La experta argentina habló de los entramados criminales y la importancia de visibilizar cómo repercuten en una comunidad.
La abogada paranaense María Eloísa Quintero, jurista, experta en narcocriminalidad y corrupción, analizó el complejo entramado de los mercados ilícitos y la vinculación entre el narcotráfico, la trata de personas, el lavado de dinero y la explotación de menores en barrios vulnerables. En la entrevista con el programa El Séptimo Día (Radio Plaza), Quintero se refirió a este último drama social el cual considera que debería enfocarse como un delito de explotación para delinquir y, por lo tanto, Trata de personas. Además, la especialista de gran trayectoria en numerosas investigaciones contra redes de corrupción en varios países y en la colaboración de organismos internacionales, destacó la importancia de que el Estado recupere espacios mediante la educación y la salud para prevenir la captación criminal de menores de edad. Entre otros temas, cuestionó la eficacia de militarizar la seguridad pública, abordó la problemática carcelaria, al tiempo que subrayó la importancia de valorar la cooperación internacional con la cual muchos países venían trabajando, ante la nueva coalición impulsada por Estados Unidos para enfrentar lo que denominan el narcoterrorismo.
Quintero participó de la charla organizada en Paraná por la ONG Suma de Voluntades la semana pasada, donde también disertaron el fiscal general ante el Tribunal Oral Federal de esta ciudad, José Ignacio Candioti, el juez penal de Niños, Niñas y Adolescentes, Pablo Barbirotto, y el sacerdote Horacio Correa, del Hogar de Cristo, así como la referente de la asociación, Anabela Albornoz.
—Usted tiene una experiencia y un recorrido en los temas de la macro criminalidad y cuando hablamos de los niños utilizados por una banda de un barrio pareciera ser un asunto micro ¿Cómo observa esta problemática?
—Es un tema complejo que aparentemente tiene síntomas micro, porque uno ve en los barrios, sobre todo en las personas más vulnerables, cómo impacta principalmente en las infancias. Pero esos son síntomas de todo un mercado ilícito que se inserta siempre en un contexto mucho más macro, que es generalmente lo que estoy acostumbrada a analizar, y también hacer investigaciones de campo e investigaciones en equipo. Nos preocupamos por cómo repercute esto en comunidades en particular. Pero esto es el entramado que beneficia siempre a todo un sector que tiene una economía ilícita, donde una de las aristas es el tráfico de estupefacientes y de sustancias prohibidas. Pero esto es uno de los mercados. Entonces siempre me parece que es importante visibilizar que uno puede trabajar de abajo hacia arriba, es decir, desde las bases y los problemas puntuales que repercuten en una comunidad o en una sociedad. Pero enlazando esto con el sistema de corrupción, con un sistema de entramado, de impunidad o de falta de investigación o falta de abordaje integral.
Si uno habla nada más que de drogas, a nivel mundial uno ve, por ejemplo, el último informe mundial de drogas del año 2025 del UNODC (Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito), tiene un reporte de cifras que son monstruosas. Pero esto tenemos como una de las aristas de los mercados ilícitos que usan los grupos que se dedican a esto, que tradicionalmente eran grupos que solo eran de narcotráfico. Ahora, como todo se ha globalizado y todos los mercados son mucho más integrales y mucho más permeables para distintas acciones, estas son una de las ganancias que ellos tienen, que combinan con muchas otras. Si nosotros queremos bajar esto, por ejemplo, a la realidad que podemos vivir en una provincia determinada o en una región determinada, y solamente hablando de adolescentes, niños y niñas, esos niños son captados. Muchas veces por estructuras, banditas de narcotráfico o bandas un poquito más organizadas y son captadas para la redistribución. Entonces estos soldaditos, como decía en la charla Pablo Barbirotto, dentro de la estructura hay que analizarlos, no como consumidores, no como personas que cometen delitos (que lo hacen, por supuesto, aunque son menores de edad), sino que están inmersos en una estructura que se llama explotación para delinquir. Es decir, cuando uno lo hace de manera no voluntaria, sino porque tiene una cierta coerción, porque de otra forma no podrían subsistir en un barrio, por la presión, por la violencia, por el contexto, etcétera, estamos pasando a lo que se llama explotación. Cuando los menores son cooptados dentro de las filas de una estructura organizada criminal y cuando es cooptación para delinquir, eso es un caso de Trata de personas. Es otro fenómeno que se entrelaza con el narcotráfico, el lavado, la corrupción, todo eso hace a la explicación puntual del tipo de fenómeno que en realidad estamos analizando, y a eso me refiero con un entramado.
