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La política de la sorpresa

Por Oliva Taleb (*)

Soy una mujer grande, y agradezco cada día,  sorprenderme. Significa que no todo está escrito y que siempre habrá alguien que muestre un camino diferente.

La sorpresa estos días vino de la mano de la política, y de nuestras propias manos. Las mismas que no terminaban de conocer y reconocer nombres en listas eternas, algunas desconocidas, a pesar de los minutos que la justicia electoral le concedía a cada candidato para presentarse e invitando a ser acompañado. La mayoría de ellos no se apartó de ejes comunes, garantizar, salud, educación, seguridad, justicia. La mayoría de ellos, omitió decir cómo. Vale recordar que también la gran mayoría, lleva años en el mundo de la política, sin aprobar más allá del ciclo básico común, y obviamente sin dar creíbles explicaciones sobre sus intentos, fracasos y responsabilidades.

Encontrarse en el “cuarto oscuro”, solo y sin la presión de ser observado, lleva a descubrir, por ejemplo, los nombres de los que nunca aparecen en los spots, hermano/a, cónyuge, hijos, sobrinos, vecinos desconocidos. La gran mayoría presentada como “la renovación de cuadros políticos, felizmente incorporados”. Estoy sola allí dentro y puedo reírme socarronamente, oír en mis entrañas, ¿a quién quieren engañar estos? Volver haciéndome esa pregunta que me acompaña cuando la decepción me alcanza…. “¿era necesario?” …

Digo la sorpresa, la trajo alguien que desprecia la política, y su decisión de incursionar en ella resta saber si ha decidido embarrarse los pies, o sobrevolará sobre la ciudadanía toda, para “enseñarle” el profundo sentido que la palabra tiene.

Primero fue para muchos, el personaje. Luego, él. Hoy es, el hombre que tiene el tercio mayor del electorado. Un político que en su apellido detenta “SU LEY” … No cualquiera hace honor a su identidad gritando a los cuatro vientos lo que piensa de los científicos, del aborto, ¡de los derechos que en este siglo XXI! la sociedad ha logrado acceder. Es el mismo que considera que la dolarización es un salvavidas para nuestra economía sin siquiera ruborizarse o pedir disculpas por bastardear, también él, nuestra moneda. El mismo que sostiene que la educación no debe ser gratuita, que las inversiones hay que realizarlas en las universidades privadas y que el sistema de becas es un gasto inútil. Tampoco la salud, y sin ambages considera que la venta de órganos es la solución para quienes están en lista de espera. Es él quien también propicia la tenencia de armas para defenderse de los delincuentes. Ideas varias que no se han visto plasmadas en su labor parlamentaria. Es diputado de la Nación, y no se conoce haber presentado, uno o más, proyectos de ley, que honren su función y diferenciarse claramente, de la casta política que, a diario condena, la misma que le ha dado letra para que hoy ya no sea “el personaje” sino el hombre que preocupa a propios y extraños. O sea, nativos y extranjeros, ¿está claro?... Esos a quienes el Dr. Raúl Alfonsín invitara a habitar el suelo argentino, recordando hasta erizarnos la piel, el preámbulo de nuestra Constitución Nacional.

La sorpresa es que este candidato a presidente, cuenta, según trascendidos periodísticos y encuestadores con una gran aceptación de los jóvenes. Y acá es donde la sorpresa se transforma en incredulidad. ¿Los jóvenes?... Sí. Los jóvenes que no toleran los límites, que se rebelan contra los límites de sus padres, de sus afectos, de las instituciones, son los que acompañaron con su voto esta propuesta. ¿Prefieren los límites de un extraño, aunque sea del estado, a los de su entorno? ¿Por qué, es que el descreimiento alcanza hasta a vuestros padres, o tan sólo porque los consideran rigurosos, pasados de moda, o extralimitados?  ¿creen de verdad que este país encontrará su sentido, con “mano dura”?… Repasen la historia. O, mejor dicho, estudien la historia. En la escuela laica y gratuita, o en la privada, en cualquiera sea, comprenderán adonde conduce la mano dura, que no lleva en su mano la ley.  No “mi ley”. Tampoco “su ley”. Sino la ley que consagra derechos y obligaciones para todos los habitantes de este país.

No nos merecemos este tipo de sorpresa. Aunque lo votaran, por hartazgo, por decepción, por incompetencia. Aunque haya críticas valederas, no se negocian convicciones, ni se rematan valores. El autoritarismo, aunque emerja, aunque se crea validado por el voto popular, jamás podrá convivir con la democracia. El autoritarismo la ¡NIEGA!. Nunca es tarde, repito, soy una mujer grande, que sigue aprendiendo el valor que la democracia tiene, para los pueblos. No olvidemos, jamás olvidemos, que el autor, del libro Mein Kampf, comenzó siendo un militante político para terminar su vida como el abanderado universal de los genocidas. Un ser “superior” que no dudó con arrasar los derechos de trabajadores, niños, mujeres, ancianos. No sólo arrasó con sus derechos. Arrasó con sus vidas. Una herida que jamás dejará de sangrar en la humanidad toda.

(*) Especial para ANALISIS

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