Las autoridades de la Dirección de Vialidad Provincial escucharon el reclamo por el estado de los caminos que realizó la Federación de Asociaciones Rurales de Entre Ríos.
Por décadas, los caminos rurales entrerrianos han sido una de las principales deudas de la gestión pública para con el interior productivo. La escena volvió a repetirse esta semana en Paraná cuando dirigentes de la Federación de Asociaciones Rurales de Entre Ríos (FARER) se sentaron frente a las autoridades de la Dirección Provincial de Vialidad para plantear -una vez más- la crítica situación de los llamados “caminos de la producción”. El diagnóstico, como suele ocurrir en estos encuentros, fue compartido. Las soluciones, en cambio, siguen siendo una promesa en construcción.
La reunión se realizó el lunes 9 de marzo y contó con la presencia del titular de Vialidad Provincial, Exequiel Donda; el subdirector José Palacios y el jefe de Conservación, Fabián Ocampo. Del lado del ruralismo participaron el presidente de FARER, Sergio Dalcol, junto a representantes de distintas rurales del territorio entrerriano. Sobre la mesa se puso una problemática que no es nueva, pero que en los últimos años se ha vuelto cada vez más visible por su impacto directo en la producción, la logística y la vida cotidiana del interior.
Desde la gremial ruralista fueron claros al enumerar las causas que explican el deterioro de la red vial terciaria: burocracia estatal que demora la ejecución de partidas, falta de maquinaria adecuada y escasez de personal especializado para realizar tareas de mantenimiento. Se trata, en definitiva, de una combinación de limitaciones administrativas y estructurales que terminan trasladándose al barro de los caminos.
A esta realidad hay que agregarle -como un agravante- que la mayoría de las Zonales de Vialidad están desfinanciadas y para su funcionamiento la mayoría depende del combustible y otros aportes económicos que pueden realizar los municipios con raigambre agraria. Si no, la parálisis sería casi total.
Dalcol describió el encuentro como un espacio de “diálogo franco y abierto”, donde hubo coincidencias en el diagnóstico. Sin embargo, también dejó entrever que el camino hacia las soluciones será largo. El dirigente ruralista planteó la necesidad de avanzar hacia un nuevo modelo de gestión de los caminos rurales, aunque reconoció que mientras ese esquema se diseña y se implementa, lo urgente es mejorar la eficiencia de los recursos disponibles.
Entre las propuestas mencionadas aparece la posibilidad de reflotar los consejos consultivos -espacios de articulación entre productores y el Estado que en otros tiempos tuvieron mayor protagonismo- y realizar reuniones periódicas en el territorio con las máximas autoridades viales para atender problemáticas específicas. En otras palabras, acercar la gestión al lugar donde se sienten las consecuencias del abandono.
Uno de los momentos más significativos del encuentro fue la intervención de presidentes y representantes de rurales de distintos Departamentos de la provincia. Muchos de ellos recorrieron cientos de kilómetros para llegar a Paraná con un objetivo claro: contar en primera persona lo que ocurre en sus distritos. Sus testimonios trazaron una radiografía contundente: caminos intransitables después de lluvias moderadas, transportistas que evitan ingresar a ciertos campos, alumnos que pierden días de clase y productores que ven encarecida su logística.
El problema, como bien remarcaron desde FARER, es estructural. No se trata solamente de una cuestión de comodidad o de eficiencia productiva. Por estos caminos circula gran parte de la vida rural: granos, hacienda y maquinaria, pero también docentes, médicos, estudiantes y trabajadores. Cuando un camino se vuelve intransitable, lo que se corta no es sólo una ruta de transporte, sino también un vínculo social y económico con el resto de la provincia.
Dalcol admitió que la reunión dejó “sensaciones ambiguas”. Por un lado, la frustración acumulada por años de reclamos que no terminan de traducirse en cambios sustanciales. Por el otro, una tenue expectativa de que la coordinación y el diálogo permitan al menos aliviar algunas de las situaciones más críticas.
En una provincia donde el sector agropecuario es uno de los motores centrales de la economía, la precariedad de los caminos rurales resulta una contradicción difícil de explicar. Mientras la producción busca mayor competitividad y eficiencia, la infraestructura básica continúa siendo un obstáculo.
La discusión, en definitiva, vuelve a poner sobre la mesa una pregunta incómoda para el gobierno entrerriano: cuánto tiempo más puede sostenerse un modelo productivo que depende de caminos que, cada temporada de lluvias, vuelven a convertirse en barro. Porque si el desarrollo del interior es un objetivo compartido, el estado de sus caminos debería dejar de ser una discusión recurrente para transformarse, de una vez por todas, en una prioridad de gestión.






