El gobernador Rogelio Frigerio y el ministro del interior, Diego Santilli, se volvieron a encontrar en la capital entrerriana. Sobran los motivos, pero esta vez el punto destacado fue la necesidad de construir apoyo para cambiar la legislación laboral argentina. El funcionario nacional suma millas y desgaste -de todo tipo- en una tarea que intenta aprovechar un clima de época que perciben favorable, para concretar lo que otros quisieron y no pudieron.
El proyecto que está en la Cámara de Senadores de la Nación ya tiene despacho de comisión y la pretensión del gobierno es tratarlo a mediados de febrero. El tiempo apremia.
Para poder hacerlo hay que asegurar los votos y en eso van los días de Santilli. No puede ocultar el cansancio. Sus cuerdas vocales le pasaron factura durante su encuentro con el periodismo.
En la conferencia de prensa el funcionario nacional elogió las posturas del mandatario entrerriano, que apoyó con énfasis la iniciativa que intenta modernizar y generar condiciones para crear empleo genuino. Hacerlo implica derogar leyes históricas.
La envergadura del deseo hace que las tensiones sean evidentes, dérmicas, y el catalizador es el ministro del Interior.
Los gobernadores no están pasando por su mejor momento financiero. Hoy mismo Frigerio reiteró que la recaudación no crece y el parámetro sigue siendo lo que pasó durante la pandemia. Luces amarillas.
Hay que recalcular todo el tiempo. El esmero de Santilli en las explicaciones funda su ronquera. Explica una y otra vez que se debe aprobar la reforma para que aquellos que no tienen derechos en el mundo del trabajo, puedan tenerlo.
Los representantes de los trabajadores, hasta ahora, no lo contradicen demasiado.
Los números que dan a conocer no han sido desmentidos o explicados con otra mirada. Argentina, dispara el ministro del Interior, no logra generar empleo en el sector privado desde hace demasiado tiempo.
Cambiar las relaciones de trabajo atendiendo a un cambio de época, impacta de lleno en la vida sindical, un sector que pierde musculatura política y se mueve dividido, con demasiada cautela. ¿Algún temor? Tal vez analiza hacia su interior que la confrontación lisa y llana es pura pérdida.
No existen nombres rutilantes que por sí mismos sean capaces de convocar una movilización, concitar atención o simplemente expresar una opinión contundente y unificadora de las principales centrales obreras.
Construcciones históricas perdieron sustento y desde la representación del capital, desde los sectores empresarios, se aprecia una ventana de oportunidad que no quieren dejar pasar.
Un momento único
El gobernador entrerriano lanzó frente a Santilli una definición tajante: “creo que, por primera vez desde que nos dedicamos a la política, estamos viendo esta confluencia y apoyo para logar la modernización laboral”.
Junto a un compañero de ruta, que lo trata una y otra vez como a un amigo, no dudó en lanzar la conclusión.
Impacta porque se trata de un dirigente que fue central durante el gobierno de Mauricio Macri, que no pasó de los comentarios en la materia. Hoy, desde el sitial de gobernador repite una y otra vez la importancia del sector privado en la generación de riqueza, fortaleciendo una narrativa que es música celestial para el universo libertario.
Explica a propios y extraños que, durante sus recorridas y visitas a unidades de producción, los empresarios se muestran favorables a tomar operarios, pero quieren hacerlo con reglas diferentes a las actuales.
Añade que hay impedimentos para la generación de empleo y es lo que se intenta resolver. Echando mano al paso del tiempo, poderoso ordenador, se expresa sobre lo obsoleto de la normativa que se intenta cambiar.
Sobre este punto hay que decir que son llamativos, muy evidentes, los silencios de muchos protagonistas de la vida sindical.
Los defensores de la ley de Contrato de Trabajo deberían buscar mayor protagonismo, para enriquecer los intercambios y llevar claridad a la ciudadanía.
Los partidos políticos tendrían que intentar una confrontación, porque faltan solo un puñado de días para la sesión en la Cámara Alta Nacional. Por estas horas el Peronismo entrerriano fijó una postura pública, que seguramente tomarán los legisladores nacionales de ese espacio.
