Juicio, fortuna y poder
Una fortuna tan grande como el miedo que le tiene la gente de Diamante y Las Cuevas. Poder e influencias policiales y políticas que garantizaron sus movimientos impunes durante muchos años. Vínculos con pesos pesados del ambiente del narcotráfico regional. Testimonios y pruebas sobre armamentos y una violencia que abona la denuncia del supuesto plan criminal para encargar la muerte de funcionarios. Sociedades y fideicomisos con movimientos de dinero y compras de vehículos bajo la lupa. Informes, datos y revelaciones que comprometen al productor agropecuario Leonardo Airaldi en el juicio oral y (casi) público, como jefe de una gran empresa de drogas.
José Amado
Una carta certificada de Correo Argentino llegó en un sobre manila al despacho del ministro de Seguridad y Justicia de Entre Ríos, Néstor Roncaglia, el 20 de febrero de 2024. El remitente anónimo le informaba acerca de las actividades delictivas vinculadas al narcotráfico por parte de Leonardo Airaldi. Por tratarse de una persona que estaba cerca del entorno del productor agropecuario, prefería no dar su nombre y manifestaba el pánico que le tenía porque andaba siempre armado y amenazando a la gente. Señalaba que llevaba droga a Rosario y Santa Fe y que estaba vinculado a Los Monos. Un mes y unos días después sucedieron los múltiples allanamientos y detenciones de Leonardo Airaldi y demás acusados de conformar una banda dedicada al narcotráfico con sede en Diamante. Es un mensaje anónimo y podrá ser rebatido por la defensa como una evidencia falsa enviada por alguien con problemas con el acusado. Aunque las cosas que están escritas coinciden con las pruebas que se venían reuniendo en el expediente que se tramitaba en el Juzgado Federal de Paraná desde 2019.
La carta continuaba con más detalles: la isla El Pillo, los campos y las pistas de aterrizaje donde llegaban avionetas desde las cuales se trasbordaban los cargamentos de droga; los policías que tenía trabajando para él o pasándoles información acerca de los controles en los puestos camineros sobre las rutas donde transportaba las sustancias. En este sentido, mencionó a Roberto Coronel, un sargento de la Policía procesado y preso en este caso, además de otras personas como un porteño que se encargaba de tareas con los aviones. La misiva finalizaba con un ruego para que encarcelen a Airaldi antes de que mate a alguien.
Desde el Ministerio y la Policía provincial enviaron la carta al juez federal de Paraná, Leandro Ríos, y su secretario Juan Chaulet, quienes la incorporaron al expediente donde ya se habían reunido evidencias en escuchas telefónicas y otros procedimientos policiales sobre Airaldi, respecto al armamento que utilizaba, el temor de los vecinos de la zona de Las Cuevas al momento de pronunciar su nombre, los vínculos con personas de Rosario y los movimientos terrestres, aéreos y acuáticos relacionados al tráfico de drogas.
Dos años después, a días del inicio del juicio contra Airaldi, llegaría a la Fiscalía Federal de Gualeguaychú el condenado por narcotráfico Daniel “Tavi” Celis para denunciar que Airaldi planeaba mandar a matar al juez Ríos, al fiscal general José Ignacio Candioti y al ministro Roncaglia con sicarios uruguayos. Allanaron el pabellón de la Unidad Penal 9 de Gualeguaychú, secuestraron tres celulares y un cuaderno y el hombre de Diamante terminó alojado en un módulo de presos de perfil de alto riesgo del complejo penitenciario federal de Ezeiza.
En este contexto y con este clima de máxima tensión, finalmente comenzó el juicio oral y casi público a inicios de marzo. A Airaldi se lo notó muy fresco, cordial, lúcido y amable con todos. El martes 17 fue trasladado desde Ezeiza a Paraná bajo el protocolo de los internos de alto perfil: dos vehículos del Servicio Penitenciario Federal con una decena de uniformados encapuchados, con cascos, chalecos y armas largas y cortas. Fue un despliegue inédito para lo que habitualmente se ve en los juicios en Paraná. Estaban presentes la novia Jimena Burne, una tía y una prima de Airaldi e incluso la madre, Mirta Catalina Balbi, una señora mayor que defiende a capa y espada la inocencia de su hijo, la matrona de la familia que se puso al frente de las empresas agropecuarias y del enorme patrimonio rural e inmobiliario tras enviudar en el año 2000. Todos con gestos nerviosos, miradas hostiles y una lógica preocupación por la situación del familiar imputado. Quizás la presencia que más llamó la atención fue la del escribano público Horacio Maiztegui Marcó, quien saludó a los parientes de Airaldi y permaneció con ellos y la abogada defensora Mariana Barbitta durante un rato. La novia de Airaldi le firmó unos papeles.Luego de que ingresaran al acusado de narco al Tribunal, entró con la abogada a verlo, con otros papeles en las manos.
“Esto es todo un circo”, dijo una señora parada en la puerta del Tribunal Oral Federal de Paraná. Es la exmujer de Félix Pacayut, el dirigente del justicialismo ya fallecido, condenado por corrupción, quien al parecer se dedica a colaborar con presos y sus familias. Estaba muy presente junto a los parientes de Airaldi.
De todos los que estaban en la sala, Airaldi parecía el más tranquilo. Saludó a sus parientes y charlaba y se reía con los otros acusados a quienes hacía tiempo que no veía. Sentado al lado del sargento de Policía preso y procesado Roberto Corolel, se mostraban jocosos.No es un caso habitual de narcos que van jugados a un juicio a tratar de mejorar su situación lo que puedan. Acá se nota que Airaldi busca reivindicar su nombre, un apellido que tiene calles en Diamante, la imagen de una familia con historia en el ambiente agropecuario y cultural. Airaldi va a seguir negando a muerte su vinculación con cualquier cosa relacionada al delito. Y todo su entorno también: niegan ciegamente pruebas que no tienen explicación por fuera de la hipótesis de la acusación. Sostienen que es todo un gran complot en su contra de la Justicia y los medios periodísticos.
(Más información en la edición gráfica de la revista ANALISIS, edición 1168, del día 19 de marzo de 2026)






