Sabrina Gullino pidió a la sociedad que acerque datos sobre la causa e interpeló a los represores: “Que quede claro que no pudieron destruir a mi familia”

Por Betiana Spadillero Gaioli, de ANALISIS DIGITAL

En la cuarta jornada del debate por el funcionamiento de una maternidad clandestina en la capital provincial, comenzó la etapa de producción de prueba. Previamente, el Tribunal Oral en lo Criminal Federal de Paraná -integrado por Roberto López Arango, Lilia Carnero y Juan Carlos Vallejos-leyó el informe sobre la salud de Constanzo, quien debía comparecer este miércoles.

El represor fue examinado en su casa, donde cumple prisión domiciliaria, y se constató que durante la última semana empeoró “su estado general”. Según precisó el médico forense de la Cámara de Apelaciones de Rosario, el ex integrante del Grupo de Tareas presenta un cuadro de hipertensión, problemas intestinales y dolores abdominales; aunque no tiene trastornos cardíacos ni respiratorios.

La conclusión a la que arribó el especialista fue que Constanzo “no está en condiciones de viajar a Paraná a realizar testimoniales, pero que la situación podría modificarse la semana entrante”.

El debate contra los militares retirados Juan Amelong, Jorge Fariña, Héctor González, Pascual Guerrieri y Walter Dionisio Pagano, y el médico anestesista Juan Antonio Zaccaría, continuará este jueves a las 10.

Cabe señalar que los ex militares son representados por el defensor Oficial Mario Franchi, y el médico anestesista por el abogado Humberto Franchi. En tanto, por el Ministerio Público Fiscal están José Ignacio Candioti y Marina Herbel. Por las querellas Álvaro Baella y Ana Oberlin –Abuelas de Plaza de Mayo-, Florencia Amore y Álvaro Piérola –Sabrina y Sebastián, e Hijos por la Identidad y la Justicia, contra el Olvido y el Silencio- y Lucas Ciarnela –Secretaría de Derechos Humanos de la provincia.

"Quiero que quede claro que no pudieron destruir a mi familia"

Sabrina atestiguó durante unos 40 minutos, en los que detalló cómo fue reconstruyendo su historia. En primer lugar, contó cómo tomó conocimiento sobre quiénes son sus padres biológicos. “Soy hija adoptiva de Raúl y Susana Gullino, siempre lo supe, ellos me lo contaron. En noviembre de 2008 tomo la decisión de hacerme el ADN y luego de comunicarme con Abuelas, viajo a un domingo a Ramallo. Esa tarde suena el timbre de mi casa y era un cabo de la Policía con un papelito que decía que mis padres estaban citados a declarar en la Causa Trimarco”, asentó.

“Le pregunté al cabo sobre qué se trataba y me dijo que era serio, que tenía que ser sobre secuestro de personas o narcotráficos. Entonces le pregunté a mi papá y me dijo que debía ser porque hace 20 años chocaron en Paraná y Trimarco debe ser una aseguradora. Lo buscamos en Internet y ahí empiezan a salir un montón de noticias”, continuó.

“Esa fue la primera vez que leí los nombres de Raquel y Tulio”, expresó. Paso seguido, indicó que interpeló a sus padres adoptivos: “Si me tienen que decir algo, me lo dicen ahora, pero si me están mintiendo no les hablo nunca más”. Sin embargo, Raúl le aseguró que su adopción fue legal, aunque fue recién en esas circunstancias en las que le precisaron que “ellos intentaron tener hijos durante cinco años, se inscribieron y luego vieron la noticia de que dejaron a una bebé en el Hospital del Huérfano de Rosario, y que a los pocos días los llamaron”.

“Me pidieron perdón porque no sospechaban que era hija de desaparecidos. No me querían contar que había sido abandonada”, agregó, conteniendo las lágrimas.

“Cuando llegué a Paraná no sabía con qué me iba a encontrar, pero cuando llegué a acá nos trataron muy bien. Me hicieron el ADN y me mostraron fotos de Raquel, porque quería saber si era parecida. Cuando salí estaban todos mirando las fotos y mi vieja dijo ‘sos igual a tu mamá’, eso me pareció muy dulce”, prosiguió.

Sabrina narró las vivencias que se desataron en la espera de los resultados del cotejo genético: “Me conmovió mucho saber que podía tener un hermano que me estaba buscando”, confió, y señaló que consiguió una foto de Sebastián para “ver si era parecido”.

Una vez que se confirmó su lazo sanguíneo, lo llamó al trabajo en la Secretaría de Derechos Humanos. “Me querían poner un intermediario, una psicóloga, pero les dije que a mi hermano lo iba a conocer yo sola. Cuando me pude comunicar, me dijo ‘qué haces negrita, yo estoy encerrado en el baño llorando’”, compartió. Esa misma tarde se encontraron en Rosario. “Estuve encerrada esperando que llegara, cuando toca el timbre y voy caminando a atender la puerta pienso que es la primera vez que voy a ver a alguien de mi sangre, nunca me voy a olvidar de ese momento”.

