Balances y desbalances de la nueva Argentina basada

Por Alejandro Bercovich (*)

Como esos boxeadores que reaccionan cuando les están por cantar nocaut, Javier Milei logró remontar la peor crisis política de su gestión con cuatro victorias que le devolvieron la iniciativa y convirtieron a la que se fue una de sus mejores semanas como presidente: la inflación de mayo abajo del 5%, la media sanción en el Senado de la Ley Bases, la prórroga por un año del swap con China y la venia del FMI a la octava revisión trimestral del programa que firmó Martín Guzmán para refinanciar el megapréstamo de 2018 a Mauricio Macri. Si el blue no hubiera vuelto a saltar a cerca de $1.300 el viernes a última hora, habría sido el fin de semana soñado para celebrar sus primeros seis meses en el poder. 

Cada uno de esos hitos tuvo sus costos, pero el nubarrón en el que lo habían metido la razzia interna que eyectó a Nicolás Posse y el escándalo de la comida en Capital Humano se disipó en pocas horas. Ni siquiera la brutal represión y la cacería de manifestantes frente al Congreso ―que el PRO avaló como si Patricia Bullrich siguiera al frente del partido― volvió a ensombrecer el horizonte. Sobre la campana y con un agónico desempate, minutos antes de despegar hacia Europa, Milei consiguió reafirmar lo más importante para los mercados: que la situación no se le fue de control.  

Lo que sigue corriendo es el tiempo. Agotada la luna de miel, transcurrida ya una octava parte de su mandato, el Presidente necesita mostrar que la baja de la inflación se sostiene y que no fue a costa de una masacre en términos de actividad, como denuncian el peronismo y los sindicatos. Ahora que salió la ley, se quedó sin “ratas” a las que culpar por la depresión económica que generó su shock devaluatorio inicial. 

‘Toto’ Caputo tomó nota y avisó que “se terminó la era de la tasa real negativa”. Fue un mensaje al FMI, que criticó la política monetaria del primer semestre para licuar los ahorros en plazo fijo y migrar la deuda del Banco Central al Tesoro. Sin esa garantía no iba a aprobar el desembolso de U$S800 millones. Pero también es una forma de plantar en el mundo de los negocios la idea de una vuelta de página, un parteaguas hacia un segundo semestre que ya empieza a formar parte de la mitología urbana de la derecha criolla. 

El problema es que las tasas de interés positivas, el dólar clavado y el atraso de los salarios tras el cimbronazo del verano son un combo imposible para el mercado interno y las Pymes, donde se genera el 80% del empleo. Y a eso se sumarán los efectos de la ley, que todavía no se sabe si saldrá con los cambios del Senado o como la aprobó Diputados. 

¿Cuál será su costo fiscal definitivo? ¿Hasta dónde hará falta una segunda ronda de ajuste del gasto para compensar los impuestos que dejarán de pagar los sectores más acomodados? ¿Atraerá realmente nuevas inversiones gracias a las generosas concesiones del RIGI, que exceden en mucho lo tributario? Son preguntas clave que no fueron respondidas en el recinto. ¿Y si los incentivos del régimen son aprovechados por las compañías que igual iban a invertir y ni siquiera se produce un aumento neto del empleo ni la producción?

Un informe de la consultora Aleph Energy arroja una pista sobre esto último. Muestra que el año pasado, las inversiones de las petroleras en upstream (exploración y producción hidrocarburífera) totalizaron U$S11.800 millones. YPF figura en la punta, lejos, con casi la mitad del total. Para este año hay previstos desembolsos por casi el mismo monto (U$S11.400 millones). Aleph estima que YPF invertirá U$S4.406 millones, Panamerican Energy (de los Bulgheroni) 1.600 millones, Vista (de Miguel Galuccio) 945 millones, Pluspetrol 881 millones, la francesa Total 580 millones, Tecpetrol (de Paolo Rocca) 523 millones, Shell 491, CGC (de los Eurnekian) 366 millones, Chevron 319 millones y Pampa (de Mindlin) 239 millones. Todas ellas podrían acogerse al RIGI, que exige invertir un piso de US$200 millones en los sectores seleccionados. Si la carga impositiva se reduce 10 puntos, como estiman conservadoramente en el oficialismo, el fisco habrá resignado más de mil millones de dólares a cambio de nada. Los desembolsos iban a ocurrir de todos modos. 

De ahí para arriba, el cielo es el límite. Y eso sin contar los beneficios que también representan para el gran capital el generoso blanqueo incluido en el paquete fiscal ni los eventuales negocios que surjan de las privatizaciones. 

Transferencias

Será la segunda gran transferencia de esta gestión de los sectores de menores ingresos a los más acaudalados. La primera fue la que generó la devaluación de diciembre, que empujó a cinco millones de personas debajo de la línea de pobreza y cuyos beneficiarios empiezan a aparecer en los balances trimestrales públicos presentados ante la Comisión Nacional de Valores (CNV). Lo mismo que hacía el régimen de alta inflación de los últimos años pero mucho más rápido. 

