en ningún momento, ¿coincidís?
—Traté de asegurar cada round, metiendo las manos fuertes. Los golpes dolían porque eran guantes de ocho onzas, por lo que trataba de conectar las manos firmes para frenarla. A ella (por Michelle Preston) se le formó un hematoma en el ojo, que fue el resultado de mis tres meses tan duros de entrenamiento.

—Esa preparación se vio reflejada en el ring porque a pesar que tu oponente era más grande y tenía brazos más largos no pudo inquietarte…
—Siempre me consideré la mejor y lo voy a seguir haciendo. Creo que estoy por encima de todas, no lo hago para agrandarme sino para mantener alta la confianza en mí. Ahora sí puedo decir tranquila que soy la mejor.

—¿Y qué se le viene “a la mejor” de ahora en más?
—Todavía no sé, ahora estoy disfrutando de este hermoso presente en el que me siento como volando entre las nubes. Después veremos con mi equipo que nos depara el destino, pero seguramente serán cosas muy buenas.

—Pero si vieron tu pelea, seguramente más de una rival te va a querer esquivar…
—Carolina Duer (retuvo en octubre el título Supermosca versión OMB) es un ejemplo de eso. Siempre que se habla de pelear contra mí, da un paso al costado. Espero poder enfrentarla el año próximo.

—Para terminar, te estás tomando la mano derecha, ¿te duele después de tantos cruzados que le pegaste a Preston?
—No, me duelen los ojos de tanto llorar (continúa riéndose).

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