Reseña y desafíos de una semana inesperada

Por Mario Wainfeld (*)

 

La reseña semanal comienza cronológicamente y en orden de importancia por el veredicto electoral del domingo pasado. Un duro rechazo al oficialismo difícil de revertir en noviembre.

El Gobierno tenía que comprender el mensaje popular, relanzar su gestión y su campaña, arbitrar medidas. El presidente Alberto Fernández y la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner conversaron el martes y acordaron que debían producirse urgentes cambios en el Gabinete.

A partir del miércoles se sucedieron una serie de movidas a plena luz, dejando demasiado expuesta una discusión interna que (opinamos) debía sustanciarse puertas adentro. Las polémicas escalaron hasta que llegó el viernes por la noche el nombramiento de nuevas autoridades que jurarán mañana.

Los ministros entrantes tienen experiencia, peso específico propio. Todos los funcionarios participaron del Ejecutivo durante la presidencia de Cristina, casi todos como ministros.

Fue reemplazado un solo ministro del sector kirchnerista que hizo público su ofrecimiento de renuncias, Roberto Salvarezza. Todos los demás que dejan sus cargos habían ofrecido sus dimisiones al Presidente sin darle visibilidad mediática.

Transcurrió una semana de las contadas que restan para las elecciones. La oposición acentuó el perfil bajo que ya había elegido dejando el centro de la escena a las controversias en el oficialismo.

Desde mañana, con equipo remozado, el Gobierno deberá remontar muchas cuestas. La fundamental es tomar decisiones que tracen un futuro más vivible para los argentinos. Adoptar medidas económicas que distingan el segundo bienio de Alberto del actual y de la desoladora herencia que legó el expresidente Mauricio Macri.

Se despliega a continuación esta síntesis inicial, puntualizando que cada uno de los párrafos siguientes merece un tratamiento más extenso. En parte, se abordará en notas ulteriores. En parte se han venido marcando en esta columna, semanas o meses atrás. En parte integran de un sentido común expandido entre quienes comparten el proyecto del oficialismo.

 

Primeras lecturas sobre las PASO

 

El resultado sorprendió por las diferencias de votos, por la cantidad de provincias y ciudades en las que venció Juntos por el Cambio (JpC), por las proyecciones que tendría la diferencia en las dos Cámaras del Congreso si se repitiera o ampliara.

La coalición opositora retuvo votos fidelizados mientras el oficialismo perdió apoyos en toda la geografía nacional. A menudo se observan niveles diferentes de presentismo. Más elevados que la media en distritos propicios para JpC. Menores al promedio en territorios usualmente favorables al Frente de Todos (FDT).

El mapa tendiente al monocolor amarillo expresa un castigo. Las interpretaciones coinciden: su principal motivo conjuga la situación económica, la inflación, el empleo, las complicaciones para llegar a fin de mes. Los argentinos saben ser rotundos cuando votan… por eso participan tanto.

Se repitió la lógica habitual. La gente común decide mirando “su metro cuadrado”: si se para la olla, el laburo, la educación, el barrio. La supuesta pasividad o indefinición se trasmutó en bronca; ya aconteció en otras oportunidades.

El sufrimiento social de la pandemia causó resultados funestos para los oficialismos en la mayoría de los países del continente. En la Argentina mediaron factores locales que agravaron el rechazo a la situación económica. Uno de ellos fue la política educativa nacional, la excesiva prolongación de la enseñanza a distancia en 2020, el modo en que encaró el Gobierno la discusión y la demanda por la presencialidad. La asistencia a la escuela ordena la vida familiar, contiene a los chicos, deja margen para que madres y padres puedan laburar o salir o desenchufarse un rato. El Gobierno le dejó a la oposición una bandera que calaba hondo en la gente de a pie. El relato y en alta dosis la praxis educativa nacional se confinó en evitar contagios, una finalidad irrenunciable y a la vez insuficiente. El ministro saliente Nicolás Trotta careció de iniciativas visibles respecto de las deserciones, de propuestas para el año que viene. Para colmo en un par de ocasiones, cuando arrimó el bochín a las expectativas de las familias, el presidente desautorizó sus anuncios.

Otro aspecto no cuantificable, subestimado por el gobierno, fue la revelación del cumpleaños de la primera dama Fabiola Yáñez en Olivos. Una conducta reprobable, disímil a la predicada y a la legislada, a la que observaron y padecieron millones de compatriotas. Faltó sensibilidad cuando se hizo y cuando se pensó que la ofensa se reparaba con una seguidilla de disculpas.

Los pronunciamientos colectivos responden a un conjunto de motivos. El mono causalismo es la pereza de los simplistas. Las causas económicas son racionales: aluden a derechos y necesidades. La emocionalidad gravita también aunque es más ardua para medir… tal vez hasta de notar por quien responde a una encuesta. Sobreimpresa a las urgencias del bolsillo, agravó el cuadro.

 

Cuentas posibles

 

La relación del binomio Alberto-Cristina es novedosa, única en la historia, complicada para implementar. Valió para llegar a la Casa Rosada, tiene que seguir vigente para conservar unidad del FdT. Una tarea iniciática del nuevo equipo de gobierno es restañar heridas que quedan cuando se han cruzado acusaciones e invectivas.