En ese entramado están los que principalmente se consideran actores como provenientes de las filas ilícitas, pero también hay actores privados, actores públicos que de una forma u otra participan en ese entramado y que también hay que analizar. Y remarco esto, analizar como actores. Yo diferencio mucho: una cosa son los actores, que son las personas que intervienen en una plaza haciendo lo correcto o haciendo lo incorrecto. Cuando ya vemos que eso incorrecto pasa la línea de lo penalmente permitido, entonces uno ve que se deja de ser un actor privado, público o criminal y se convierte en un autor parte del entramado. Y eso es lo que tenemos que analizar para poder hacer una investigación profunda y al mismo tiempo una prevención profunda, analizando todos los actores, porque de lo contrario vamos siempre a las bases, al que está ejecutando de propia mano, al que tiene en posesión un par de gramos o unos kilos, pero es nada más que el eslabón base dentro de una cadena que es mucho más jerarquizada y mucho más grande.
—El juez Barbirotto daba a conocer que ocho de cada diez personas que pasan por el Juzgado Penal de Niños, Niñas y Adolescentes no va a la escuela ¿Qué debería hacer el Estado para que ese chico vuelva al sistema educativo?
—Dentro de lo que siempre se habla como políticas integrales, uno tiene que ver que la persona que se termina vinculando o trabajando para o como sujeto pasivo del crimen organizado es porque tiene una ausencia de otra institución, y sobre todo si son personas vulnerables como niños, niñas y adolescentes. Entonces esa ausencia puede ser de la institución de la familia, de la institución escuela, de la institución Estado. Y salta a la vista que hay que trabajar entre ellos también la salud, el sistema de salud y trabajar para poder rescatarlos y darles una opción distinta. Siempre en nuestra región y en otras partes del mundo, cuando la persona es captada, es porque esa persona está buscando identidad. Normalmente, los que están en crecimiento, niños, niñas y adolescentes, están en búsqueda de una identidad, de la pertenencia a un grupo y también del acceso rápido e inmediato a ciertos bienes que no tienen. Entonces estas tres cosas son claves. Y a eso si le sumamos la falta de algún tipo de esperanza de futuro, un trabajo, una forma de poder superarse con un escalonado crecimiento, son todas ausencias frente al niño, niña y adolescente. Entonces, frente a todas estas ausencias, alguien le está dando otro tipo de resultados, otro tipo de productos, y ahí es donde entra el crimen organizado. Por eso la escuela es importante. Pero es fácil decirlo, es muy difícil ponerlo en práctica. Uno tiene que lograrlo a través de los incentivos ¿qué incentivo puede llegar a tener un menor al completar una primaria, si después no recibe la secundaria, si después no tiene plaza laboral, por ejemplo? ¿O qué incentivo puede tener si deja de consumir y dónde está el tejido social que lo va a absorber cuando deje de consumir? Porque su tejido social antes estaba permeado por un círculo que lo llevaba al consumo. Entonces todo eso es lo que uno tiene que ir trabajando de manera coordinada.
—Según su experiencia de trabajo internacional ¿Cuál es su opinión respecto de la coalición contra el narcoterrorismo que impulsa Estados Unidos y a la que se alineó Argentina recientemente y que involucra directamente a las fuerzas armadas?
—Yo considero que las coaliciones existían, hay estructuras que vienen trabajando desde hace mucho tiempo y algunos de los países, por ejemplo, Estados Unidos, dejó de pertenecer a esas coaliciones que ya estaban formadas y conjunta una nueva. Por supuesto que siempre es plausible que uno se agrupe, trate de tener un objetivo común, etcétera. Pero yo soy propensa a no perder los espacios que uno tiene donde participan todos los países. Y me refiero a organismos internacionales, las Naciones Unidas, la OEA, todo lo que ya está trabajando y que tiene una coordinación de años, de infraestructura ¿Funciona? Bueno, tiene muchas limitantes ahora. Algunos países han tomado la decisión de salirse y apostar a algo nuevo. Bueno, veremos qué resultados da eso.
Lo que me pregunto, y lo digo a nivel personal, es que cuando uno mira, por ejemplo, a Estados Unidos, con su política pone el foco de los problemas siempre en otro país. Entonces siempre hablamos de las bandas de crimen organizado que operan del lado del territorio mexicano, pero no las bandas de crimen organizado que están del otro lado, en el territorio estadounidense. Uno preguntaría ¿cuántos decomisos masivos de droga hay pasando la frontera en Estados Unidos? ¿Cuántas bandas criminales macro se han captado en territorio estadounidenses? ¿Cuántas bandas criminales macro se han captado respecto de la Trata de personas? La pregunta viene porque como todo esto es transfronterizo, y nosotros lo vemos porque yo he investigado y trabajado en temas de Trata, de migración, de lavado, etcétera, hay operadores de un lado de la frontera y de otro lado de la frontera, con tanta o igual participación. Es decir, si uno habla, por ejemplo, de los migrantes, cuando reciben la llamada de extorsión muchas veces proviene de gente que está en Estados Unidos.