No hay creación de empleo formal y caen los salarios registrados según el INDEC. Los que apoyan el proyecto lo remarcan y se vuelve argumento favorable para un texto disruptivo.
Los costos de contratación, dijo Santilli, están entre los más altos de Latinoamérica. Semejante afirmación es un disparador interesante para el debate que se posterga.
El contexto ofrece situaciones que parecen avalar la postura del gobierno de Javier Milei, que quiere hacer lo que intentaron y no pudieron algunos de sus antecesores como por ejemplo Raúl Alfonsín o el riojano Carlos Menem.
La mirada de Frigerio sobre el momento hay que tenerla muy en cuenta. Ex ministro del interior durante cuatro años, una expertise que robustece sus expresiones.
Al freno lo ponen algunos gobernadores
El reclamo por una actualización legislativa en materia laboral choca por estas horas con la situación de las finanzas provinciales. Es que de convertirse en ley el proyecto las provincias perderían ingresos.
Por eso el freno a la iniciativa no viene desde el sindicalismo. Son los gobernadores los que promovieron, desde la necesidad, negociaciones.
Ante estas posturas Santilli habla de un impacto, a futuro, virtuoso, porque si una vez aprobada la normativa se logra la creación de 400.000 puestos de trabajo, se podría recuperar lo que a puro riesgo cederían los estados federales.
Asumir semejante costo fiscal pondría en riesgo el funcionamiento de los Estados Provinciales.
Entre Ríos, según indica el Consejo Provincial de Ciencias Económicas en un trabajo sobre la ley de presupuesto 2026, tiene una fuerte dependencia de los envíos nacionales para poder afrontar sus obligaciones.
Es una puja que condiciona el tratamiento de la propuesta libertaria.
Santilli redobla su esfuerzo y afirma que hay un clima mayoritario y favorable para sancionar la iniciativa. Frigerio avala con una observación política importante. Son muestras de un tiempo cargado de contrasentidos.
Todos advertidos
Quien asume una administración, en democracia, no lo hace bajo presión. Decide postularse, sabe hacia dónde va o lo aparenta con corrección.
Para alcanzar el poder, critica y propone. Después, apoyo popular mediante, podrá aplicar ideas y buscar herramientas destinadas a solucionar los problemas denunciados, los desconocidos y, al mismo tiempo, abrirse camino hacia nuevos horizontes.
Se hará con tranquilidad si el contexto, las condiciones objetivas, aquello que está fuera de la propia voluntad, no se satura de inconvenientes impensados o errores propios.
Juega, frente a cada oportunidad de hacer o dejar de hacer, un rol central el perfil elegido por aquél que fue, en justa contienda, vencido. La distribución de los roles forma el ambiente.
Hay quienes, al perder, pasan a ser adversarios. Otros, se convierten en enemigos. Otros desaparecen sin explicar nada. Huyen.
Habrá también oportunistas de uno y otro lado, porque los que reciben, siguen apoyando y los que no, se enojan y cambian de vereda. Algunos viejos adversarios, hasta pasarán a ser parte del proyecto que minutos antes, denostaban.
Avatares, hechos desafortunados, artilugios o simple transfuguismo, de todo, para todos los gustos. Muchas veces, en tiempo de transiciones, es difícil aburrirse y muy fácil enojarse.
Que se intente avanzar ahora, en pleno verano, con la reforma laboral no es casualidad.
Todos estaban advertidos. Motoriza a los libertarios un deseo profundo de cambiar los términos de la seguridad social. O directamente tratan de abolirla.
Vale reiterarlo, solo algunos gobernadores trabajan para cambiar el articulado.
De la necesidad se hace virtud. Los que están a favor y los que están en contra de la reforma laboral deberían tenerlo en cuenta.
Eso sí, con posturas claras, con buenos argumentos. No sirve absolutamente de nada seguir esperando que todo estalle por los aires para volver a tener una oportunidad de volver al poder. Eso no es inteligencia, no es capacidad. Es mediocridad y vileza.




