Postal de perversidad

Preveción

19 de noviembre Día Mundial de la Prevención contra el Abuso y Violencias a Niños y Niñas.

Por Hernán Rausch*
Especial para ANÁLISIS

En este año tan particular que nos viene sorprendiendo, tampoco deja de llamar la atención la recurrente actitud de las autoridades de la Iglesia frente a los casos de abusos que se vienen sucediendo. Digo sucediendo porque es muy probable que en estos momentos se sigan llevando a cabo macabros atropellos hacia la integridad sexual de niños y jóvenes, por la falta de urgentes modificaciones y acciones dentro de las Instituciones.

Un abuso no investigado correctamente, no sancionado como corresponde, cualquiera sea el espacio donde se lleve a cabo, sobre todo y me refiero dentro de la Iglesia, da lugar a la continuidad de la impunidad del acusado, habilita a más perversos y abusadores, reditúa y prosiguen, incurren en el tiempo y desde el lugar que sea, burlando y jugando con la familia de su víctima, aprovechando su excepción o privilegio como familiar, como amigo o desde su prestigioso lugar como sacerdote. En el caso como presbítero, liberado para complacerse y gozar del poder logrado debido a la protección de sus superiores, complementando, además, su extorsión psicológica hacia la víctima, descreída y amenazada, y de esa manera sostener esa idolatrada imagen dentro el entorno familiar.

Esto sucede por la falta de empatía de aquellos que comandan, inmunizando al perpetuador de los hechos y así cuidar la reputación de la organización. O sea, no sería posible sino por la complicidad y el silencio de otros, los superiores. Existen responsables que permitieron y dieron lugar a la posibilidad de continuar con sus maldades, a través de diferentes formas. Por ejemplo, el envío de postales, e incluso seguir visitando a las familias. Todo esto a causa de la falta de definiciones, decisiones para hacer justicia y poner en su lugar a los inapropiados, de aplicar asimismo normas y escarmientos dentro de esta multitudinaria comunidad.

De vez en cuando parece haber intenciones de querer dar tratamiento más efectivo a los casos de abusos en la Iglesia, darle prontitud en solucionar y desterrar a los autores de estos lamentables hechos. Estas intenciones no alcanzan, las palabras sobran, pero las acciones no llegan, debe haber reforma y así lograr generar leyes más justas y adecuadas. Esto también le va a implicar jugarse por la verdad, a sincerarse aún más con ellos mismos, delegar responsabilidades sobre personajes de altos rangos. Tendrían que priorizar y privilegiar más al desvalido, al herido y humillado, no al protegido, al degenerado, ocultándolos en majestuosos palacios o en otras comunidades, con el riesgo de exponer así, otras posibles víctimas. 

Cada uno es responsable de sus actos, asumirlo, de esa manera se logrará dar un giro, construir coherencia, transparencia, para lograr auténticos hombres de bien, también cristianos, convenciendo al rebaño, a la sociedad, con franqueza y decisión, aunque esto implique alguna destitución, cualquiera fuera su categoría, para así comenzar a volver al orden y recuperar más confianza, credibilidad, penosamente deteriorada, lo cuál con esta actitud de complicidad, lleva a muchos a un distanciamiento, para luego alejarse definitivamente. 

Lo que a mí me ha movido es la fe, yo defiendo la bandera del cristianismo, no banderas de conveniencia, como muchos han preferido en estos años, conveniencia de silencio, complicidad y comodidad. Se debe actuar como corresponde dentro de la Iglesia, como así también, fuera de ella, civilmente, colaborando, bajo la órbita de lo moral y lo ético.  

Muchos naufragan frente a las pasiones desenfrenadas y el fanatismo, son dos de los grandes pecados del mundo, las cuales llevan a enceguecer, extraviarse, desenfocar. No dejan ver siquiera los errores y consecuencias que dejan algunos que pertenecen a los mismos y propios espacios donde ellos militan, la religión, por ejemplo. Pasiones que van soportando todo, incluso que abusen de un integrante de su colectividad. Estas no permiten movilizarse, licuan malos actos, inhiben y no dejan reclamar hacia equivocadas y demoradas formas de actuar de los Jerarcas. Las pasiones hacen olvidar y minimizan graves hechos. Los que las practican ciegamente, acrecientan el dolor de aquellos que han atravesado y han sido presas de muchos de los integrantes de equipos y participantes esenciales en algunos institutos, los cuales fueron seleccionados para ejercer poder, administración y dominio hacia niños o personas vulnerables. 

Mi fe en Dios está firme: ¿Por qué entonces no poder cuestionarnos y cuestionar a la Iglesia, poder plantear el actuar mediocre y cobarde frente a tantos hechos de abuso, sobre todo en Argentina, el país del Papa?

Me viene una frase de una película, que creo resume un poco y sirve de sugerencia para las autoridades de la Iglesia:

“… a veces la verdad no es suficiente. A veces la gente se merece algo más. A veces la gente se merece una recompensa por tener fe”

Autoridades Eclesiásticas, no continúen utilizando, abusando y jugando con la fe y creencia de la gente, aprovechándose por el gran número de seguidores. No está bien.

En al día internacional de prevención contra el abuso sexual infantil, quiero alzar mi voz, y alzarla también en nombre de muchos que no pueden hablar, no pueden expresar, y sobreviven a tanta opresión y sienten miedo, culpa y dolor. 

NO al abuso sexual infantil.

NO a la prescripción de las causas.  NO deben prescribir.

NO seamos cómplice con el fanatismo, silencio e indiferencia. No participemos en postales de perversidad.

Con los chicos NO.

(*Hernán Rausch es sobreviviente de Abuso Sexual en la Niñez).

Deportes

Softbol

Bordet recibió a los campeones y ratificó el apoyo al Mundial Sub 23 de softbol que se realizará en Paraná.

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Unión Agrarios Cerrito y Litoral de María Grande empataron sin goles en la ida. Foto: Prensa CUAC.

Boxes

Promediando la carrera en El Villicum, el Torino de Londero dijo basta y el entrerriano debió abandonar la carrera.

Por Luis María Serroels (*)
(Imagen: Alfredo Sábat-La Nación)

(Imagen: Alfredo Sábat-La Nación)