Entonces yo lo que pongo sobre la mesa es siempre son buenas las coaliciones, los esfuerzos conjuntos, pero no abandonemos los espacios ya creados y en esos espacios es importante que todos estemos en una igualdad de condiciones y una igualdad de asunción de las responsabilidades de cada uno como Estado y como garante de esa política de seguridad pública. Por eso cuestiono esas esas medidas, sobre todo desde el punto de vista de Estados Unidos, que queda mucho por hacer en su terreno, porque las bandas son transfronterizas. Y a mí me sorprende siempre que no existan este tipo de operativos del otro lado. Pienso solamente en capturas de grandes volúmenes de droga, se dice que salen de México, por ejemplo, y pueden ser captados de un lado de la frontera o del otro lado de la frontera. Entonces eso da para pensar.
—La estrategia de involucrar a las Fuerzas Armadas frente al narcotráfico, como la Operación Roca que anunció el gobierno y movilizó tropas al norte argentino ¿Puede dar algún resultado?
—Yo creo que tenemos que mirar los países que la han implementado y cómo les ha ido. Yo siempre llamo a la experiencia del derecho comparado internacional porque uno aprende qué hacer y qué no hacer. Y ahí tenemos el caso de México, que desde hace muchos años militarizó la lucha contra el narcotráfico y eso ha llevado a resultados poco positivos, por no decir bastante negativos, en el sentido de que hubo campañas contra el crimen organizado, se sacó a los militares a la calle y lo que en principio podría ser un foco de poder, trajo muchas problemáticas del punto de vista de los derechos humanos. Porque el policía está para investigar y con ciertas técnicas de investigación y ciertas técnicas de abordaje frente al ciudadano y frente al problema. El militar tiene otras, el militar combate enemigos, tiene otra forma de investigar, otra forma de apersonarse y entonces es problemático ponerlo a cumplir una función para la cual no ha sido construido o instruido ¿Puede ser una medida puntual, que en un momento de excepción sea necesaria? El Estado lo tiene que evaluar. Lo que sí sabemos es que, por ejemplo, los países que lo han hecho ahora están hablando de la desmilitarización, la importancia de desmilitarizar por las grandes violaciones a derechos humanos, los abusos que se cometen y, en definitiva, lo que llevó es que una de las pocas instituciones que en México tenía confianza, que la gente le tenía mucho aprecio y tenía mucha credibilidad frente a la sociedad, hoy se lo ve de manera muy distinta, por todas estas cosas que han pasado, que no sé si son culpa de la institución, sino que la pusieron a hacer algo para lo cual no están creados ni formados. Entonces hay que tener mucho cuidado. Y también hay que tener mucho cuidado con la militarización, porque a nivel internacional todo ha caminado hacia otro lado. Los organismos internacionales han pasado de tener una visión puramente punitiva, puramente de guerra, de confronte, y han pasado a una visión que tiene que ver más con cómo protejo a la comunidad, cómo trabajo desde otra óptica, pero sobre todo previniendo. Y para poder prevenir tengo que conocer muy bien cómo son los patrones. Ese conocimiento no viene necesariamente desde la fuerza militar, es un conocimiento que es conjunto, que se tiene que armar desde el punto de vista estatal.
—Se habla mucho sobre la problemática de las cárceles, que no son un límite para las organizaciones, sobre todo de narcotráfico ¿En algún lugar del mundo se le encontró alguna solución?
—No hay soluciones mágicas. La verdad es que hay esfuerzos que han salido un poco mejor y hay que tener mucho cuidado qué es lo que miramos para comparar. En realidad, las condiciones de las cárceles son precarias en todos lados, salvo en algunos países del alto mundo. Pero si se dan cuenta, no llegan las personas imputadas a esos altos mundos, a las cárceles, sino que hay muchos acuerdos, entonces hay que ver qué comparamos. Si hablamos de las cárceles, hay medidas que funcionan, pero para eso se requiere, por ejemplo, cómo se evita que realicen llamadas, cómo se evita el ingreso de personas que podrían estar permitiendo el flujo de información y el manejo de grupos criminales desde adentro. O sea, hay herramientas para hacerlo, pero es completamente difícil. Lo que no tenemos que lograr es llegar a situaciones, por ejemplo, como las que está viviendo El Salvador, que se pone mucho de ejemplo, pero que cuando uno lo conoce a detalle desde adentro, yo he trabajado también en El Salvador y he visto lo que reportan, es muy distinto a lo que yo querría si un día a mi hijo, a mi sobrino, a mi hermano, lo detienen en la calle y quiero saber qué es lo que le pasó y por qué. Entran en una incomunicación constante, que no pueden hablar con la familia ni con el abogado y pasan meses sin que uno pueda tener contacto con esa persona. Entonces ¿queremos tener una cárcel así para dar resultados o cómo vamos a ir utilizando medidas un poco menos drásticas, pero que realmente son funcionales? Porque hay que pensar que el mundo no se divide entre buenos y malos. En las capturas de las personas a veces hay errores en los procedimientos. Entonces para eso están los derechos mínimos como para decir que cuando esté en la cárcel pueda tener un contacto con el familiar, un contacto con un abogado siquiera, y desde ese lugar hacer un sistema de detención.