Telecom-Clarín, por caso, sextuplicó sus ganancias en términos reales en el primer trimestre respecto del mismo período de 2023. Le sirvió el decreto 302/24 de Milei, que anuló el de 2020 que declaraba “servicios públicos esenciales” y regulaba los precios de internet, la telefonía y la TV paga. Las alimenticias Arcor (Pagani) y Molinos Río de la Plata (Perez Companc) aumentaron 168% y 214% sus resultados netos respectivamente, siempre descontados los efectos de la inflación. En el mundo de la energía descollaron todas las distribuidoras eléctricas, Tecpetrol (mejoró 629% su resultado en términos reales) y Pampa (114%, a más del doble). También brilla el balance de Aeropuertos Argentina 2000, del antiguo jefe del Presidente: su resultado creció un 401% real. 

El economista Claudio Lozano publicó esta semana un informe sobre por qué esos balances resultaron tan abultados. En el caso de las alimenticias, argumenta que “la derogación del programa ‘Precios Cuidados’ permitió a los grandes operadores captar amplios márgenes de rentabilidad por vía de la fijación oligopólica de precios de los alimentos de la canasta básica familiar”. A los petroleros los benefició la devaluación y “la liberación del precio local del barril de crudo para alinearlo con la cotización internacional”. A los laboratorios “el abrupto incremento en el precio de los medicamentos, muy por encima del nivel general de precios de la economía”. En todos los casos las ventas se desplomaron porque los sueldos no lograron seguirles el tranco. Pero las ganancias vuelan porque los márgenes más que compensan esa caída. 

Los bancos también vieron trepar sus beneficios exponencialmente. El Galicia (Escasany, Ayerza y Braun) los cuadruplicó, de 58 mil a 244 mil millones de pesos de marzo de 2024. El Macro (Brito y Carballo) los quintuplicó y el Santander los triplicó. Según Marco Kofman, economista del Mirador de la Actualidad del Trabajo y la Economía (MATE) rosarino, es porque a los bancos se les abarató fondearse. “Están pagando mucho menos por la plata que pueden usar para comprar bonos del tesoro y/o pases del Banco Central que, si bien rinden menos que antes, son más ‘baratos’ por esa misma razón”.

Dragones y galeras 

La inflación promete volver a trepar en junio. Así lo sugiere la suba de los alimentos de la última semana, del 1,5%, que midió la consultora LCG después de varias semanas casi en cero por el desplome de las ventas.

Dependerá mucho de lo que pase con el dólar, para el que hay buenas y malas noticias. La buena es que el comunismo chino le salvó la vida a Milei y pateó un año para adelante el pago de los U$S4.900 millones que Argentina usó del swap habilitado el año pasado. La mala es que los productores siguen sin liquidar sus granos, a la espera de una nueva devaluación. Al 5 de junio llevan vendido ‘con precio’ apenas el 17% de la cosecha. A la misma altura del año pasado, en plena sequía y con la perspectiva de un viraje a su favor de las reglas del juego, ya habían vendido el 21%. 

Entre los chinos, Milei genera una mezcla de fascinación y perplejidad parecida a las que despierta en Estados Unidos y Europa. Lo consideran una suerte de espasmo en la historia de un país joven que todavía no se puso de acuerdo sobre el tamaño óptimo de su sector público. “A nosotros también nos pasa. Hemos tenido en las últimas décadas momentos de ajuste y momentos de expansión del Estado”, explicó a elDiarioAR una fuente diplomática oriental. No le dan mucha importancia a la hostilidad de su discurso, del que se ríe una burocracia ultrapragmática que considera a la Guerra Fría cosa del pasado. Lo que no causa ninguna gracia son sus guiños a la isla de Taiwán. De eso quieren hablar personalmente. 

Como cliente, en todo caso, China ya empezó a tomar distancia. En lo que va del año cayó del segundo al cuarto lugar como destino de las exportaciones argentinas. Lo superaron Chile y Estados Unidos. Sigue primero Brasil, también impugnado por “comunista” por Milei, quien sin embargo le agradeció calurosamente al gobierno de Luiz Inácio Lula Da Silva el mes pasado, cuando liberó el barco de gas que permitió reactivar las estaciones de GNC. 

Son prejuicios fuera de moda en otras latitudes, aun en pleno avance de la ultraderecha. Los CEOs más poderosos de Estados Unidos, por caso, no dudaron en reunirse este jueves con Donald Trump bajo el paraguas de la Business Roundtable, que en 2021 le reclamaba “poner fin al caos y facilitar la transición pacífica del poder”. Estuvieron Tim Cook de Apple, Mary Barra de General Motors y Jamie Dimon de JP Morgan, entre otros. El diario The Guardian lo anunció así: “Peligroso para la democracia, bueno para las ganancias ¿Están las grandes empresas dispuestas a volver a amar a Trump?”.

El triunfo del conservador estadounidense es la gran apuesta geopolítica de Milei, que aguarda ansioso el supermartes 5 de noviembre. Ahora que tiene ley llega “basado”, dicen los libertarios en las redes. La solidez de esos cimientos la probará la próxima tormenta que sople. 

(*) Periodista, publicado en elDiarioAR

 

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