Los ministros entrantes cuentan con mucho rodaje, conocen las carteras que asumirán. Al desafío de gestionar, para el que capacitan cómodos, se les añade el de reconstruir un clima de convivencia. La labor común ayuda, pero no alcanza.

Las traducciones sobre “quién ganó” entre el presidente y la vice se instalan en quinchos, tertulias amicales, medios. El volumen político y la trayectoria de los nuevos ministros desautoriza a que se los encasille como meros agentes de Cristina.

Cierto es que la vicepresidenta marcó los tiempos y logró que se desplazara al Jefe de Gabinete Santiago Cafiero, enrocado a Cancillería quizá como compensación para el desaire.

El exsecretario de Comunicación Juan Pablo Biondi fue denunciado en la carta de CFK por promover operaciones. Entre ellas haber difundido falsamente que el presidente había aceptado la renuncia del ministro del Interior Eduardo de Pedro. Colegas confiables al mango, incluyendo periodistas de este diario, confirman que la versión fue divulgada por Biondi. La secretaria Legal y Técnica Vilma Ibarra la desmintió rápidamente cuando había circulado como reguero de pólvora. Ese hecho, el texto auto elegíaco de su renuncia y el modo arrogante con que se despidió de los periodistas en la Casa de Gobierno redondearon una deplorable salida del entorno presidencial.

 

Escuchar, mirar y ver mejor

 

No se relevó a ninguna figura del gabinete económico ni del Ministerio de Trabajo. Llama la atención porque, como sintetiza bien el intelectual rosarino Juan Giani, las principales fallas del Gobierno son “una política antinflacionaria ineficaz y una política de ingresos timorata. Hasta aquí los salarios no le están ganando a la inflación”. Expandir el gasto se transforma en prioridad. A la vez, pensamos, es imperioso releer la estructura social y laboral argentina y diseñar políticas públicas nuevas, perdurables.

La reactivación de la industria es virtuosa, genera trabajo… bienvenida sea, a condición de entender que atañe a una franja de la clase trabajadora. Otra prefiere trabajar la tierra, producir y vender lo que hace, sin patrones … claro que ganando lo necesario para vivir con dignidad. Habría que averiguar cuantos millenials querrían “trabajo decente” para el resto de sus vidas entendiendo por tal al realizado en relación de dependencia. En una de esas no son tantos.

Los modos de trabajar y las expectativas de los laburantes no encajan con el modelo que empezó a agotarse en la década del 70, aunque tuvo una breve resurrección durante los mandatos de Néstor Kirchner y Cristina.

Los gobiernos kirchneristas dejaron un amplio piso de protección social, el más amplio de la historia, que ya no basta. Porque la pirámide social se viene reconfigurando desde hace décadas, tanto como las costumbres, porque los niveles de ingresos son bajos.

Una comparación osada: la crisis sanitaria terminó de comprobar cuan intrincado y costoso es el sistema de Salud. Las políticas sociales existentes, sugerimos a simple vista, adolecen de un problema similar salvando las distancias. Abundan, se superponen, se entrecruzan programas parecidos a niveles nacional, provinciales y municipales. No se trata, intuye uno, de abolirlos sino de rediseñarlos, acumularlos, reasignando recursos, manteniendo y potenciando beneficios. Inventando nuevas instituciones sociales porque las crisis son a la vez un problema y una oportunidad.

Puesto con respeto, hay demasiados funcionarios que confían en algo así como el crecimiento y el derrame del derruido sistema económico actual. Cambiarlo cualitativamente es otro desafío. Bajado a tierra, en el aquí y ahora: las iniciativas de pensar un ingreso universal deberían ser ítem principal de las agendas oficiales. Salto de calidad difícil, costoso… quizás imprescindible.

 

Respeto y diferenciación

 

El respeto al voto popular no obliga a alinearse con el contingente ganador, renunciar a la ideología ejercitando un oportunismo estadístico. El rotundo mensaje del cuarto oscuro abre un escenario poco deseable. Se insinúa la resurrección de la coalición opositora cuyo proyecto de país es inviable y elitista. Demasiado pronto se la reválida, sin que sus dirigentes hayan aprendido algo, ejercido mínimas autocríticas.

Un Congreso muy dividido, sin primera minoría oficialista ante una oposición salvaje podría inducir a un cuadro de ingobernabilidad. O, así más no fuera, de atonía institucional.

Además de esos peligros, este cronista cree que el Gobierno merecía una oportunidad para reparar errores e insistir en sus aciertos, que los tuvo. En ampliación de derechos y también en materia económica social. El panorama económico de David Cufré publicado ayer en este diario enumera en detalle esas realizaciones, a él remitimos.

El pueblo soberano votó, cambió el escenario. Al oficialismo le cabe intentar reducir la distancia en votos y bancas con un trabajo territorial intenso, estudiado y militante.

Al Gobierno le cabe hacerse entender mejor en campaña, acercarse más a la gente, escuchar. Y demostrar en un lapso corto que comprendió, que reencauza el rumbo, que hay voluntad e inteligencia para alumbrar nuevas políticas, consistentes con los reclamos ciudadanos y con el contrato social propuesto por Alberto Fernández, plebiscitado por este mismo padrón hace menos de dos años.

 

(*) Esta columna de Opinión de Mario Wainfeld fue publicada originalmente en el diario Página/12.

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