Luego se dirigió a “los reos sentados ahí atrás”, en alusión a los imputados. “Ustedes son los responsables del secuestro de mi papá, mi mamá y mi hermano Seba, intentaron destruir a mi familia, pero quiero que quede claro que no pudieron. Yo también hablo en nombre de mi hermano mellizo, que mientras no esté se sigue cometiendo el delito”, sentenció.

“Hoy están mis hermanos Seba y Matías –hijo de Valenzuela con una pareja anterior- acompañándome. Y les digo a los señores reos que si se atreven a romper su pacto de silencio como hizo Zaccaría la semana pasada –que admitió que hubo otros partos en el Hospital Militar-, seguramente saben qué pasó con mi hermano y quizás podrían participar de otra manera en la historia”.

Más adelante, mencionó que conoce sobre la Operación México, en la que Valenzuela tenía que viajar a marcar a la cúpula de Montoneros. Tulio y Negro negociaron que Seba vuelva con los abuelos maternos, y Raquel queda de rehén, con un embarazo ya avanzado. Sabrina también manifestó que visitó a Jaime Dri, para interiorizarse sobre lo que le sucedió a sus padres. “Una va recogiendo lo que le van contando, lo que está escrito”, remarcó.

“En el hospital nos habían puesto de nombre Facundo y Soledad. Yo quiero hacer un reconocimiento porque las enfermeras se la jugaron, aunque cumplían órdenes se pusieron al hombro la verdad y le dieron mucha fuerza a la causa, que inició el (Guillermo) Mencho Germano y que al principio parecía tirada de los pelos”, subrayó.

A continuación, contó que en 2009 se constituyó como querellante y desde entonces ha investigado diferentes pistas. “Tenemos dos hipótesis. La del bebé muerto, sobre la cual un testigo de identidad reservada dijo que fue enterrado, pero los restos no fueron encontrados por los forenses. Sobre la del bebé vivo, hay una prueba muy importante que es el ingreso en el Instituto de Pediatría y el egreso fechado el 27 de marzo de 1978”, explicó. A su vez, llamó la atención sobre los médicos que aseguran no recordar los hechos.

A su turno, el representante de la querella particular Álvaro Piérola le preguntó a la hija de Raquel Negro respecto a “cómo es su vida a partir de que conoció su origen biológico”.

“Quisiera ser una salvedad, porque acá estamos ante un juicio por sustracción y sustitución de identidad”, sentenció Sabrina tras un silencio, y manifestó: Fui criada en una familia que son unos amores, son una masa mis viejos, pero lo cierto es que cuando una se pone a ver lo que es la identidad, soy el resultado de dos imposibilidades. La primera es que tenía que haber crecido con mi familia biológica, quizás ni me llamaría Sabrina. La segunda es que debería haberme criado con Sebastián, con mis abuelos biológicos, tendrían que haberme devuelto con ellos”.

De inmediato, destacó la importancia del proceso judicial. “Quiero decirle a Amelong y Pagano, que son los que me llevaron en el auto, que seguramente no se deben arrepentir, pero deben haberse arrepentido de no haberme tirado al río, porque miren lo que está pasando ahora”, acentuó.

Por último, se dirigió a la sociedad paranaense: “Si alguien tiene algún dato para aportar que lo haga, que nosotros creemos que el melli está vivo y que lo vamos a encontrar”, aseveró, ante el aplauso emocionado de los presentes en la sala de 25 de Mayo y de quienes seguían la audiencia desde calle Urquiza.

"Mi hermana es la fuerza que necesitaba para seguir con esta historia"

La declaración de Sebastián fue igualmente contundente: “Estamos esperando saber un poco más de lo que pasó con nuestro hermano”, asentó ante el Tribunal. Además, indicó que conoció a su madre pero no tiene recuerdos porque vivió un año y ocho meses con ella. “Fuimos secuestrados en Mar del Plata y trasladados a la Quinta de Funes, donde permanecí una semana detenido, después fui llevado a la casa de mis abuelos”, detalló.

Consultado por el Ministerio Público Fiscal, señaló que la búsqueda la empezaron sus abuelos, quienes incluso se reunieron con la presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto. “Yo era adolescente y en ese momento no intervine. Puede ir armando este rompecabezas años más tarde, cuando pude afrontar lo que había pasado. Con el correr de los años tomé contacto con HIJOS. Dejé mi sangre en el banco de datos y empezamos a investigar”, puntualizó.

También refirió a las diferentes líneas que ha seguido estos años, y mencionó las planillas de ingreso al Instituto de Pediatría, “que no llevaban firmas ni nombres de responsables”. En esa línea, nombró a los médicos Alfredo Berduc y Ferraroti, y destacó el testimonio de las enfermeras, que “tenían bastante presente el caso de los mellizos que habían llegado del Hospital Militar”.

