Una luchadora de la vida
Desde hace tres años lleva adelante el Paya Box junto a su hijo, Nicolás. En la actualidad el gimnasio funciona en las instalaciones del Club Palma Juniors y cuenta con alrededor de 60 pugilistas que sueñan con ser profesionales. La promotora boxística, la única de la provincia de Entre Ríos, charló con ANÁLISIS y tocó varios temas. Las drogas, el apoyo a los gurises, los deseos de ir por más y lo complejo que es moverse en un mundo machista, fueron algunos de los temas de la entrevista. “Nuestro espacio es diferente, ni mejor, ni peor, simplemente diferente”, expresó.
Por Álvaro Moreyra
“Hace varios años me metí en el mundo del boxeo”, manifestó en el inicio de la charla con ANÁLISIS Mónica Olivera. Y siguió: “Mi hijo Nicolás (Pagliaruzza) hace mucho tiempo consumía drogas y el boxeo le sirvió para salir y meter la cabeza en otra cosa”.
A lo largo de su historia, Mónica tuvo que subirse al cuadrilátero de la vida para combatir en varios frentes y nunca se amilanó, como cuando batalló contra el consumo. Hoy, junto con su hijo, llevan adelante el Paya Box, un lugar para gurisas y gurises que sueñan con ser boxeadores profesionales.
“Nico hace varios años que boxea de manera amateur y por él mi fui metiendo en esto. Antes solo miraba boxeo cuando había en disputa algún título importante, pero no mucho más que eso. Igualmente, desde chica miraba boxeo por mi padre, después por mi esposo, pero nunca de la manera en la que estoy ahora, aprendiendo día a día”.
- ¿Es un ambiente difícil para las mujeres?
-Es un ambiente fascinante, pero de mucho varón, que tiene sus cosas. De todos modos, la verdad es que he tenido suerte porque me rodeé con gente buena del boxeo de Paraná y me aceptaron desde el inicio. En este caso fue siendo la mamá de un boxeador a diferencia de ellos que son ex boxeadores en su gran mayoría, o entrenadores, que tienen otra mirada.
- ¿Cuál es esa mirada?
-La de la mamá de un boxeador, pero que quiere que todos los chicos peleen en las mejores condiciones posibles, que sea la estrella en los cuadriláteros, no el entrenador, ni el promotor. Busco el cuidado extremo de los pugilistas, en la salud, la nutrición, el acompañamiento, que cada gurí tenga lo necesario.
Enseguida aclaró que “de igual manera todo eso a veces es muy complicado porque vienen chicos que no tienen lo mínimo e indispensable para sobrevivir en la vida misma, por lo tanto, mucho menos para subirse a un cuadrilátero porque tenés que estar fuerte física, mental y nutricionalmente. No es nada fácil”.
-Una dura misión.
-Totalmente. En mi caso trato que todo lo que hice con Nicolás se refleje con otros gurises en cuanto a la escucha, el interés, estar por si tiene problemas en la casa o en el barrio, no es fácil, pero hay que estar y escucharlos en todos momentos.
(Más información en la edición gráfica de la revista ANALISIS, edición 1151, del día 6 de junio de 2024)