“Acá quedan en evidencia las complicidades civiles con la dictadura, hay un silencio de no decir qué pasó con los chicos, sabemos que había esposas de los médicos que iban a verlos. Estos médicos siguen en funciones en Paraná y pueden saber algo”, advirtió.

Respecto a Sabrina, detalló que su vínculo se confirmó el 23 de diciembre de 2008. “Fue una alegría enorme haberla encontrado y me sirve de mucho apoyo para buscar a nuestro hermano, porque uno crece con un pesimismo. Cambió mi perspectiva y mi forma de ver las cosas. Es la fuerza que necesitaba para poder seguir con esta historia”, compartió.

Asimismo, relató que cuando vinieron a Paraná lo primero que hicieron fue buscar a Mencho Germano. “Lamentablemente, ya no está con nosotros, pero nos dejó el juicio, y mi hermana, que para él fue lo más importante de todo esto”, enfatizó.

Sobre el final de su declaración pidió a las personas “que sepan algo del caso, que se acerquen a aportar datos” al Juzgado. “Que recobren la memoria o vamos a creer que esta era una práctica habitual, esto de que ingresen chicos sin papás y que no se sepa qué pasaba con ellos”, deslizó.

La falta de memoria de Ferrarotti

El testimonio de Ferrarotti estuvo plagado de imprecisiones. De hecho, sólo reconoció haber trabajado en Terapia Intensiva del Hospital Militar y que su jefe era Zaccaría. Según el profesional, no recordaba sobre el nacimiento de mellizos en el nosocomio hasta que dialogó con algunas enfermeras: “Me dijeron que una mañana había dos bebés y que yo pedí que se los traslade a un lugar donde se los pueda atender”, indicó, y supuso que fueron llevados al San Roque o al Sanatorio del Niño.

Afirmó que tampoco estuvo al tanto de que llegaran pacientes de Rosario, aunque lo desestimó “porque no era el distrito”, ni haber tomado conocimiento sobre ingresos de pacientes registrados como NN –decisión que atribuyó al médico tratante. De la misma manera, negó conocerlo a Paul Navone, jefe del Destacamento 122.

En tanto, cuando le mostraron un plano del hospital, pudo identificar las salas donde estuvo Raquel Negro y los bebés, pero descartó haber visto algún movimiento extraño en relación a su traslado, la permanente custodia que mencionaron otros testigos, o que alguien más lo haya percibido.

Ante lo cual fue advertido por la magistrada Carnero, quien le apuntó que podría caer en la figura de falso testimonio: “¿Usted tiene problemas de vista? Porque a un profesional no le puede haber pasado desapercibido semejante situación. Parece que las enfermeras tienen mejor memoria que los especialistas médicos”, arremetió

En cuanto a quienes realizaban tareas en esa época, nombró a Berduc, Miguel Bottero Brolio y Jorge Cantaberta; mientras que entre las enfermeras que se desempañaban en el centro de salud mencionó a Alicia Baratero y Neli Kramer, entre otras.

El hombre señalado por los imputados

En su declaración ante el Tribunal Federal, Amelong se declaró inocente y apuntó contra Constanzo, incluso solicitó que se investiguen los cruces telefónicos del ex integrante del GT con Navone. También deslizó que un problema de dinero que hubo entre el Tucu y Guerrieri es la causa de la “animosidad” con la que éste es tratado.

De todos modos, Constanzo se excusó de responder a estas acusaciones, así como confirmar los detalles del operativo de traslado de Negro desde el centro clandestino de detención, donde estaba secuestrada en Santa Fe, hasta el Hospital Militar y de la suerte que corrieron sus hijos mellizos.

Según precisó Franchi, el represor envió “una notificación que por cuestiones médicas no estaría en condiciones de presentarse”. En ese marco, se pidió “una serie de medidas, como la constatación de la salud y la imposibilidad de concurrir”.

Los hechos que se investigan en la causa

La causa tuvo su inicio en la denuncia realizada el 18 de mayo de 2005 por el entonces coordinador del Registro Único de la Verdad, Guillermo Germano. En la presentación hizo referencia a dos clases de hechos: la internación de mujeres en estado de gravidez en el Hospital Militar de Paraná, quienes se hallaban privadas ilegítimamente de su libertad; y el asesinato y entierro clandestinos de personas en el Escuadrón Comunicaciones

En ese contexto, se investiga la apropiación de los hijos de la desaparecida Raquel Negro, quien fue detenida ilegalmente al igual que su pareja Edgar Tulio Valenzuela y su hijo menor Sebastián Álvarez, el 2 de enero de 1978 en Mar del Plata. La mujer fue trasladada desde la Quinta de Funes en Rosario hasta el nosocomio castrense, donde dio a luz a los mellizos, uno de los cuales, Sabrina Gullino, recuperó su identidad en diciembre de 2008.

La joven fue abandonada el 27 de marzo de 1978 en la puerta del Hogar Huérfano de Rosario, desde donde fue dada en adopción por Raúl Gullino y Susana Scola. De su hermano mellizo no se ha logrado aún determinar su destino.

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